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70 aniversario del fin de la II Guerra Mundial: del horror nazi al terror rojo en Alemania


2014_12_8_ztPEPDYaRmPFqA7CgvnPk4[1]La informacion – El Día del Elba (un 25 de abril de 1945) las fuerzas aliadas lideradas por Estados Unidos y el soviético Ejército Rojo penetraron en Berlín para partir la capital del efímero Tercer Reich en dos y colocar el primer ladrillo el Muro que avergonzaría al mundo hasta 1989. Faltaban doce días para la capitulación del Nazismo y el fin de la II Guerra Mundial después de seis años en los que Europa se desangró en destrucción, odio y muerte. Aquel día, los ideólogos del nacionalsocialismo apostaron por un enfrentamiento en las calles de Berlín entre las fuerzas capitaneadas por Estados Unidos y la armada soviética. Pero erraron en sus cálculos. Hitler ya había perdido la batalla que hizo temblar los cimientos del mundo.

Hace 70 años Alemania firmaba en la localidad francesa de Reims su rendición ante los aliados. Lo hacía el 7 de mayo frente a británicos, ingleses y estadounidenses. Un día después, haría lo mismo frente a los soviéticos. Lord Montgomery leía los términos de la capitulación a lo que quedaba del Estado Mayor alemán. Churchill dijo entonces que “la rendición incondicional de nuestros enemigos fue la mayor explosión de alegría de la historia de la humanidad”. Dos de los actores principales de la contienda ya habían fallecido. El 30 de abril, Adolf Hitler -“el animal de histéricas pezuñas”, como lo describió Thomas Mann- se había suicidado en su bunker berlinés. El 12 de abril fallecía Franklin Delano Roosevelt. El presidente estadounidense perdía la vida de un modo inesperado mientras trabajaba en su escritorio.

Sin embargo, más allá de las hermosas palabras de Churchill, la rendición alemana dio lugar a un epílogo de atrocidades. El escenario propiciaba el dolor: calles sazonadas de cadáveres apilados, ciudades reducidas a escombros y una marabunta errando sin rumbo buscando calor y cobijo. La Stavka -el Estado Mayor Supremo de las Fuerzas Armadas de la Unión Soviética- reaccionó con ira ante la rendición germana ante británicos y estadounidenses y exigió que la Wehrmacht firmara su correspondiente capitulación ante los rusos.

El gobierno soviético, conocedor del sentido histórico del momento, exigió que se “ratificara” la rendición de Reims ante el Ejército Rojo. Precisamente al día siguiente, al filo de la medianoche, los generales alemanes fueron trasladados a Berlín, donde en la noche del 8 de mayo firmaron un documento similar en el cuartel general soviético situado en la localidad de Karlshorst. Suscrita la rendición, comenzó la venganza de la Madre Rusia contra el nazismo en represalía por las atrocidades cometidas por éstos en el frente soviético, especialmente en la cruda batalla de Stalingrado.

Los soviéticos entendieron la rendición como plácet para saciar su ansia de sangre y dinamitaron la Convención de Ginebra y el Derecho Internacional. Comenzaba la era del Terror Rojo. Los episodios de ejecuciones sumarias, asesinatos en masa de prisioneros de guerra, violaciones, y maltrato de civiles en los territorios polacos anexionados por la Unión Soviética y en las zonas de ocupación aliada en Alemania bajo control de la URSS se sucedieron sin misericordia. El ensañamiento de los rusos incluyó la violación de 2.000.000 de mujeres alemanas por soldados soviéticos en su avance por el Tercer Reich. Aproximadamente un 10% fueron posteriormente asesinadas.

Los historiadores de cabecera de la Unión Soviética nunca reconocieron tamañas atrocidades. De hecho, ningún miembro de las Fuerzas Armadas Soviéticas se sentó nunca en un tribunal para responder por estos crímenes. Mientras el Juicio de Nuremberg condenaba a todo oficial nazi capturado. Tras provocar la diáspora judía, Alemania contemplaba en aquellos días un éxodo de millones de sus ciudadanos que escapaban de la ira soviética.

¿Por qué perdió Alemania la II Guerra Mundial?

¿Cómo es posible que la perfecta maquinaria bélica alemana que conquistó toda Europa en apenas meses fuera derrotada en la II Guerra Mundial? Estas son algunas de las claves:

La batalla por la conquista de Inglaterra se enquistó. El miedo a la Royal Navy británica hizo que Hitler prefiriera enfrentarse a la RAF, la aviación inglesa. A los bombardeos constantes de Londres los aviadores del Reino Unido respondieron con ataques a Berlín. En esta prueba de resistencia, Churchill llegó a reconocer que si la Batalla de Inglaterra hubiese durado una sola noche más, se hubiesen rendido. Pero esa noche nunca llegó.

Hitler minusvaloró el arma con la que pudo derrotar a Inglaterra: los submarinos nazis U-Boots.

Pelear en tres frentes era una locura. Hitler lo sabía pero lo hizo igualmente. Los alemanes golpearon fulminantemente a la Unión Soviética y llegaron hasta Stalingrado. La URSS estuvo contra las cuerdas. Sin embargo, como Napoleón un siglo antes, los oficiales nazis subestimaron al General Invierno.

Sobreestimar Stalingrado frente a Moscú que era el centro neurálgico del Partido Comunista.

Hitler, absolutamente crecido con su inexorable avance inicial, se creyó poseedor de la verdad absoluta de la estrategia militar a seguir. Nunca escuchó las advertencias de sus oficiales.

Si las divisiones Panzer hubieran estado frente a Normandía, el desembarco hubiera sido el peor desastre sufrido por los Aliados en la contienda. Hitler prefirió situar al general Romell, ‘el zorro del desierto’, en el norte de África primero y ante Italia después.

La entrada de EEUU en la II Guerra Mundial con sus fábricas de armamento lejos de las dianas de la Alemania Nazi. En un principio, Estados Unidos declaró la guerra a Japón sin mencionar a Alemania. Fue el Tercer Reich quien declaró la guerra a EEUU.

El drama oculto de las violaciones masivas durante la caída de Berlín (BBC Mundo)

La actuación de las tropas de la Unión Soviética en la derrota de la Alemania nazi durante la Segunda Guerra Mundial es uno de los momentos más gloriosos de esa nación.

Sin embargo, 70 años después, la revisión de esos días finales de la guerra saca a relucir un ángulo oscuro de esa historia: las violaciones masivas de mujeres alemanas a manos de soldados soviéticos.

A continuación compartimos testimonios que, cabe la advertencia, algunos lectores pueden encontrar perturbadores.

El precio de Berlín

En las afueras de Berlín, en el parque Treptower, hay una estatua de unos 12 metros de alto, con la figura de un soldado soviético con una espada en la mano y una muchacha alemana en la otra, pisando una esvástica rota.

Así simbolizan el lugar donde murieron 5.000 de los 80.000 soldados del Ejército Rojo caídos en Berlín entre 16 de abril y el 2 de mayo de 1945.

La colosal proporción del monumento refleja la escala del sacrificio. Resulta inevitable observar la inscripción que tiene la estatua donde se lee que el pueblo soviético salvo a la civilización europea del fascismo.

Gelfand montó en bicicleta por primera vez en Berlín.

Gelfand montó en bicicleta por primera vez en Berlín.

No obstante, para muchos este memorial se llama La Tumba del Violador Desconocido.
Existen registros de innumerables casos de violaciones cometidas por tropas del Ejército Rojo en la capital alemana, aun cuando de esto no se habló en los años siguientes al final de la guerra, y particularmente es tabú en Rusia hasta la fecha.

Los medios rusos suelen calificar las violaciones masivas como mitos de Occidente, aunque muchos de los datos hallados han sido extraídos del diario de un joven soldado soviético.

El diario que narra el horror

Vladimir Gelfand era un joven teniente judío, proveniente de la región central de Ucrania, quien escribió con una franqueza brutal todos los pormenores de las atrocidades de la guerra desde 1941. A pesar de que el ejército había prohibido llevar diarios, por considerarlos un riesgo para la seguridad.

El manuscrito ha sido ampliamente publicado y pinta la situación caótica de la vida en su batallón, caracterizada por raciones miserables de comida, piojos, antisemitismo y robos (donde se robaban hasta las botas a sus compañeros).

En febrero de 1945, Gelfand estaba destacado cerca de la represa del río Oder, donde el ejército se preparaba para el golpe final sobre Berlín. Ahí cuenta cómo sus camaradas rodeaban y aniquilaban batallones de mujeres alemanas combatientes.

“Las gatas alemanas que capturábamos decían que estaban vengando a sus maridos muertos”, escribe el teniente. “Debemos destruirlas sin misericordia. Nuestros soldados sugieren apuñalarlas en sus genitales, pero yo solo las ejecutaría”.

Los diarios estaban prohibidos por ser considerados un peligro para la seguridad.

Los diarios estaban prohibidos por ser considerados un peligro para la seguridad.

Uno de los pasajes más reveladores lo escribió el 25 de abril, cuando ya habían llegado a Berlín. Gelfand cuenta que estaba dando vueltas en una bicicleta por el río Spree, cuando se topó con un grupo de alemanas que cargaban maletas y bultos.

Con su alemán precario preguntó a dónde iban y por qué habían abandonado sus hogares.
“Con horror en sus rostros me contaron lo que les había ocurrido la primera noche que arribó el Ejército Rojo a la ciudad”, escribió.

“Me clavaron aquí”, dijo una de las muchachas y se levantó la falda. “Toda la noche. Eran viejos y otros tenían espinillas. Todos se montaron por turnos. No menos de 20 hombres”, dijo antes de estallar en lágrimas.

El teniente cuenta que la muchacha de repente se le tiró encima y le dijo: “Tú puedes acostarte conmigo. Haz lo que quieras conmigo, ¡pero solo tú!”.

Para ese entonces ya los abusos y violaciones cometidas por los soldados alemanes en la Unión Soviética eran ampliamente conocidos durante los últimos cuatro años, lo cual Gelfand había conocido de primera mano mientras se abrían paso hacia Alemania.

Los alemanes atacaron primero

El hijo de Gelfand, Vitaly, cuenta que su padre vio cómo los soldados nazis acabaron con pueblos completos, matando incluso a niños pequeños. También vio evidencias de violaciones masivas.

Los soldados soviéticos distribuyeron comida entre los berlineses.

Los soldados soviéticos distribuyeron comida entre los berlineses.

El ejército alemán supuestamente era una fuerza bien organizada compuesta por arios que no contemplaban tener sexo con lo que ellos consideraban como subhumanos.

No obstante, de acuerdo con el historiador de la Escuela de Altos Estudios de Economía en Moscú, Oleg Budnitsky, esa prohibición fue abiertamente ignorada.

De hecho, los oficiales nazis estaban tan preocupados por los casos de enfermedades venéreas que establecieron una cadena de burdeles militares a través de los territorios ocupados.

Es difícil constatar como fueran tratadas las rusas por los soldados alemanes, dado que la mayoría no sobrevivió a la ocupación, pero el Museo Ruso Alemán en Berlín, dirigido por Jorg Morre, muestra una fotografía del cadáver de una mujer tumbado sobre el suelo, tomada en Crimea por un soldado alemán.

“Luce como si ella hubiese sido asesinada al ser violada o después. Su falda está levantada y sus manos están sobre su cara”, dice Morre.

La hora de la venganza

Cuando el Ejército Rojo inició su marcha hacia Alemania, llamada por la prensa soviética como “la guarida de la bestia”, se publican posters alentando a los soldados a mostrar su rabia: “Soldado: ahora estás en tierra alemana. Llegó la hora de la venganza”.

El historiador Antony Beevor cuenta que mientras realizaba su investigación para desarrollar el libro “La caída”, en 2002, encontró documentos de violencia sexual en los archivos de la Federación Rusa. Habían sido recabados por la policía secreta y enviados a su jefe, Lavrentiy Beria, a finales de 1944.

“Estos fueron presentados a Stalin. Ahí están los reportes de violaciones masivas en Prusia Oriental, y de cómo las alemanas preferían matar a sus hijas y a ellas mismas para evitar ese destino”, señala Beevor.

Adaptarse para sobrevivir

Otra fuente de información es el diario de la novia de un soldado alemán, donde se lee que las mujeres se adaptaban a terribles circunstancias con tal de sobrevivir.

Empezando el 20 de abril de 1945, diez días antes de que Adolfo Hitler se suicidara, la autora anónima describe las escenas de sus vecinos durante los bombardeos a Berlín.

La mujer cuenta que las personas corrían hacia el refugio que había en su edificio y menciona a un “joven de pantalones grises y lentes, que al mirarlo más de cerca resultó ser una mujer”.

También describe a tres hermanas ancianas que permanecían abrazadas todo el tiempo y que solían bromear diciendo: “Mejor un Russky (ruso) encima, que en un Yank (yanqui) en la cabeza”. En otras palabras, que era preferible una violación a ser pulverizadas por los bombardeos estadounidenses.

Cuando los soviéticos llegaron, las mujeres la pidieron a la diarista que usara su conocimiento del ruso para hablar con el oficial al cargo, así que ella salió del refugio y habló con él, pero éste solo se encogió de hombros. “Pasó lo que iba pasar de todas formas”, escribió luego.

Los soldados aprovecharon que los vecinos se mantuvieron encerrados en el refugio para violarla brutalmente y casi estrangularla. Cuando los vecinos salieron, la encontraron con sus medias caídas hasta los zapatos. En la mano todavía tenía uno de los tirantes de su sostén.

Ella comenzó a gritarles: “¡Cerdos, dejaron que me violaran dos veces seguidas y me dejaron ahí tirada como si fuera basura!”, se lee en el diario.

Berlín fue arrasada por los bombardeos aliados.

Berlín fue arrasada por los bombardeos aliados.

Luego comprendió que para mantenerse a salvo de las violaciones masivas tenía que encontrar un “lobo” que la protegiera. Comenzó una relación menos violenta y más transaccional con un oficial de Leningrado.

“De ninguna manera puedo decir que me violara. ¿Lo hago por tabaco, azúcar, mantequilla, velas y carne en lata? Hasta cierto punto estoy segura. Además, mientras menos quiere de mí, más me gusta como persona”, escribió.

El diario fue publicado en 1959 con el título “Una mujer de Berlín”, pero generó fuertes protestas del público por considerar que el libro dañaba la reputación de las mujeres alemanas.

Nuevas denuncias 70 años después

El 70 aniversario del fin de la guerra trajo consigo nuevas investigaciones y denuncias de abusos sexuales cometidos por los Aliados –soldados estadounidenses, británicos, franceses y soviéticos-, que han comenzado a surgir.

Sin embargo, el sentimiento liberador para la mujeres se materializó en 2008 con el estreno de la película Anónima, una adaptación del libro “Una mujer de Berlín”, produciendo un efecto catártico para muchas víctimas que habían permanecido en silencio hasta entonces.

Una de ellas es Ingeborg Bullert, hoy de 90 años de edad. La mujer cuenta que cuando llegaron los soviéticos a su barrio en Berlín, había tanques en la calle. Como todos se refugió en el sótano de su edificio.

La mujer pensó que iba a morir.

La mujer pensó que iba a morir.

Una de las noches de bombardeo, salió del refugio y fue a buscar a su apartamento un pedazo de cuerda para colgar una lámpara. De repente la sorprendieron dos soldados soviéticos que la sometieron con pistolas.

“Me violaron los dos. Pensé que me matarían”, recuerda. Ingeborg nunca contó su amarga experiencia, le parecía muy difícil decírselo a alguien. “A mi mamá le gustaba alardear con que a su hija no la habían trocado”, relata.

Nunca se sabrá el número de víctimas

Solo entre junio de 1945 a 1946 hubo 995 peticiones de abortos en uno de los distritos de Berlín. Los archivos tienen reportes escritos a mano con escritura infantil, denunciando violaciones en la sala de sus casas frente a sus padres.

Pero probablemente nunca se sepa una cifra definitiva de víctimas. Fuentes de información de los tribunales militares permanecen clasificadas.

Los soviéticos izaron su bandera sobre el parlamento alemán.

Los soviéticos izaron su bandera sobre el parlamento alemán.

El congreso ruso aprobó una ley en la que cualquiera que denigre de la actuación de Rusia durante la Segunda Guerra Mundial enfrentará multas y hasta cinco años de prisión.

Vitaly Gelfand, hijo del diarista Vladimir, no niega que muchos soldados soviéticos mostraron valor y sacrificio durante la guerra, pero esa no es toda la historia.

“Si las personas no quieren conocer la verdad, se engañan ellos mismos. El mundo lo entiende, Rusia lo entiende y las personas que hacen esas leyes para difamar el pasado también lo entienden. No podemos avanzar hasta que no miremos atrás”, concluye Vitaly.

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