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Villas miserias argentinas, historicas y vigentes…


  villa31 Por Andrés Cárdenas –  BUENOS AIRES,(ANSA) – Tras más de 70 años de olvido o de un conocimiento de culto se reedita en Buenos Aires “Las colinas del hambre”, de la escritora, periodista y guionista Rosa Wernicke, novela social fundante sobre el drama de las “villas miseria”, los asentamientos precarios aún vigentes, expandidos en las periferias de las grandes urbes argentinas desde el siglo pasado.


Se trata de una novela escrita con maestría, con precisión de relojería en el uso del acotado tiempo y espacio de la acción, en un solo domingo de primavera de 1937, en el miserable conurbano de Rosario, “la Chicago argentina”, por entonces la segunda ciudad industrial y portuaria del país.


Sin dudas Wernicke logra una novela incómoda que desnuda a través del enfoque múltiple y la inclusión coral de sus personajes, de distintas clases sociales, el drama invisibilizado de quiénes deben vivir entre los desperdicios, de modo subhumano, en los alrededores del mayor vertedero municipal de la ciudad.


La originalidad radica además en el modo de narrar que destila influencias bien direccionadas del naturalismo de Emile Zola y de los maestros realistas españoles y rusos decimonónicos, así como el uso innovador del diálogo psicológico introspectivo, que tanto impuso al gran paladar popular por esos mismos años el argentino Roberto Arlt.


Pero también se destaca y se nota el compromiso político de Wernicke cercano al marxismo y las preocupaciones sociales que compartía con su compañero, el pintor Julio Vanzo, que ilustró la primera edición del libro.


Las ilustraciones de Vanzo son retomadas con justicia por la Editorial Serapis, en esta nueva reedición, la segunda en pocos años de un libro que merecía ser “exhumado” por su enorme vigencia y la actualidad permanente de su denuncia.


Atrapa el marcado oficio de guionista de la autora, que le servía para adaptar todo tipo de textos al radioteatro como modo de vida habitual, y su agudo don de la observación de los “tipos” sociales sin caer en el estereotipo o el burdo calco prejuicioso.


En el basurero rosarino se entrecruzan las familias en ascenso que se nutren del trabajo casi esclavo del asentamiento, los ventajeros contratistas municipales y los pobres de toda pobreza que deben vender su fuerza manual y hasta sus cuerpos para subsistir en las fábricas elementales, la prostitución, la chatarrería o la cría de cerdos.


Wernicke parece operar con un microscopio, con algo de contaminación cientificista, sobre este inframundo que actúa como contracara permanente del opulento y reluciente centro de Rosario.


Así y todo sus metáforas son feroces pero no efectistas y marcan con el valor de un documento histórico el caldo de cultivo en los años 30, de la llamada “Década infame” conservadora argentina: una etapa de profunda injusticia social que desembocaría en el ascenso volcánico, desde el subsuelo sublevado del país, del primer gobierno de Juan Domingo Perón, en 1946.


Publicada originalmente en 1943 por la Editorial Claridad, “Las colinas del hambre” obtuvo el mismo año el Premio literario Manuel Musto, para caer luego en el limbo de los inhallables libros de cenáculo.


Quizás el cinismo, la incomprensión y el egoísmo que persisten en la sociedad argentina y de América Latina en general, acerca de un drama social de exclusión, sin soluciones de fondo y en constante aumento, hayan regurgitado desde el fondo del arcón de la literatura social una obra que parece escrita hoy mismo.

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