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Un poco de historia

La familia del zar: una masacre que sigue dividiendo a los rusos


El último de los zares, junto a la zarina Alejandra y sus 5 hijos, en 1910, cuando mandaba Rusia en forma absoluta.

Por Janet McEvoy – De la Agencia AFP – Hace un siglo, el último zar de Rusia desapareció con toda su familia en circunstancias durante mucho tiempo sospechosas y que, aún hoy, son objeto de controversia y dividen a algunos sectores de la sociedad rusa.

La madrugada del 17 de julio de 1918Nicolás II, la zarina Alejandra y sus cinco hijos fueron ejecutados por los bolcheviques, que pusieron así fin a 300 años de dinastía Romanov al frente del imperio ruso.

En febrero de 1917, las dificultades de abastecimiento, un frío especialmente duro y las sucesivas derrotas del ejército imperial en la Primera Guerra Mundial motivaron manifestaciones en la capital, Petrogrado, la actual San Petersburgo. Los obreros en huelga se unieron a los manifestantes.

Nicolás II desplegó a las tropas de las guarniciones de la ciudad. Pero una parte de los soldados se amotinaron. Las manifestaciones se transformaron en disturbios y obligaron al impopular zar a abdicar.

Se sucedieron varios gobiernos provisionales hasta que los bolcheviques, liderados por Lenin, se hicieron con el poder en octubre.

Ejecución

Nicolás II intentó exiliarse en Gran Bretaña, donde reinaba su primo el rey Jorge V. Pero los Romanov se vieron encerrados rápidamente en el Palacio de Alejandro, después fueron trasladados a Siberia y finalmente a Ekaterimburgo, en los Urales, a miles de kilómetros del poder central.

Alarmados por el acercamiento del Ejército Blanco a Ekaterimburgo, los responsables bolcheviques locales decidieron librarse de los Romanov.

En la madrugada del 17 de julio de 1918, el comisario de policía Yakov Yurovski hizo que la familia imperial y sus trabajadores domésticos bajaran al sótano y les leyó una orden de ejecución.

“Nicolás se dio vuelta, estupefacto, e intentó hacer una pregunta. Yurovski repitió su declaración y después, sin dudar, gritó: ‘¡Fuego!’”, cuenta el historiador británico Robert Service en “The Last of the Tsars” (El último de los zares, 2017). 

Nicolás, su mujer Alejandra, de origen alemán y sus 5 hijos de entre 10 y 20 años fueron abatidos, al igual que los sirvientes, la dama de honor, el cocinero y el médico de la familia.

“Las primeras balas no mataron a los más jóvenes, que fueron rematados a quemarropa”, relató la Iglesia Ortodoxa rusa, que canonizó al conjunto de la familia, reconocida mártir el año 2000.

Los cuerpos fueron lanzados rápidamente en una fosa común en los alrededores de Ekaterimburgo.

Los restos de Nicolás, su mujer y tres de sus hijas, Anastasia, Olga y Tatiana, fueron encontrados por unos historiadores aficionados en 1979, pero el descubrimiento no se hizo público hasta 1991, cuando la Unión Soviética estaba saltando por los aires.

Hubo que esperar hasta 1998 para que el gobierno ruso identificara oficialmente las osamentas. El 17 de julio de 1998, los restos fueron inhumados con gran pompa en la cripta de la Catedral de San Pedro y San Pablo de San Petersburgo.

Esta ejecución constituye “una de las páginas más vergonzosas de nuestra historia”, declaró en aquel momento el presidente ruso Boris Yeltsin.

Los presuntos restos del zarévich Alexéi y de su hermana María, hallados en 2007, aún no han sido enterrados, ya que la Iglesia duda sobre su identidad. Esperan en unas cajas en los Archivos del Estado.

Durante muchos años han circulado rumores que aseguraban que una parte de la familia imperial sobrevivió, entre ellos la gran duquesa Anastasia. Y varios falsos pretendientes reclamaron una parte de la herencia.

En 2008, la Corte Suprema de Rusia rehabilitó a Nicolás II y su familia, al considerarlos víctimas de la represión política bolchevique.

¿Ordenó Lenin la masacre?

La justicia rusa cerró por segunda vez, en enero de 2011, la investigación sobre la ejecución del zar. Los investigadores afirman que no encontraron elementos que demuestren que el padre de la revolución bolchevique, Lenin, ordenó matarlos.

“No hay ningún documento fiable que demuestre que Lenin fue el instigador”, ni el jefe de la policía regional Yakov Sverdlov, afirmó uno de los investigadores.

“No obstante, cuando supieron que toda la familia había muerto, aprobaron oficialmente la matanza”.

Conflicto entre el Estado y la Iglesia Ortodoxa, incómodo para Putin

Con motivo del centenario de la ejecución del último zar de Rusia por los bolcheviques, resurgió un conflicto entre el Estado ruso y la poderosa Iglesia Ortodoxa. ¿Qué hacer con los presuntos restos de la familia imperial?

El patriarca ortodoxo Cirilo encabezará mañana lunes una procesión en memoria de Nicolás II, zar y jefe de la Iglesia Ortodoxa, y de su esposa, Alejandra Fiódorovna, sus 4 hijas y su hijo, fusilados la madrugada del 17 de julio de 1918 y canonizados el año 2000.

Las autoridades rusas, que siempre han intentado no elegir entre la herencia soviética y la herencia zarista, no prevén ninguna conmemoración oficial.

Veinte años después de la inhumación de los restos del zar, su mujer y tres de sus hijas, la Iglesia Ortodoxa sigue negándose a reconocer su autenticidad y a aceptar que se realicen pruebas de ADN para confirmarla.

El clero, dominado por los conservadores, también se niega a reconocer la autenticidad de los restos de otros dos hijos del zar, Alexéi y María, cuyos cuerpos fueron separados del resto y no se encontraron hasta 2007.

En 1998, el patriarca en aquel momento, Alejo II, desairó los funerales de Estado organizados por las osamentas de Nicolás II en la fortaleza de San Pedro y San Pablo de San Petersburgo. En su lugar, envió a un cura para enterrarlos como “restos de una persona desconocida”.

El año pasado, el estreno en Rusia de la película “Matilda”, que narra la historia de amor entre el futuro zar Nicolás II con una bailarina, provocó el enfado de los ortodoxos más radicales, que se manifestaron para impedir su difusión en las salas de cine.

“Esta película mostró que Nicolás II es una figura que puede dividir a la sociedad ortodoxa”, afirma el experto Roman Lunkin, de la Academia de las Ciencias rusa. Según Lunkin, el último zar es objeto de un “inmenso culto” en el monasterio cercano a Ekaterimburgo al que se dirigirá la procesión liderada por el patriarca Cirilo mañana.

El presidente Vladimir Putin, en cambio, “no profesa un culto por Nicolás II” y se muestra “menos interesado” por la resolución del conflicto que su antecesor, Boris Yeltsin, señala la experta Ksenia Luchenko. No obstante, la situación sigue siendo “incómoda” para Putin, quien siempre se posicionó como un aliado cercano a la iglesia, destaca.

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El “Partido de la Muerte”: la verdadera historia detrás de la película de fútbol más famosa


Afiche del “Partido de la Muerte”

Juan Batalla-Infobae.com – El fútbol es el deporte más popular del planeta y quizá por eso su traspaso al cine nunca fue sencillo y existen pocas películas que puedan generar -ni pensar en igualar- la emoción del deporte en vivo.

Sin embargo, entre las pocas excepciones que siempre hay a la regla se encuentra Evasión o victoria o Escape a la victoria, un film de John Huston -5 veces nominado al Oscar como mejor director, ganador de una sola estatuilla por El tesoro de Sierra Madre– que se estrenó en 1981 y tomaba como inspiración al Partido de la Muerte, evento verídico de 1942, aunque con algunos cambios en el guión para darle un espíritu más hollywoodense.

La película recrea la experiencia de un grupo de prisioneros aliados de diferentes nacionalidades que aceptan jugar un partido amistoso contra una selección alemana. Eso permitió la participación de algunas estrellas del fútbol mundial, como el brasileño Pelé, el argentino Osvaldo Ardiles, los ingleses Bobby Moore y Mike Summerbee, el polaco Kazimierz Deyna, el belga Paul Van Himst, el noruego Hallvar Thoresen y el estadounidense Werner Roth, entre otros. Los actores principales, Sir Michael Cane y Sylvester Stallone también tuvieron en futbolistas reales, del equipo inglés Ipswich Town, a sus “dobles de riesgo” para las escenas en las que se necesitaba al menos cierto virtuosismo con los pies.

Cuando descubren que todo se trata de una maniobra propagandística nazi, comienzan los planes para escapar durante el entretiempo del encuentro, meta que –spoiler alert– logran, aunque no de la manera programada, sino con un poco de ayuda “popular”.

El film es un canto a la heroicidad, un alegato metafórico sobre como el espíritu grupal -tan necesario en este deporte- también puede inspirar a los espectadores a desafiar a la autoridad, aún cuando los cañones de las armas estén apuntando de manera constante.

Sin embargo, la de Huston no fue la única vez que la historia fue adaptada a la gran pantalla. Hubo dos versiones soviéticas durante la década del ’60 –Tercer Tiempo y El Partido de la Muerte, y la rusa Match, de 2012.

 

Algunos de los integrantes del plantel del FC Star, que utilizaba camiseta blanca con una franja roja

 

La historia detrás del Partido de la Muerte

 

El 22 de junio de 1939, las Fuerzas del Eje iniciaron la Operación Barbarroja, el plan de invasión a la Unión Soviética, durante la Segunda Guerra Mundial, que produjo la conquista de varios territorios, entre ellos la actual Bielorrusia y Ucrania, entonces bajo la dictadura de Iosif Stalin.

La conquista nazi de Ucrania significó la mayor captura de soldados enemigos de la historia, con más de 400 personas, entre los que se encontraban varios futbolistas del Dinamo de Kiev, un equipo que era apoyado por la policía estatal y que es de los más importantes del país.

Durante los meses siguientes, cientos de prisioneros fueron liberados y comenzaron a regresar a su ciudad, para encontrarse con que los alemanes les habían retirado todos sus derechos, como la posibilidad de trabajar o vivir en casas, por lo que las calles de la ciudad, ya en ruinas, se convirtió en el hogar de miles de indigentes.

En el medio de una atmósfera de terror, un joven panadero de Kiev, Iosif Kordik, que había mantenido su trabajo por su origen alemán, encontró un día por la calle a uno de sus ídolos, Mykola Trusevychel gigante que había sido el último portero del Dínamo.

Trusevych consiguió trabajo como barrendero del local y al poco tiempo, convencido por Kordik, comenzó a reclutar por las calles a antiguos compañeros para formar un nuevo equipo. De a poco, la panadería fue contratando más personal, desafiando la ley marcial. A las semanas nacía el FC Start (Football Club Start), integrado por ocho jugadores del Dinamo (Mykola Trusevych, Mikhail Svyridovskiy, Nikolai Korotkykh, Oleksiy Klimenko, Fedir Tyutchev, Mikhail Putistin, Ivan Kuzmenko y Makar Goncharenko), y tres jugadores del Lokomotiv (Vladimir Balakin, Vasil Sukharev y Mikhail Mielnizhuk).

La fecha del debut fue el 7 de julio de 1942, contra el Rukh por la liga local, con un triunfo aplastante: 7-2. Luego, siguió una seguidilla de triunfos y goleadas contra equipos de militares húngaros (6-2), rumanos (11-0), trabajadores del ferrocarril militar (9-1), el alemán PGS (6-0) y el húngaro MSG.Wal (5-1 y 3-2).

El 6 de agosto le tocaría un rival de cuidado, el Flakelf, que estaba compuesto por miembros de la Luftwaffe, la fuerza aérea de Alemania en la época nazi. Fue 5 a 1.

Tarjeta conmemorativa del Partido de la Muerte

A pesar del control de los medios y la propaganda constante, el boca en boca había convertido al FC Start en un enemigo moral. Se enfrentaban al poder sin temor, sin concesiones, y los ucranianos los habían tomado como ídolos y, en tiempos de guerra, despertar el espíritu o la esperanza del sometido nunca es positivo. Así que se pactó una revancha, para una semana después, pero esta vez el juego no sería limpio.

Una semana después, minutos antes del partido, un oficial de las SS ingresó al vestuario del Star y dijo: “Soy el árbitro, respeten las reglas y saluden con el brazo en alto”. Y así lo hicieron, o casi, alzaron el brazo, pero se lo llevaron al pecho y en vez de vociferar el ¡Heil Hitler! esperado, gritaron ¡Fizculthura!, un eslogan soviético que proclamaba al deporte como forma de vida.

Por supuesto, el cotejo tuvo un claro dominador y un contendiente que aprovechó para golpear impunemente bajo la tutela del régimen. En el entretiempo, con un triunfo 2-1 para el Star, les recomendaron perder en el campo o por abandono y, no muy amistosamente, les recalcaron que en caso de no hacerlo habría consecuencias.

Los jugadores debatieron sobre qué hacer, pero jugaron una segunda parte aún mejor que la inicial y sobre el final, el marcador alumbraba un 5 a 3. Un defensor, Oleksiy Klimenko, evadió a un par de rivales, dejó al guardameta alemán por el piso y en vez de volver a inflar la red por sexta vez, eligió darse vuelta y patear el balón hacia el centro del campo. La explosión del público fue inmediata, inaudita para los nazis, que dieron por finalizado el partido en ese momento. Antes de retirarse, ambos equipos se hicieron una foto juntos como signo de camaradería.

Los planteles se fotografiaron juntos tras la revancha

El Start jugó su último partido unos días después, finalizó su historia contra el equipo que la habían comenzado, el Rukh (8-0), y cuando parecía que aquella afrenta había quedado en el olvido, la Gestapo llegó a la panadería para arrestar a los jugadores por ser “miembros de la NKVD”, la policía ucraniana, la institución asociada al Dinamo.

Nikolai Korotkykh murió ese mismo día bajo tortura, el resto fue trasladado al campo de concentración de Syrets. En febrero de 1943, Kuzmenko, Klimenko, Keehl y el arquero Trusevich fueron asesinados, como represalia a un ataque aliado. Según la leyenda, el guardameta murió con su camiseta puesta y gritando: “¡El deporte rojo nunca morirá!”

Goncharenko, Balakin y Sukharev, que no estaban en la panadería, sobrevivieron escondidos hasta la liberación de Kiev en noviembre del 43, el resto desapareció en el medio de caos.

Los sobrevivientes fueron los responsables de hacer conocer la historia

En 1958, el periódico Evening Kiev publicó el artículo El último duelo, que fue el puntapié para conocer la historia del Partido de la Muerte. Los periodistas Petro Severov y Naum Khalemsky publicaron luego un libro con el mismo nombre y a partir de allí la historia nunca sería olvidada.

Para mantener viva la memoria, en el estadio Zenit de Kiev -hoy llamado Estadio Start- fue erigido un monumento y aquellos que asistieron a aquel match tienen el derecho vitalicio de entrar gratis a cualquiera de los partidos del Dínamo

Yossif Balakin e Igor Goncharenko junto al monumento que recuerda el partido de la muerte

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Crónica de una patria que nació de noche


Las ilustraciones de la plaza del 25 de mayo con los patriotas cubriéndose de la lluvia con sus paraguas, según la mayoría de los historiadores, responde a un mito.

Eduardo Diana/Diario Los Andes – Una reconstrucción -minuto a minuto- a través de archivos e investigaciones históricas. Traiciones, alianzas y secretos de una jornada que cambió la historia argentina para siempre.

“Sí, juro”, dijeron con voz firme los nueve hombres. Las dos palabras llenaron el salón central del segundo piso del Cabildo. Unos instantes antes, cada uno de ellos había apoyado una mano sobre el hombro de quien tenía a su lado. Y así, entrelazados y arrodillados ante los Santos Evangelios, los nueve hombres y su juramento terminaron con cuatro días agitados, inciertos, cargados de tensión. En ese histórico acto, esos mismos hombres también habían dicho basta para siempre a la sumisión ante la Corona española.

Mientras tanto, frente al Cabildo, en la Plaza de la Victoria (actual Plaza de Mayo), el pueblo soportaba la lluvia. Hacía muchas horas que estaban allí, entre el barro. Habían llegado a la mañana para exigir la renuncia definitiva del virrey Cisneros y formar una nueva junta de gobierno de criollos y patriotas. El clima político en la aldea colonial de Buenos Aires aquel histórico viernes 25 de mayo de 1810 había llegado a su punto máximo de ebullición.

Por la razón o la fuerza

La jura de los nuevos gobernantes no se hizo enseguida. Según los testimonios dejados por Juan Manuel Beruti, se concretó minutos antes de las nueve de la noche en el salón central del segundo piso del Cabildo.

Apenas tres días antes, el 22 de mayo, se había celebrado el Cabildo Abierto en el que se votó que el virrey Cisneros fuera destituido y que se eligiera una Junta para que gobernara en nombre del rey Fernando VII, quien había sido tomado prisionero por Napoleón. El Cabildo, con mayoría de españoles, traicionó la voluntad popular, ya que si bien designó una nueva Junta, ubicó justamente a Cisneros como presidente.

Los días que siguieron fueron de una gran tensión en Buenos Aires y el 24 de mayo los miembros de la flamante Junta debieron renunciar. Habían jurado a las tres de la tarde del 24 y seis horas después, frente a la presión de los criollos, se vieron obligados a dimitir.

El 25 de mayo todo empezó en la madrugada, con acaloradas conversaciones entre los patriotas que buscaban un cambio político. “En el amanecer del agitado viernes 25 de mayo de 1810, la reunión en la casa de Rodríguez Peña transcurría sin resultados. Manuel Belgrano, exhausto por la agotadora vigilia de esos días, ingresó en la sala donde se debatía acaloradamente. Con la mano sobre la espada, exclamó que si a las tres de la tarde de ese día el virrey no abdicaba, él se encargaría de derribarlo con las armas”, cuenta el historiador Roberto Elissalde en su libro Diario de Buenos Aires 1810.

Las ilustraciones de la plaza del 25 de mayo con los patriotas cubriéndose de la lluvia con sus paraguas, según la mayoría de los historiadores, responde a un mito. El investigador Alejandro Fensore indica que “el paraguas era un objeto caro y de lujo en estas pobres colonias, pues eran importados de Inglaterra, y solo una tienda los vendía en el viejo Buenos Aires. Solo los ricos accedían a comprarlos”.

Domingo French y Antonio Beruti, quienes dirigían la milicia civil Legión Infernal, lideraban y movilizaban a los criollos en la plaza. Y fueron quienes franquearon el acceso de mucha gente al Cabildo para que presionara por la renuncia de Cisneros. “French y Beruti fueron los agitadores de aquella jornada. Su tarea consistió en reclutar gente de los arrabales y movilizarla a la plaza y sus adyacencias. Una de las principales tareas fue interceptar a los cabildantes de conocida posición realista para evitar que llegaran hasta el Cabildo, incluso se cree que hubo agresiones y secuestros. Ya en la plaza, este grupo actuó para generar un clima de revolución, mediante la propalación de consignas y el reparto de símbolos identificatorios. El objetivo era generar un clima de agitación que llegara hasta los oídos de aquellos que se encontraban dentro del Cabildo”, explica Pablo Camogli, autor del libro Contame una historia.

El historiador Bartolomé Mitre había afirmado que “los infernales” repartían escarapelas celestes y blancas entre quienes estaban en la plaza, sin embargo varios historiadores posteriores ponen en duda que esos hayan sido los colores de los distintivos. “No repartieron cintas blancas y celestes, como se creía, sino cintas blancas y rojas, según recuerdan algunos de los que dejaron sus memorias por escrito”, señala el investigador Martín Cagliani. Por su parte, Fensore indica que “Bartolomé Mitre y Vicente Fidel López fueron los primeros historiadores que afirmaron que French y Beruti repartieron cintas celestes y blancas. Sin embargo, Mitre reconoció que no se valió de documentos para tamaña afirmación, sino de la endeble tradición oral, lo mismo que López. Lo cierto es que las cintas fueron presumiblemente blancas y rojas: con estos colores se quería significar la unión existente entre americanos y europeos. Según otra postura, el color blanco representaba la paz y el roja la guerra: de esta manera, la gente elegía su opción”.

En Memorias curiosas, Juan Manuel Beruti, hermano de Antonio, señaló que los revolucionarios llevaban una “cinta blanca, señal de la unión que reinaba, y en el sombrero, una escarapela encarnada y un ramo de olivo por penacho”. En Diarios de varios sucesos, de autor anónimo, consta que “el día 25 las cintas blancas y los olivos (símbolos de paz) fueron sustituidos por cintas rojas (símbolos de guerra)”.

En la cuenta regresiva

Los patriotas argumentaron que el pueblo estaba muy enojado y que había que anular con urgencia la Junta que se había elegido el 23 de mayo.

Los partidarios de Cisneros se habían reunido temprano en el Cabildo. Y alrededor de las nueve y media de la mañana decidieron no aceptar la renuncia de los miembros de la junta y subieron la apuesta: si era necesario, usarían la fuerza para mantener a las autoridades elegidas el 23 de mayo. El realista Julián de Leiba se oponía tajantemente a las pretensiones de los revolucionarios. Su posición se basaba en un error: creía que el ejército apoyaba al virrey y que iba a avanzar contra el pueblo.

En la plaza, pese al frío de la mañana, los ánimos estaban cada vez más caldeados. Alrededor de las diez y media, encabezados por French, Beruti y Vicente López y Planes, un grupo de patriotas entró en el Cabildo y llegó hasta la sala donde estaban reunidos los partidarios del virrey. Los patriotas argumentaron que el pueblo estaba muy enojado y que había que anular con urgencia la Junta que se había elegido el 23 de mayo. Leiva abrió la puerta del salón al escuchar a los criollos gritando por los pasillos. “¿Qué es lo que ustedes quieren?”, los encaró. “La deposición inmediata de Cisneros”, le contestaron los criollos, según documentos de testigos.

Los cabildantes lograron calmar a los revolucionarios y los convencieron de que volviesen a la plaza a la espera de novedades. En realidad, solo querían ganar tiempo para contener al pueblo mediante la fuerza militar. Sin embargo, a los pocos minutos se enteraron de que no tenían el apoyo del ejército.

Al rato, la gente volvió a golpear las puertas del Cabildo. Y esta vez lo hizo con fuertes exigencias y amenazas. Algunos gritaban el célebre “el pueblo quiere saber de qué se trata”, en alusión a lo que se estaba tramando en el segundo piso del Cabildo. Cada vez había más personas en las galerías y por todos los rincones del edificio. Leiva le dijo a los cabildantes: “No hay más remedio que consentir”.

Ante este panorama, el Cabildo cambió su postura y le pidió la renuncia a Cisneros, quien no tuvo más remedio que acceder. Apenas se conoció esa ansiada noticia, los delegados de los revolucionarios volvieron a irrumpir en el Cabildo y dijeron que no se conformaban con la renuncia de Cisneros, que el pueblo debía asumir el gobierno. Pero los miembros del Cabildo pusieron otra traba y pidieron que esa petición fuera presentada por escrito. En poco tiempo, los patriotas estamparon unas 400 firmas. Junto a la firma y aclaración de French y Beruti, cada uno de los firmantes había agregado “por mí y por seiscientos más”.

A las 15.30 Leiva recibió la petición pero puso un nuevo obstáculo, que sería el último. Pidió que el pueblo se reuniera en la plaza para ratificar la lista de los nueve hombres postulados para integrar el nuevo gobierno. Era una jugada astuta. Mucha gente ya se había ido de la plaza debido al mal clima y otros permanecían bajo los aleros de la recova y los techos de la actual calle Defensa refugiándose de la lluvia.

A las cuatro de la tarde, Leiva salió al balcón con un grupo de patriotas. Cuando miraron hacia la plaza, el líder realista formuló la pregunta que tenía preparada: “¿Dónde está el pueblo?”. En la plaza había poca gente. Beruti le dijo que el pueblo estaba armado en los cuarteles, esperando para ir hasta la plaza, en cuyo caso “sufriría la ciudad lo que hasta entonces se había procurado evitar”. Leiva se vio obligado a ceder. “Esa fue, curiosamente, la última resistencia del poder real en Buenos Aires”, apunta Camogli.

Nueve nombres, una idea

Saavedra habló desde el balcón del Cabildo a los criollos que quedaban en la plaza y les pidió que mantuvieran el orden, la unión y la fraternidad.

A las cuatro y media de la tarde, Martín Rodríguez leyó desde el balcón los nombres del nuevo gobierno, la Primera Junta, que quedaba a cargo de la autoridad del virreinato. “Sin duda que los grandes protagonistas del 25 de mayo fueron French y Beruti, ya que aseguraron el clima de revolución indispensable para torcerle el brazo al virrey. También fue importante el papel de Cornelio Saavedra, sobre todo porque se negó a reprimir a los manifestantes y aseguró que sus tropas no estaban en condiciones de sostener al virrey, lo que era lo mismo que decirle que se vaya. Otra figura importante fue Juan José Castelli, uno de los encargados de articular la conformación definitiva de la junta”, afirma Camogli.

La jura de los nuevos gobernantes no se hizo enseguida. La espera fue bastante larga. Según los testimonios dejados por Juan Manuel Beruti, se concretó minutos antes de las nueve de la noche en el salón central del segundo piso del Cabildo. Allí, los nueve hombres juraron desempeñar lealmente su cargo y conservar esta parte de América para el rey español Fernando VII, aunque el verdadero propósito –según la mayoría de los historiadores- era independizarse de España.

A los pocos minutos, Saavedra habló desde el balcón del Cabildo a los criollos que quedaban en la plaza y les pidió que mantuvieran el orden, la unión y la fraternidad. Después atravesó la plaza y se trasladó hasta el Fuerte, entre salvas de artillería y toques de campana. Caía el Virreinato español y nacía el primer gobierno patrio. En la plaza seguía lloviendo, pero el Sol del 25 venía asomando

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Las amazonas eran guerreras ‘cool’ de la vida real


Infobae.com/Por Siobhan Ball; traducido por Elvira Rosales – Nueva evidencia sugiere que las amazonas no eran sólo figuras fantásticas de la mitología griega.

En el antiguo mito griego, las amazonas sólo existen como referencia —y a diferencia— junto a los héroes griegos. Están ahí para luchar y ofrecer consejos, sexo o ayuda en alguna empresa. En general, están ahí para ser conquistadas y sometidas, como en el caso de la reina amazona Antíope, quien fue secuestrada por el rey Teseo y obligada a ser su esposa.

En los cómics y franquicias cinematográficas como Wonder Woman, las amazonas moran el reino de los cuentos de hadas y la fantasía como guerreras impregnadas de fuerza legendaria. Muchos historiadores descartan a las amazonas como otro ejemplo de los escribas griegos que inventaban monstruos que su civilización derrotaría siempre.

Sin embargo, el arte griego temprano, cuenta una historia diferente. Describe a las amazonas en el ropaje tradicional de los escitas, un grupo de tribus nómadas que deambulaban por la estepa de las montañas del Cáucaso entre el 900 y el 200 a.e.c. La reciente exposición Scythians: warriors of ancient Siberia tiene como tema central a esta cultura en el British Museum.

Representaciones tardías de las amazonas en el arte griego tienden a favorecer la versión sexuada del ropaje femenino o la armadura masculina, y algunos expertos asumen que las decisiones artísticas tempranas del vestido escita tenía la intención de exotizar a las amazonas. Sin embargo, otros creen que esto podría ser evidencia de que las guerreras míticas estaban basadas en mujeres reales y vivientes.

Dado que los antiguos escitas deambulaban y moraban en Europa y Asia, dejaron atrás túmulos elaborados por todo el Cáucaso, desde el Mar Negro hasta China. Cuando los descubrieron por primera vez, se asumió que aquellos restos enterrados con armas eran hombres, mientras que los cuerpos con espejos y husos debían ser mujeres.

Avances en los análisis científicos modernos revelaron algo diferente. Cuando los científicos comenzaron a usar métodos bioarqueológicos como las pruebas de ADN, descubrieron que era tan probable que los esqueletos enterrados con arcos, flechas y otras armas fueran tanto femeninos como masculinos desde un punto de vista biológico.

Por supuesto, los esqueletos solos no pueden contar la historia completa cuando se trata de asignar el sexo o identidad de género de una persona; desde siempre han existido las personas intersexuales, claro, y las identidades trans también. Pero el hecho de que más de un tercio de restos escitas en algunas tumbas han sido registradas como femeninos con heridas graves de batalla, indica que las guerreras eran comunes entre los temibles escitas.

Adorno de oro que representa a dos arqueros escitas.

“Las ideas e imágenes de las amazonas están construidas alrededor de mujeres guerreras de carne y hueso; arqueras a caballo nómadas de las estepas de Eurasia”, Adrienne Mayor, clasicista de Stamford y experta en amazonas, le explica a Broadly. “Y ahora tenemos pruebas por sus huesos”.

Pero, en promedio, ¿cómo era la vida de una mujer escita? Un artefacto —un cuenco de plata descubierto en el sureste de Kazajistán— podría ser uno de los pocos que contienen evidencia de la escritura escita. Otros expertos creen que carecían de lenguaje escrito. Estamos estancados tratando de armar la verdad a partir de la arqueología y las historias fantásticas de observadores como los griegos.

Gran parte de lo escrito por los griegos sobre las amazonas puede desecharse de entrada. La idea de que existieran tribus femeninas que se reproducían teniendo sexo con extraños y asesinaran a sus hijos (hombres) suena más a una fantasía paranoica masculina que un hecho histórico. De igual forma, la idea de que las amazonas se cortaban un seno para mejorar sus habilidades con el arco es risible para cualquier mujer que domine el arte de la arquería con el pecho intacto. (Sin mencionar la alta tasa de mortalidad que un procedimiento tan drástico hubiera causado, dadas las capacidades médicas de la época.)

De hecho, este mito en particular debe sus orígenes a un intento tardío por parte de los griegos por explicar la etimología de su nombre no griego. Un escritor llamado Hellanikos sostenía que mazon era similar a maston, la palabra para nombrar el pecho, con el prefijo a indicando que carecían de un seno. Los estudiosos modernos creen que el nombre proviene más bien de Amezan, una legendaria reina guerrera circasiana.

Réplica de la Amazona Herida, una escultura del artista griego Fidias.

Sobre la información confiable que puede conseguirse de las fuentes griegas que se refieren específicamente a los escitas es que muchas —pero no todas— las tribus contaban con guerreras que disparaban mientras cabalgaban junto a los hombres. Mayor cree que este método de batalla, combinado con su estilo de vida nómada y la necesidad de ser buenos jinetes, fue lo que causó la inclusión de mujeres en las fuerzas armadas. La arquería contrarresta las ventajas de altura, alcance y fuerza que la mayoría de los hombres presentan en comparación con las mujeres en un combate mano a mano, mientras que el pequeño tamaño de las comunidades significaba que todos eran indispensables cuando sufrían algún ataque.

A menudo se asume que sólo las mujeres solteras pelean junto a los hombres y que el matrimonio marcaba la diferencia entre una dama guerrera y una vida que se apega más a los roles de género asumidos históricamente por Occidente. Sin embargo, hay varias tumbas de guerras donde hay niños enterrados también y por el contexto de los objetos funerales, parece que las guerreras en cuestión eran madres.

Nuestras suposiciones sobre culturas antiguas a menudo están basadas en nuestras creencias modernas sobre la universalidad de los roles de género en diferentes etapas del desarrollo cultural. Hay una larga tradición de considerar los relatos de mujeres que no se apegan a estas normas —desde la reina Macha Mong Ruadh en Irlanda hasta las guerreras de Escandinavia— como si fueran ficticias sólo por nuestras suposiciones de lo que las mujeres hacían en ese entonces. Constantemente nos sorprendemos por las nuevas evidencias arqueológicas que nos señalan diferentes hechos, incluso cuando la información ha estado ahí en los antiguos textos durante todo este tiempo.

“Ya no se puede afirmar que las amazonas eran figuras fantásticas que morían a manos de los héroes griegos; que los mitos de las amazonas son inventos para desalentar a las mujeres griegas de admirar a las mujeres fuertes; que las amazonas en el arte griego sólo eran sustitutos de los persas; y que no había ningún vestigio histórico que hubiera moldeado o influido la imagen de las amazonas en la literatura y el arte”, afirma Mayor.

“En lugar de tomar los mitos de las amazonas en términos de violencia machista contra las mujeres, la literatura antigua, las evidencias artísticas y arqueológicas revelan que las sociedades nómadas igualitarias existían en las estepas, y que este estilo de vida evocaba sorpresa y fascinación entre el pueblo griego”.

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Las últimas palabras de Bobby Kennedy


  (ANSA) – NUEVA YORK – A casi 50 años del asesinato de Robert F. Kennedy, el camarero que sostenía al senador moribundo en Los Angeles detalló por primera vez sus últimas palabras.

“Están todos bien?”, preguntó el senador que tenía 42 años, a lo que Juan Romero, el camarero que sostenía su mano, respondió que “sí” antes de protegerle la cabeza con sus manos, recordó en una entrevista con StoryCorps.

Juan Romero, quien tenía 17 años en el momento de la matanza de 1968 en Los Angeles, estaba trabajando esa noche de principios de junio cuando el aspirante presidencial realizó un discurso en el Hotel Ambassador.

Tras el discurso de Kennedy ante sus partidarios, luego de su victoria en las primarias presidenciales demócratas de California, fue conducido a través de la cocina del hotel, donde hizo una pausa para saludar a los empleados, incluido Romero.

“Recuerdo que extendí mi mano todo lo que pude y luego recuerdo que me estrechó la mano”, dijo Romero, quien ahora tiene 67 años, durante la entrevista. “Y cuando soltó, alguien le disparó”.

La próxima semana, el 5 de junio, se cumplirá medio siglo del asesinato de Robert Francis Kennedy, tragedia que puso fin a uno de los años más turbulentos de la historia moderna de Estados Unidos.

De acuerdo a la versión oficial, Sirhan Bishara Sirhan, un hombre de 24 años residente en Los Angeles y con ascendencia palestina, apareció disparando con un revólver de calibre 22 contra la multitud que llenaba el pasillo. Le pegó cuatro disparos al senador e hirió a otras cinco personas.

Sirhan confesó su crimen por ser contrario al apoyo político a Israel del senador y se le condenó a cadena perpetua.

“Pude sentir que una corriente constante de sangre me atravesaba los dedos”, recordó Romero, a 50 años del asesinato.

“Recuerdo que tenía un rosario en el bolsillo de mi camisa y lo saqué, pensando que lo necesitaría mucho más que yo. Lo envolví con su mano derecha y luego lo sacaron”.

Al día siguiente, Romero dijo que se sentó en un autobús cerca de una mujer que lo reconoció por una foto en el periódico. Además, “recuerdo haber mirado mis manos y había sangre seca entre mis uñas”.

El ex camarero recordó que su primera interacción con el senador de Nueva York, que buscaba la presidencia, se había producido unos días antes de ser asesinado.

El hermano de John Fitzgerald Kennedy estaba haciendo una llamada telefónica cuando el ayudante de camarero y otro empleado llegaron con el servicio de habitaciones.

“Dejó el teléfono y dijo, ‘Adelante, muchachos'”, dijo Romero. En aquel último discurso en Los Angeles, Bobby (como se lo conocía) pidió abrir un diálogo nacional.

“Sobre lo que vamos a hacer en las áreas rurales de este país, lo que vamos a hacer para aquellos que siguen pasando hambre en Estados Unidos, lo que vamos a hacer en el resto del mundo o si debemos continuar con las políticas fallidas en Vietnam”, dijo.

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Lo que dicen las páginas ocultas del diario de Ana Frank


Los investigadores muestran el texto oculto en dos páginas del diario de Ana Frank durante una conferencia de prensa celebrada en Ámsterdam.

Por Nina Siegal – The New York Times – ÁMSTERDAM — Ana Frank ocultó dos páginas de su diario en las que escribió chistes obscenos y una descripción de lo que ella llamaba “asuntos sexuales” adhiriendo papel color café sobre las páginas de su famoso cuaderno.

Sin embargo, según un anuncio hecho el martes por la Casa de Ana Frank y dos instituciones culturales holandesas, los investigadores han podido revelar el texto oculto mediante el uso de las nuevas tecnologías digitales.

Frank, la escritora adolescente que durante la Segunda Guerra Mundial narró en su diario el proceso de convertirse en mujer en un ático secreto donde se ocultaba de los nazis, pudo haber camuflado las páginas debido al contenido sexual de esas anotaciones que no quería que fuesen descubiertas por su padre o alguna de las personas que convivían en el ático.

“En ocasiones imagino que un hombre viene a preguntarme acerca de asuntos sexuales”, escribió Frank en holandés. “¿Qué podría decirle?”. Ella hace un intento por responder dirigiéndose a un interlocutor imaginario y utilizando un tono elevado con frases como “movimientos rítmicos” para describir el acto sexual y “medicamento interno”, para hablar de anticonceptivos.

También hace referencia al tema de la menstruación como una “señal de que está madura” y al de la prostitución, diciendo que “en París tienen grandes casas para ese fin”.

Peter de Bruijn, veterano investigador del Instituto Huygens de Historia de los Países Bajos, comentó que las páginas recién descubiertas no son relevantes por su contenido sexual, ya que Frank explora asuntos similares en otras partes del diario, incluso con términos más explícitos. Dijo que la relevancia del hallazgo reside en que muestra los primeros intentos de Frank por escribir con un registro más literario.

“Comienza con una persona imaginaria a quien le habla de sexo, y de ese modo crea una especie de entorno literario para escribir acerca de un tema con el que quizá no se siente cómoda”, explicó.

Las dos páginas fueron escritas en el primer diario de Ana Frank —que está forrado con una cubierta cuadriculada en color rojo con blanco— el 28 de septiembre de 1942, cuando tenía 13 años. Durante el tiempo que pasó escondida, escribió dos versiones del diario. El primero se escribió en una serie de cuadernillos, desde que cumplió 13 años el 12 de junio de 1942 hasta el 1 de agosto de 1944, y era privado.

Pero un día escuchó en la radio que el gobierno holandés en el exilio planeaba publicar historias testimoniales de las víctimas de la ocupación alemana y decidió escribir un libro basado en sus diarios que tituló El anexo secreto, el cual esperaba poder publicar después de la guerra. En unos meses escribió 215 páginas sueltas pero, en agosto de 1944, fue descubierta junto con su familia; fue arrestada y deportada. Falleció en el campo de concentración Bergen-Belsen a escasos tres meses de cumplir 16 años, en 1945.

De Bruijn dijo que Frank pudo haber adherido el papel a las páginas como una forma de autoedición conforme revisaba y preparaba su diario para la segunda versión pública.

Las páginas 78 y 79 del diario que fueron cubiertas por la autora. Los expertos usaron técnicas avanzadas de procesamiento digital para poder recuperar las anotaciones.

Los investigadores de la Casa de Ana Frank descubrieron las dos páginas ocultas en la versión original del diario mientras verificaban su estado y fotografiaban las páginas en 2016. Los cuadernos están resguardados para su conservación y solo se analizan una vez cada diez años.

La tecnología que les permitió a los investigadores poder leer las páginas cubiertas sin destruirlas no existía antes. “Las páginas pueden dañarse con el tacto, así que no las manipulamos”, afirmó Teresien da Silva, directora de colecciones de la Casa de Ana Frank. Mediante un programa de fotografía e imagen digital, pudieron descifrar el texto subyacente sin necesidad de tocar las páginas.

¿Es irrespetuoso publicar las páginas que la joven deseaba mantener ocultas?

“Puedes compararlo, por ejemplo, con descubrir que hay algo pintado debajo de una obra maestra de Rembrandt”, señaló Da Silva. “Cuando te das cuenta de algo así, quieres saber qué hay debajo porque puede darte indicios de cómo trabajaba”.

Una portavoz de la Casa de Ana Frank afirmó que el museo publicará el nuevo texto en su sitio de internet, pero lo hará únicamente en holandés, por el momento, debido a limitaciones relacionadas con los derechos de autor.

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Paul Lafargue, el yerno cubano de Karl Marx que defendía “el derecho a la pereza”


Paul Lafargue y Laura Marx estuvieron casados por más de 40 años.

Esa fría noche de París, Paul Lafargue y Laura Marx habían pactado una cita definitiva con la muerte.

En la tarde, el yerno y la hija de Karl Marx, de cuyo nacimiento se cumplen 200 años este domingo, se apuraron a resolver sus últimos asuntos pendientes: despedirse de unos amigos, ir al cine, dar una caminata por el Sena, visitar una dulcería cercana para un capricho postrero.

La decisión había sido acordada por ambos mucho tiempo antes con minuciosa frialdad. Y a esas alturas, 43 años de matrimonio, tres hijos muertos, pobreza extrema y vejez, su cotidianidad no daba espacio para las preguntas de la vacilación.

Laura lo había conocido muchas lunas antes, en una casa de paredes grises en el centro de Londres adonde llegó Lafargue cierta tarde para encontrarse con el ídolo vivo de su juventud.

Allí, entre las sombras de la penuria y la escasez, Karl Marx, el alemán de acento fuerte, barba canosa y melena, ya comenzaban a abrir las brecha de un nuevo pensamiento social en las rutas posibles de la Historia.

Pero lo que quizás no sabía Lafargue, nacido en Santiago de Cuba en 1842 del romance de un hacendado francés y una mestiza cubana, era que al tocar en aquella casa de Dean Street se abrirían ante él las puertas de un nuevo destino.

“Es posible imaginar la impresión que causó en Marx ver llegar a su casa a ese joven apuesto, de piel morena, con acento y formas del trópico”, le cuenta a BBC Mundo Leslie Derfler, profesor emérito de historia de la Universidad de Columbia.

“No sabemos lo que pasó aquel día, pero sí lo que vino después: el joven se volvió discípulo de Marx, uno de los principales difusores de sus ideas y también, su yerno”, añade Derfler, autor de la biografía Paul Lafargue y la fundación del socialismo francés.

Paul y Laura se casaron en 1868 y el cubano fue, desde entonces, no solo el primer latinoamericano en seguir de cerca y difundir el pensamiento del creador del comunismo, sino también miembro y parte de su familia.

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El derecho a la pereza cambia el patrón tradicional de considerar el trabajo como valor supremo del obrero.

Cuando el buque con destino a Francia zarpó de los muelles de Santiago de Cuba a mediados de 1851, Paul Lafargue vio esconderse entre las olas, por última vez, la silueta montañosa de la ciudad de su infancia.

En el puerto quedaron sus abuelos maternos, una india oriunda de Jamaica y un refugiado haitiano, que llegó al oriente de Cuba tras las revueltas y la revolución en la entonces isla de Saint-Domingue.

De ellos y de su madre, escribiría más tarde Lafargue, se llevó la herencia de “la sangre de tres razas oprimidas” y también un peculiar comportamiento, distante del refinado estilo europeo, por el que Marx, en más de una ocasión, le propinó regaños y rapapolvos.

De hecho, en una carta conminatoria de 1866, Marx le escribe a Lafargue que, si quiere continuar sus relaciones con Laura “tendrá que reconsiderar su modo de hacerle la corte”, en relación a ciertos excesos y toqueteos en las manifestaciones de cariño hacia su novia.

Mientras en otra, escrita cuando se encontraba ingresado en un sanatorio por una colección de males que iban desde carbunclos hasta hemorroides, le dice a su hija que ya no toleraba al “maldito Pablo” , ni “sus ideas y modales”.

“Lo cierto es que no tenemos que idealizar a Marx. Debemos tener en cuenta que fue ante todo un hombre del siglo XIX y que también cargaba con todas las convenciones sociales de esa época”, le asegura a BBC Mundo Johannes Maerks, profesor de filosofía de la Universidad de Viena.

“Marx no concebía la idea de la igualdad racial entre los seres humanos. Muchas veces se refirió a Lafargue en algunos escritos con la forma despectiva en alemán de ‘negro’ y es que Marx era una persona que tenía prejuicios raciales, como también tenía prejuicios intelectuales y académicos”, afirma el también director del Instituto de Investigación Intercultural y Comparativa de Austria.

“También hay documentos que muestran que Marx pensaba que su yerno no tenía capacidades suficientes por considerar que se trataba de un agitador del movimiento socialista”, añade.

 

Las referencias de Marx hacia su yerno han dado paso a disímiles interpretaciones en el transcurso de los años, entre quienes ven en esas referencias un juego, una muestra de cariño o la descarnada evidencia de un supuesto racismo del ideólogo del comunismo.

Enviados de Marx

Lafargue era hijo de una mestiza cubana y un hacendado francés.

Lo cierto es que, con los años, Paul y Laura se volvieron dos difusores privilegiados de las ideas de Marx en Europa y, en especial, dentro de los sindicatos de trabajadores.

“Lafargue ya era muy reconocido por sus ideas dentro del movimiento obrero francés y ayudó a interesar a la clase trabajadora, en crear una audiencia obrera, para las enseñanzas de Marx“, le explica a BBC Mundo Yohanka León, investigadora del Instituto de Filosofía de Cuba.

De acuerdo con la también profesora universitaria, tanto Lafargue como Laura se dieron a la tarea de difundir la obra de Marx en Francia y en España, donde un exilio obligado tras la Comuna de París también lo obligó a residir.

Ya para entonces, ambos se habían dado también a la colosal tarea de traducir “El capital”, la obra cumbre de Marx y una de las columnas fundacionales más complejas del pensamiento moderno.

“Se sabe que la traducción de El Capital trajo otro de los desencuentros de Marx con su yerno. Se sabe que Lafargue tenía problemas leyendo y traduciendo del alemán, por lo que se tuvo que auxiliar muchas veces de su esposa y Marx decía que estaban simplificando sus enseñanzas y sus pensamientos con las traducciones que hacían”, señala, por su parte, el biógrafo del cubano.

Pero los desacuerdos entre las interpretaciones no terminaron ahí.

Otro tuvo lugar en 1883 cuando, poco antes de su muerte, Marx encaró a su yerno por la forma en la que organizaba el movimiento obrero en Francia y los mecanismos que utilizaba para difundir su pensamiento.

El padre del comunismo científico tildó a Lafargue de usar sus ideas como “propaganda” y fue entonces cuando utilizó la célebre frase (que luego popularizó Federico Engels): “Lo que es seguro para mí es que (si ellos son marxistas, entonces) no yo soy marxista“.

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Cuando Paul Lafargue terminó de escribir esa noche, tomó una hoja en blanco, la colocó como portada del mamotreto de hojas sueltas y escribió en letras de finos rasgos un título sugerente: El derecho a la pereza.

Faltaba aún un buen tiempo antes de que el manuscrito fuera a las prensas del diario L’Egalité y que se volviera lectura obligada entre partidarios y críticos del movimiento obrero europeo de finales del siglo XIX.

Y faltaba incluso más de un siglo para que el texto se revalorara por lo que en realidad es: una sátira del mundo laboral y un juego irreverente de ideas para mezclar dos pares aparentemente opuestos: hedonismo y comunismo.

“Es un texto que propone que una sociedad emancipada no es aquella en la que se debate el derecho al trabajo, sino aquella donde se discute el derecho a la pereza, entendida en el sentido del ejercicio libre del culto a la ciencia, al arte y al entretenimiento”, explica la investigadora del Instituto de Filosofía de Cuba.

De acuerdo con la experta, en el texto Lafargue propone, desde el juego literario y la paradoja, una visión que no era precisamente europea, sino que se sitúa desde una visión antagónica, irreverente, propia de esa mezcla que él mismo representaba.

“Lo importante de volver a este cubano en estos 200 años de Marx es que Larfargue da esa otra mirada más subjetiva, valorativa, de lo que la sociedad del capital va conformando”, señala.

Derfler sostiene que el ensayo es uno de los primeros intentos de criticar el énfasis en el trabajo como un valor y reconocer en su antónimo la verdadera virtud.

Paul y Laura están enterrados en el cementerio Père-Lachaise de París.

Eligió la palabra pereza como provocación y la entiende como un derecho humano, para luego proponer disminuir las jornadas de trabajo y permitirle a los obreros un mayor tiempo de esparcimiento. En esa época era algo totalmente relevante”, asegura el profesor emérito de la Universidad de Columbia.

El derecho a la pereza fue el ensayo que le valió a Lafargue un lugar en las bibliotecas, pero Derfler asegura que no fue su único mérito.

“Yo creo que uno de sus principales logros fue aplicar el análisis marxista a diferentes campos, como la literatura. Lafargue hace una interpretación marxista de autores como Emile Zola y en ese sentido es también precursor de corrientes de análisis literarios que vendrían después”, señala el biógrafo.

“Por eso, cuando deciden suicidarse él y Laura, muchos dentro del movimiento obrero lo cuestionaron. Estaban pasando por momentos de mucha penuria y Lafargue consideraba que ya no podría hacer mayores contribuciones, por lo que era hora de terminar con su vida. Fue una decisión racional y pactada con Laura desde muchos años antes”, añade.

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Cuando regresaron del paseo, ya la noche había caído sobre París y el frío de noviembre calaba en los huesos.

Antes de entrar en su habitación, Paul y Laura dejaron comida y agua para varios días para su perro, Nino, y trataron de disimular el amargor del cianuro con el azúcar del té.

Juntaron las camas y el sol de la mañana los encontró como dos amantes de la vieja Pompeya, fundidos en el abrazo eterno de la muerte.

El jardinero y su mujer descubrieron los cuerpos un poco después.

Les llamó la atención el llanto del perro y un olor a almendras amargas que se escurría desde el cuarto.

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