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Un poco de historia

Dos mil años de miedo y un antídoto sanador


Del “Tratado sobre la triaca”, un manuscrito árabe del siglo XIII, seis hierbas para hacer el remedio. En esa época, la medicina árabe era más avanzada que la europea

Miedo a la enfermedad. Miedo a morir. No hay nada como ese terror para dejar a un lado la racionalidad y dejarse llevar por la esperanza de la curación y el retraso de la muerte. Esto ha hecho que algunos se aprovechen de ello para conseguir que nos entreguemos a los brebajes más absurdos con tal de evitar lo inevitable.

Necesitamos mantener esa falsa sensación de seguridad al tomar algo que nos sane cualquier tipo de enfermedad. Así ha conseguido mantenerse entre nosotros desde el año 120 a.C. hasta bien avanzado el siglo XX el preparado polifármaco que comenzó siendo un antídoto y terminó siendo una panacea.

Mitrídates VI, conocido como Mitrídates el Grande, rey de Ponto, se enteró siendo niño de que su madre había envenenado a su padre para conseguir mantenerse como regente hasta que Mitrídates tuviera edad suficiente para comenzar a gobernar. Desde entonces no pudo quitarse de la cabeza el pánico a ser envenenado, como había ocurrido con su padre. Así que comenzó a ingerir pequeñas dosis de veneno con el objetivo de hacerse resistente a ellos además de investigar antídotos que probaría con delincuentes convictos. Creó un brebaje compuesto por varias sustancias (opio, venenos, carne de lagarto…) al que llamó mitridato (mithridatium) convencido de su protección frente a todos los venenos conocidos.

Mitrídates VI luchó y venció a dos grandes generales de la República Romana, pero apareció Pompeyo y consiguió apresarle. Mitrídates prefería morir que someterse a Roma. Tenía preparada en su espada una dosis de veneno que suministró a su mujer e hijas. Evidentemente las pobres murieron. Él la tomó también, pero no murió. Tuvo que pedirle a un soldado de su confianza que lo matara con su espada. No sabemos si fue porque no ingirió la dosis suficiente de veneno, pero gracias a esta “no muerte” su preparado llegó a ser eterno. Pompeyo se enteró de lo que había pasado y no podía dejar escapar la fórmula que consiguió que Mitrídates sobreviviera al veneno, así que se hizo con ella y la entregó a los médicos romanos.

Estaban emocionados, tenían la solución a todos los envenenamientos. Pero no se crean, que ya en la época de los romanos existían los escépticos y Plinio el Viejo (científico, escritor y militar) escribió:

“El mitridato está compuesto de cincuenta y cuatro ingredientes, sin que dos de ellos tengan el mismo peso, mientras alguno es prescrito en la sesenteava parte de un denario. ¿Cuál de los dioses en verdad, marcó estas proporciones absurdas? Es simplemente una ostentosa muestra de arte y una fanfarronería de la ciencia”

Toma ya. Ahí lo deja. Pero como no nos gusta hacer caso a quien no dice lo que queremos oír (y más de dos mil años después seguimos igual), Andrómaco el Viejo (sí, todos los médicos son viejos) médico de Nerón (con esto ya lo digo todo) que seguía el principio de “lo semejante cura a lo semejante” se hizo el interesante más de un siglo después modificando alguno de los ingredientes de aquel brebaje: subió la proporción de opiáceos y cambió carne de lagarto por carne de víbora. Ahora sí que proporcionaría una fuerza imparable. Con esa variación, y como en aquella época no había derechos de autor, cambió el nombre a Theriaca Andromachi. Ahora su fórmula pasa de 54 a 65 ingredientes y llevaba una preparación de 40 días.

Y así se fue utilizando y modificando dependiendo del lugar hasta que llegó a Galeno, que no podía perder la oportunidad de imprimir su huella sobre esta maravilla. El término pasó a ser “Triaca” relacionado con la palabra griega “contraveneno”. Amplió la fórmula hasta 70 ingredientes y añadiendo que debía estar “macerando” 12 meses antes de su utilización, que ni los mejores vinos de crianza, vaya. Entre sus ingredientes principales estaba la carne de víbora (pero ya no de cualquier víbora, sino de las hembras no preñadas de las que se desechaba cabeza y cola. Las más apreciadas eran Colli euganci, llevadas a su extinción por su caza masiva), opio, arcilla y muchos más, todos llevados a estado de polvo utilizando la miel como vehículo para los principios activos, denominándose a estas mezclas disueltas en miel como electuario. Esta fórmula es la que figura en casi todas las farmacopeas.

Entre todas las sustancias, en ocasiones más de 70 (aunque dependiendo de quién la elaborara podía pasar de 4 a 100) se encontraban desde sustancias activas hasta otras del todo ineficaces. Algunas de ellas bastante extrañas y difíciles de conseguir: iris de Florencia, acoro aromático, madera de aloe, rosa roja, azafrán, zumo de regaliz, mirra (¿en serio? ¿Mirra?). Todas ellas (y muchas más) eran desecadas, trituradas, disueltas en vino, o incluso trementina y mucha miel.

Habíamos pasado de un antídoto para venenos a una panacea universal que servía absolutamente para todo (o para nada). Llamaba la atención los pocos detractores que tenía y los que lo hacían eran ninguneados, como Teodosio que en 1553 publicó una carta donde comentaba su falta de eficacia. Pero claro, era luchar entre Galeno y Teodosio, ¿alguien conocía a Teodosio? No le hicieron ni caso.

Algún médico como Horace Guarguanti, no apuntaba sólo a que curaba todo tipo de enfermedades sino que “hace que la vida sea más apacible y rejuvenece”. Seguro que el opio no tenía nada que ver con esto.

Estamos ya en la época del Renacimiento donde era un “fármaco” elaborado por doquier. Destacó Venecia, la ciudad de producción de la triaca más valorada lo que les proporcionó unos ingresos importantes, casi todos debidos a la exportación. Era un verdadero ritual donde los especieros más famosos la elaboraban públicamente.

Una farmacia italiana del siglo XIV en la que una farmacéutica dispensa triaca, en ese entonces hecha con 100 ingredientes.

En España se realizaba en la plaza de Sant Jaume en Barcelona y en Madrid sólo el colegio de farmacéuticos tenía el privilegio de su elaboración. En ocasiones llegaba a ser un teatro esperpéntico, demostrando la superioridad del galenismo sobre los seguidores de Paracelso (totalmente opuesto a estos exhibicionismos de médicos y farmacéuticos).

La preparaban los propios colegiados exponiéndolo al público como demostración de su importancia. En una de las ediciones de la Farmacopea Española fue considerada como tónica, antiespasmódica, calmante… empleada a dosis de entre 2 y 4 gramos. En 1920, por desuso, dejó de prepararse pero ya había calado su huella durante 2000 años en diferentes épocas y culturas.

Llegó a decirse que sólo servía para beneficio y ostentación de comerciantes de drogas, no para aliviar a los enfermos ni curar ningún tipo de dolencia. Los que la defendían, achacaban su falta de eficacia a una mala preparación o ingredientes incorrectos. La presencia en la literatura de estos brebajes sanadores relatando sus amplios poderes curativos conseguía dar difusión a una mentira a través del medio más sencillo de llegar a la población. Además, su alto coste rodeaba de prestigio a la preparación siendo accesible únicamente a quien disponía de bienes y llevaba a la ruina al que entregaba todo lo que tenía por obtener una dosis ineficazmente sanadora.

Lamentablemente esto suena a temas bastante actuales.

2000 años de brebaje engañoso deben hacernos aprender que no podemos fiarnos de quien nos promete la curación absoluta de la enfermedad si seguimos sus extrañas indicaciones, que la excusa de “lleva miles de años utilizándose” no es ninguna demostración de eficacia. 2000 años de miedo justificaron mirar hacia otro lado. Ya no.

Si dejamos de dudar, de investigar, de buscar la evidencia, seguiremos dando pábulo a charlatanes que se aprovechan de “lo que se oye por ahí” para intentar embaucarnos con sus inútiles “triacas”.

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La fascinante historia de “Miss inhundible”, la argentina que sobrevivió al naufragio del Titanic, del Britannic y al choque del Olympic



El Manuscrito Voynich, el enigmático libro que nadie puede leer, sale a la venta


BBC Mundo – La Universidad de Yale almacena en una bóveda uno de los máximos enigmas del conocimiento humano: el Manuscrito Voynich.

Se trata de un libro medieval anónimo que desde su redescubrimiento en 1912 tiene desconcertado a lingüistas y criptógrafos de todo el mundo. De hecho, ha generado su propia categoría de estudiosos y fanáticos, llamados voynicologistas.

Escrito en el siglo XV en un idioma o código que nadie ha podido descifrar y acompañado con ilustraciones de plantas raras o inexistentes, símbolos astrológicos, criaturas con formas de medusas y mujeres desnudas, el Manuscrito Voynich es un libro tan frágil como requerido.

“Acoso” y “suplicio” son las palabras que usa el editor Juan José García Gil para describirle a BBC Mundo la situación de la Universidad de Yale, que ha tenido que establecer un acceso restringido al códice.

García Gil entendía por qué para los estudiosos del Manuscrito Voynich no era suficiente acceder al libro completo en línea en alta calidad y gratis. Como director de la editorial española Siloé, desde hace casi 20 años que se dedica al negocio de reproducir libros antiguos raros y sabe lo que genera tener una copia realista en las manos.

Tras años de contacto, la pequeña editorial independiente consiguió los preciados derechos del misterioso códice tras poner sobre la mesa de la Universidad de Yale dos libros históricos y sus respectivas réplicas.

Pero ese es apenas el comienzo.

Entre industrial y artesanal

Los 898 ejemplares del Manuscrito Voynich, que Siloé lanzará a la venta a un precio aproximado de US$8.000 cada uno, llevarán en total un año y medio de creación, plazo en el que esperan lanzarlo a la venta.

La palabra “creación” parece más apropiada que “edición” dada la cantidad de procesos que debe pasar cada libro luego de la impresión, desde el envejecimiento hasta el cosido de las páginas.

“Es una combinación de proceso industriales y artesanales”, dice García Gil, que afirma que ya tiene unos 300 prevendidos y que su precio es “asequible”.

El libro de 240 páginas imitará todas las marcas del paso del tiempo que el códice original acumuló en estos seis siglos de vida.

 

 

Lo que se sabe del códice

Con su mundo onírico indescifrable, el Manuscrito Voynich ha obsesionado a un sinnúmero de expertos, generando teorías complementarias y contradictorias sobre sus orígenes y posibles significados.

Ni siquiera hay consenso de si contiene información significativa para la humanidad o es sólo un engaño muy elaborado.

En 2004, Gordon Rugg, investigador de la Universidad Keele de Reino Unido, alborotó a los voynicologistas al publicar un estudio que afirmaba que el histórico libro podría haber sido creado por un estafador en tan sólo tres o cuatro meses, con las ilustraciones incluidas.

La víctima del elaborado timo era al emperador romano Rodolfo II, quien coleccionaba curiosidades, rarezas y objetos mágicos. Según la historia, pagó una fortuna, 600 ducados de oro, creyendo que era obra del alquimista isabelino Roger Bacon.

En aquel entonces Rugg dijo a BBC: “No prueba de forma definitiva que el manuscrito es una estafa, pero sí significa que ahora es una posible explicación, incluso la más probable”. BBC Mundo intentó sin éxito comunicarse con el académico.

García Gil cree que esta teoría no tiene sustento. ¿Por qué crear una obra de tal magnitud y no algo más breve?, se pregunta.

Lo cierto es que el Manuscrito de Voynich, bautizado en honor al comerciante de libros de segunda mano polaco Wilfrid Voynich, quien dijo que lo descubrió en Italia en 1912, es noticia cada tanto por una nueva teoría, descubrimiento o avance.

Derechos de autor de la imagen Universidad de Yale

Sin ir más lejos, en 2013 un grupo de científicos publicaron un estudio en la revista científica Plos One afirmando que habían encontrado patrones lingüísticos en el texto, los cuales configurarían palabras con significado.

Ya sea que contiene el secreto de la eterna juventud o se trate de una gran estafa, el misterio del Manuscrito de Voynich sigue vigente en el siglo XXI, ahora con una opulenta primera edición.

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Cómo llegó la Biblia del Diablo al Gabinete de las Maravillas del excéntrico emperador Rodolfo II


Es el más grande libro medieval del mundo: con 310 pergaminos fueron hechos con la piel de 160 burros, su grosor sea de 22 centímetros. Mide 90 cms. de largo y 50 cms., y todo eso pesa 75 kilos: se necesitan dos personas para cargarlo.

No por nada se llama “Codex Gigas, que en latín significa “Libro gigante”.

En sus páginas puedes leer desde el Antiguo y Nuevo Testamento, hasta dos obras de Flavio Josefo, las “Etimologías” de Isidoro de Sevilla; “Ars medicinae” (“El arte de la medicina”); “Chronica Boëmorum” (“Crónica de los bohemios”) del siglo XII, de Cosmas de Praga y un calendario.

Y, como los libros de antaño, está hermosamente iluminado e ilustrado con dibujos a color, entre los que se encuentra uno que ocupa toda una página de un personaje que pocas veces encuentra un lugar tan destacado en los textos religiosos: Lucifer.

No por nada se le llama “La biblia del diablo”.

La leyenda dice…

La historia -y por supuesto la leyenda-, comienzan en 1230 en Podlažice (en la actual República Checa), en un monasterio de la Orden de San Benito o Benedictina, cuyos monjes tomaban rigurosos votos de obediencia y castidad.

Soportaban además castigos físicos, ayunos, privación de sueño y autoflagelación.

En ese régimen, la vanidad era una abominación y uno de los monjes fue juzgado y encontrado culpable de ser extremadamente vanidoso.

Supuestamente fue condenado a muerte: a la mañana siguiente, lo iban a emparedar vivo.

Ante tal perspectiva, el penado ofreció escribir un libro para redimir sus pecados.

Prometió que lo haría en una sola noche y que sería el libro más grande que hubieran visto, pues contendría toda la sabiduría humana y glorificaría al monasterio.

Su propuesta fue aceptada: su vida a cambio del monumental libro.

El monje se puso en la tarea sin suspender su trabajo hasta que se le entumeció la mano. Apenas había logrado escribir una pequeña parte de “toda la sabiduría humana” y ya no podía más.

No le quedaba más que hincarse y rezar.

Pero en vez de dirigirse a Dios, le pidió ayuda al ángel caído Lucifer, ofreciendo su alma a cambio de que terminara el libro.

El príncipe de las tinieblas escuchó la oración del monje y aceptó con gusto su oferta. Con sólo un chasquido de los dedos de sus garras, el libro quedó listo.

Fue tal la gratitud que sintió el monje que pintó un retrato de salvador en una página completa. O quizás fue el mismo diablo el que firmó su obra con su autorretrato.

La historia dice que…

El manuscrito empezó a ser considerado desde entonces como una de las maravillas del mundo, así que cuando los benedictinos de Podlažice se encontraron en serias dificultades financieras, se lo empeñaron a los monjes cistercienses de Sedlec.

Pero a estos también les fue mal: en el claustro donde guardaban el Codex Gigas se desató una fuerte epidemia.

El libro gigante volvió a manos de los benedictinos, pero los del monasterio de Břevnov (1289-1332), y cuando estallaron las guerras husitas en 1420 los monjes se lo llevaron a Broumov.

Pobreza, plaga y guerra… además de cargar con la leyenda de haber sido escrito por el diablo, la enorme obra empezó a tener la reputación de ser una maldición para quien la poseyera.

Eso no le importó mucho a Rodolfo II de Habsburgo (1552 – 1612), Archiduque de Austria, rey de Hungría (1572-1608) y de Bohemia (1575-1611) y Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico (1576-1612).

El gabinete de las maravillas

Rodolfo II había trasladado la capital del Imperio a Praga, a la que transformó en un centro de cultura, en el que se encontraban desde artistas y científicos de la estatura de Johannes Kepler y matemáticos hasta magos y nigromantes (adivinos que usan las vísceras de muertos e invocan espíritus para ver más allá).

Promocionó a eruditos de renombre que sentaron las bases de la ciencia y astronomía moderna, así como estudiosos de lo oculto.

Y su excentricidad, además, estaba materializada en unas salas que creó para guardar todo lo que coleccionaba en armarios repletos de curiosidades.

Era el “Gabinete de las Artes y de las Maravillas” y, aunque nunca sabremos cuántos ni exactamente cuáles objetos raros logró reunir, resaltan manuscritos extraños como el Voynich (un libro ilustrado, escrito en un alfabeto desconocido y un idioma incomprensible) y la vara de Moisés, así como lodo del valle de Hebrón, con el que Dios modeló a Adán.

Además, heredó el ainkhurn, un supuesto cuerno de unicornio, y la copa de ágata, que la tradición consideraba como el Santo Grial.

A esa colección de maravillas, Rodolfo II se empeñó en añadir la Biblia del Diablo.

Tras insistir mucho y prometer que se trataba sólo de un préstamo personal, que la devolvería apenas la terminara de leer, los monjes se la cedieron en marzo de 1594… y nunca más la volvieron a ver.

A las manos de la mujer que fue rey

Una vez más, la guerra contribuyó al periplo del Codex Gigas.

En los últimos días de la Guerra de los 30 días (una serie de batallas entre protestantes y católicos entre 1618 y 1648), el ejército sueco invadió áreas de Praga, entre ellas aquella en la que estaba el castillo.

Parte del botín fueron varios libros valiosos, entre ellos la Biblia del Diablo, lo que complació a la reina Cristina, conocida por su obsesión por acaparar libros, que leía con voracidad, y que usaba para mejorar las bibliotecas de su país.

Así llegó a su destino final.

Lo que dicen los expertos…

Hoy, el misterioso texto religioso con tan perversa reputación está guardado en la Biblioteca Nacional de Suecia en Estocolmo, que en 2015 lo subió a la web para que estuviera al alcance de todos.

Expertos modernos han hecho análisis extensivos de la escritura los cuales muestran que efectivamente un sólo escribano compuso todo el manuscrito.

Los historiadores apuntan a una firma dentro del texto -“hermann inclusis” (“Herman el Recluso”)- como evidencia de su solitario autor.

Pruebas de recreación de la caligrafía de la Biblia del Diablo indican que tomaría cinco años escribiendo sin parar, 6 horas al día, 6 días a la semana.

Pero como el posible autor era un monje, sólo podría haberle dedicado 3 horas al día, así que probablemente le tomó años 10 terminarlo.

Eso, sin tener en cuenta que debía hacer los reglones antes de escribir, para que todo quedara derecho, y decorar las páginas después, de manera que pudo haberle tomado entre 20 y 30 años.

Ante tal obra maestra, no sorprende que haya pensado que al crear este tomo masivo el autor de estaba poseído por algo, ya fuera la luz divina o el príncipe de las tinieblas.

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Las esclavas sexuales de la Segunda Guerra Mundial que han provocado un nuevo conflicto diplomático entre Japón y Corea del Sur


_93287915_hi037126239BBC MUNDO – Japón ha retirado temporalmente de Seúl a su embajador en Corea del Sur, y todo por una estatua.

La efigie, de bronce y apenas metro y medio de altura, representa a una “mujer de confort” joven y descalza, sentada en un banco.

Fue colocada por activistas frente al consulado japonés en Busán, la segunda ciudad más grande del país.

¿Pero quiénes son estas mujeres y por qué han provocado de nuevo un conflicto diplomático entre ambos países?

Se las llama “mujeres de confort” a las esclavas sexuales que estuvieron al servicio de los soldados japoneses durante la Segunda Guerra Mundial.

Mujeres de China, Filipinas, Indonesia y Taiwán también poblaban los burdeles militares, pero las coreanas constituían la gran mayoría.

Se calcula que en total llegaron a sumar 200.000, de las que según se cree en Corea del Sur sobreviven 46.

“Somos muy viejas. Vamos muriendo año a año, una por una”, le dijo a la BBC una de ellas, Lee Ok-seon, de 88 años, en 2013.

“Como un matadero”

Lee Ok-seon fue raptada a los 15 y esclavizada sexualmente por tres años en una de las así llamadas "estaciones de confort".

Lee Ok-seon fue raptada a los 15 y esclavizada sexualmente por tres años en una de las así llamadas “estaciones de confort”.

La mayoría habita en la Casa Compartir, un hogar de retiro de la ciudad de Gwangiu, un verdadero museo viviente del sufrimiento.

Ubicada a la vera de un camino rural, no puede ser más diferente de las cabañas y granjas de tomates que la rodean: está llena de placas y estatuas que dan cuenta de las historias de sus habitantes.

Son historias como la de Lee Ok-seon, quien contó a la BBC que fue raptada a los 15 y enviada a la fuerza al noroeste de China, en aquel entonces bajo control japonés.

Llevaba tiempo rogándoles a sus padres que la enviaran a la escuela, pero con una docena de hijos que alimentar no podían permitírselo.

Así que la enviaron lejos de casa, a trabajar como empleada doméstica. Y fue entonces cuando la secuestraron y la llevaron a China.

Una vez allí, fue esclavizada sexualmente por tres años en una de las así llamadas “estaciones de confort”, instaladas por el ejército japonés para atender a sus soldados.

“Era como un matadero, pero no para animales, sino para humanos. Allí se hacían cosas horribles”, recordó Ok-seon.

Y mientras lo contaba, mostraba las numerosas cicatrices en sus brazos y piernas, producto —dijo— de puñaladas.

Explicó también que intentó escapar del burdel varias veces.

“Pero me atraparon y me pegaron, una y otra vez”.

Y las palizas le hicieron perder parte de su capacidad auditiva y algunos dientes.

Según el voluntario del hogar, por otras lesiones producidas en aquella época también quedó estéril.

Disculpas recientes

_93287912_151228124804_comfort_women_esclavas_sexuales_624x351_reuters_nocreditPero a pesar de las decenas de testimonios del estilo y de que los padecimientos de las mujeres como Ok-see salieran a la luz por primera vez en 1981, Japón no reconoció el uso de burdeles de guerra hasta 12 años después.

Tokio ofreció disculpas por primera vez por ello en 2007, aunque muchos no las consideraron sinceras, ya que varios japoneses aún siguen negando la existencia misma de las esclavas sexuales durante la Segunda Guerra Mundial.

Y el 28 de diciembre de 2015 las autoridades de Corea del Sur y Japón sellaron un acuerdo con el que esperaban pasar definitivamente esa amarga página de su historia, justo el año en el que se conmemoraba el medio siglo del restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre ambos países.

“El primer ministro (Shinzo) Abe expresa de nuevo sus más sinceras disculpas y arrepentimiento a todas las que padecieron inconmesurables y dolorosas experiencias y sufrieron heridas psicológicas y físicas incurables como mujeres de confort”, declaró desde Seúl el ministro de Relaciones Exteriores japonés, Fumio Kishida, al hacer el anuncio.

Y el acuerdo incluía también un fondo de compensación de 1.000 millones de yenes (unos US$8,3 millones) para apoyar a los sobrevivientes.

Con el pacto, Seúl se comprometió a dar el asunto por resuelto “final e irreversiblemente”, siempre que Tokio cumpliera sus promesas.

Inconformes

_93287910__93285155_32b7207e-b8fe-4bb4-afb0-d3fe531f14b2Pero hoy parece haberse iniciado otro capítulo en este conflicto de larga data, con la colocación de la estatua y con la retirada temporal del embajador japonés de Seúl.

Los activistas colocaron la escultura frente al consulado de Japón en Busán el 28 de diciembre de 2016, justo al año de haberse firmado el acuerdo.

Y lo hicieron para criticar el pacto mismo, ya que consideran que se llegó a él sin haberlo consultado con las víctimas y que no recoge el reconocimiento de la responsabilidad legal por parte de Japón.

De hecho, no es la única estatua que representa a “mujeres de confort” que existe en Corea del Sur.

Se cree que hay unas 37 en total. Y también se colocó una en Australia, lo que provocó una disputa entre las comunidades de japoneses y surcoreanos que allí viven.

La policía de Busán trató en un principio de retirar la que situaron allí el mes pasado, en medio de la presión de los ciudadanos por que la dejara.

Así lo reportó el medio local The Korean Herald.

Pero a los dos días la ministra de Defensa de Japón, Tomomi Inada, visitó el polémico santuario de Yasukuni, en Tokio, un lugar en el que se encuentra un listado de los nombres de 2.466.532 soldados japoneses y coloniales (27.863 coreanos y 21.181 taiwaneses) caídos en conflictos bélicos, entre los que se encuentran algunos considerados criminales de guerra.

La República Popular China, Corea del Norte y Corea del Sur, entre otros países, ven el santuario como símbolo del militarismo japonés de la Segunda Guerra Mundial.

Así, el Ministerio de Relaciones Exteriores de Corea del Sur describió la visita de la funcionaria surcoreana al lugar como “deplorable”.

Mientras el Ministerio de Defensa expresó “profunda preocupación y pesar” por el suceso, que consideró en contraste con el mensaje pacifista enviado por el primer ministro japonés Shinzo Abe durante su viaje a Pearl Harbor el 28 de diciembre.

Asimismo, las autoridades locales de Busán autorizaron que la estatua de la “mujer de confort” se recolocara ante el consulado japonés.

Retirada del embajador

_93293321_gettyimages-589483714Ahora Tokio considera que la estatua viola el acuerdo sellado con Seúl sobre el tema el 28 de diciembre de 2015.

En un comunicado hecho público este viernes, el primer ministro Abe insistió en la necesidad de que surcoreanos y japoneses cumplan con el pacto.

Y anunció la retirada temporal del embajador de Corea del Sur, así como suspensión del intercambio de divisas y de unas conversaciones económicas de alto nivel previstas.

“Hemos pedido a Corea del Sur en repetidas ocasiones que resuelva esta cuestión de forma apropiada, pero la situación no ha mejorado. Y es por eso que hemos tomado estas acciones”, explicó este viernes el secretario jefe del gabinete, Yoshihide Suga.

Ya antes Tokio había tachado de ilegal la estatua de una “mujer de confort” ubicada fuera de su embajada en Seúl.

Según Japón, dicha estatua infringe la Convención de Viena de 1961, que dicta que los países anfitriones deben proteger los edificios de las misiones diplomáticas que albergan.

“Aun habiendo cuestiones difíciles, los gobiernos de ambos países deberían continuar desarrollando su relación en base a la confianza“, dijo por su parte el Ministerio de Exteriores de Corea del Sur este viernes, a través de un comunicado.

Así que hoy, con la estatua de Busán, vuelve a avivarse un conflicto de larga data entre Corea del Sur y Japón.

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Subastarán poema de Ana Frank que hasta hace poco se creía perdido


poema-ana-frank-subastan-cnn(CNN Español) – Un poema de Ana Frank que emergió hace poco, y que se creía que estaba perdido, está siendo subastado por la casa Bubb Kuyper, especializada en documentos, manuscritos y pinturas, entre otros.

El texto del puño y letra de la adolescente que escribió su lucha y la de su familia por sobrevivir durante el Holocausto nazi en su famoso diario, fue obtenido a través de Christiane van Maarsen, hermana mayor de Jacqueline van Maarsen, compañera de clase y mejor amiga de Ana Frank, afirma la casa de subastas en un comunicado.

Jacqueline van Maarsen dijo, según reporta Bubb Kuyper, que su hermana, que recibía el apodo de Cricri, arrancó esa página de su libro de poesías y se lo dio alrededor de 1970.

La casa de subasta señala que el objeto podría venderse por hasta 50.000 euros.

Frank tenía 13 años cuando ella y su familia empezaron a esconderse en un “anexo secreto” oscuro y húmedo de su casa para escapar de las redadas alemanas a los judíos en Holanda en julio de 1942. Nunca salió de la casa en dos años, pasando gran parte de su tiempo escribiendo en su diario hasta que ella y su familia fueron arrestados por los nazis en agosto de 1944.

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La adolescente murió en 1945, a la edad de 15 años, después de sufrir de tifus.

La casa de subastas describe el manuscrito como un poema “extremadamente inusual” que tiene la inscripción “Beste Cri-Cri” encabezando el poema, está firmado “Ter herinnering aan Anne Frank” y está fechado en 1942.

El poema escrito en un papel doblado en dos tiene 12 líneas en total y quien lo compre también recibirá una carta de un notario certificando su autenticidad.


El código de la Edad de Piedra que puede encerrar los secretos del origen de nuestra escritura


– Son 32 trazos que se repiten, una y otra vez, en las paredes de cuevas de toda Europa.

Registros simples, apenas líneas en zigzag, puntos, triángulos inacabados, cruces torcidas o lo que a simple vista podrían ser figuras geométricas desprolijas.

Pero no son un trabajo de apuro o la creación de un dibujante torpe: los científicos creen que, en conjunto, constituyen el código de escritura más antiguo del que se tenga registro.

Y son el desvelo de Genevieve von Petzinger, una paleoantropóloga de la Universidad de Victoria, en Canadá, que está detrás de un inédito estudio del arte rupestre del Paleolítico.

“Me interesan los grandes patrones, las posibles interconexiones entre dibujos y regiones, y eso sólo lo podemos estudiar a gran escala”, le dice a BBC Mundo.

El alcance geográfico del proyecto es ciertamente ambicioso: abarca más de 350 yacimientos arqueológicos, “lo cual no es tanto si se tiene en cuenta que son 30.000 años de historia”.

Pero además, implica posar la mirada en lo que muchos otros científicos han pasado por alto antes.

La paleoantropóloga canadiense no está interesada en esas figuras más atractivas -los bisontes, las escenas de caza, las representaciones claramente antropomórficas-, sino en escudriñar esos registros que han sido catalogados de “geométricos”, por falta de un término más apropiado.

“Son los dibujos descuidados, ignorados”, se ríe.

Mirar sin ver

Aquí, trazos en El Castillo

Aquí, trazos en El Castillo

Los “dibujos ignorados” están allí desde la Edad de Piedra, hace 10.000 a 40.000 años, y representan parte de uno de los legados artísticos más antiguos del mundo, en la fase final del último período glacial en Europa (por eso se lo llama también arte de la era del hielo).

Silenciosos e inexplorados, podrían estar hablándonos de “un cambio fundamental en las habilidades mentales de nuestros ancestros”, dice Von Petzinger: la capacidad de articular un código, la misma que se requiere para desarrollar una escritura como hizo luego el hombre moderno.

Y en muchos casos, su existencia no es ninguna novedad.

“Pero los inventarios (que arman los paleontólogos cuando llegan a estudiar una nueva cueva) ni siquiera decían qué tipo de signos son, los consideran secundarios y no había manera de compararlos”.

Así fue que, hace tres años, la científica se embarcó en un viaje por los fondos subterráneos, en compañía de su marido fotógrafo.

Allí pasan la mayor parte de sus días, hasta que “emergen de las cuevas” por la noche, según dice (y cuadrar la conversación con BBC Mundo no fue nada fácil, damos fe).

52 cuevas en total, en muchos casos de acceso dificilísimo por las condiciones geográficas o porque están en manos privadas.

Como El Portillo, Santián o Las Chimeneas, en España, y Niaux y Marsoulas en Francia, más otras en Italia y Portugal. La mayoría, sin la popularidad de las cuevas más “mediáticas”, como Chauvet o Altamira.

“Y en muchas cuevas incluso encontramos nuevo arte, que no había sido descubierto antes”, apunta Von Petzinger.

_92667331_32signsgraphic“Como no tienen el atractivo obvio de las figuraciones, nadie se encargó de registrar estos trazos. Cuando empezamos a hacerlo, vimos que se repiten, que hay un patrón”.

Los fueron catalogando meticulosamente hasta extraer una suerte de repertorio que se reitera sobre las piedras aquí y allá: 32 símbolos, en total.

“Lo que es realmente interesante es que son tan específicos que cada uno es muy diferente del otro. E incluso los más inusuales se repiten (en otras cuevas) de manera idéntica. Las posibilidades de que eso sea una coincidencia son bien pocas“, señala la experta.

Lo que esto significa, en otras palabras, es que estaríamos en presencia de un código, preestablecido y compartido por distintos grupos del Paleolítico.

También sugiere, dice la paleontóloga, que existían conexiones entre lugares remotos en esa era prehistórica.

“Sabemos que en Europa había una activa red de intercambio, y esto nos da una señal de cuán sofisticada era su estructura social”, dice la científica, que hace unos meses publicó un libro con sus hallazgos (“The First Signs: Unlocking the mysteries of the world’s oldest symbols”, en inglés.)

Un código, pero ¿qué significa?

_92656804_cudoncave-exploringComo cualquier científico curioso, a Von Petzinger le encantaría poder leer detrás de los trazos para encontrar sus significados.

Poder establecer con certeza, por ejemplo, que la figura claviforme es una lanza, o que los registros peniformes son hojas de árbol.

Pero es una misión imposible. “Por mucho que quisiera, nunca vamos a poder estar en la cabeza de gente vivió hace 30.000 años”, dice y se ríe.

“Incluso si no sabemos qué significan, sí sabemos que debían tener un sentido. Eso lo indica la repetición“.

Lo que importa, insiste Von Petzinger, es el patrón.

“No se trata de un código como el egipcio ni como la escritura cuneiforme, no es algo tan organizado. En ese sentido, nunca vamos a poder descifrarlo, no tenemos material de referencia para poder hacerlo”.

El primer sistema de escritura que conocemos, el cuneiforme, data de hace unos 5.000 años y su origen se establece en el actual Irak. Pero, al igual que los complejos jeroglíficos egipcios, no puede haber surgido de la nada.

Los trazos que ordenó Von Petzinger pueden ser un sistema más temprano de escritura: un “primer código humano” inscrito sobre las rocas de las cuevas.

Lo radical del descubrimiento, confirman los expertos, es que revela las habilidades básicas que se requieren para crear un sistema de escritura: la capacidad de abstracción, el registro de marcas gráficas, un sofisticado uso de símbolos.

“En un sentido general, se puede decir que los sistemas gráficos desarrollados en Europa en la Edad de Hielo son predecesores de los sistemas de escritura que vendrían después. No porque el símbolo tal de esa época luego esté relacionado con el símbolo cual en una etapa posterior, sino en el sentido de que son códigos”.

Emojis prehistóricos

_92656890_foto2La científica los compara con los emojis, los ubicuos íconos de la era de los teléfonos inteligentes que representan un concepto en una única imagen.

Así lo describió en una columna para la revista Wired:“bien pueden haber sido parte de uno de los sistemas gráficos más antiguos del mundo, además de precursores de esos simpáticos símbolos en tu celular”.

Y lo primero que hay que erradicar, señala la científica, es esa idea de que los trazos de las cuevas europeas constituyen figuras geométricas.

“Usamos esa comparación porque no tenemos una mejor. Pero eso condiciona la manera en que los miramos. Por ejemplo, deberíamos pensar que encontramos dibujos de animales y humanos, pero ¿qué falta? ¿Dónde está la naturaleza en todo lo que vemos pintado en las cuevas: es que nunca pintaron un árbol o un río, que son elementos muy importantes en la vida de una sociedad recolectora y cazadora?”

Así, la hipótesis es que estas figuras inexplicadas pueden referirse a cosas que no figuran en los dibujos de una manera obvia: una montaña, las estrellas, un arma…

No son formas abstractas, como sugiere un análisis perezoso, sino representaciones de ideas estandarizadas.

En su simpleza, los símbolos también se anotan otra cualidad: son democratizadores, dispara Von Petzinger.

“Dibujar un mamut o un caballo requiere de habilidades que pocos tienen, pero un cuadrado o un zigzag lo puede hacer cualquiera”.

Y al ser más accesibles, son mejores como herramienta de comunicación: una virtud a la que aspira cualquier lenguaje que se precie.

Pero la paleoantropóloga no se conforma con estas hipótesis.

¿Su próximo paso en busca de sentido para los misteriosos dibujos?

Incursionar, mediante robots submarinos, en las cuevas sumergidas e inexploradas de la costa de Cantabria, para buscar más signos, más trazos, que echen luz sobre cómo el hombre moderno aprendió a escribir.

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