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Tetas por un día: el nuevo objeto del deseo (¿Sin tetas no hay paraíso?)


image548ccd1d5a9ff8.83228425Diario Los Andes/Mendoza/Argentina – Como con la Cenicienta, el hechizo no dura más que un suspiro. Le sucedió a la actriz y asesora de imagen neoyorquina, Amanda Sanders, que quiso pasar un fin de semana en el Caribe con su flamante novio y decidió probar un procedimiento al que se atreven cada vez más mujeres y es el nuevo objeto del deseo en Estados Unidos: son apenas 24 horas en las que una puede sentir en su cuerpo y disfrutar las lolas que toda la vida soñó. Pechos reales, perfectos, por un día. Transcurrida la magia, todo vuelve a la normalidad.

En su consultorio en el elegante Upper East Side de Nueva York, entre las avenidas Madison y Park, el cirujano plástico Norman Rowe, creador del método que bautizó Instabreast, cuenta cómo logra el milagro.

Parece muy sencillo: inyecta solución salina en el borde de las aureolas de las mamas las que, según la cantidad que se aplique, se “inflan” con el tamaño deseado. A las 24 horas ese líquido, que se usa habitualmente en cualquier procedimiento médico, se reabsorbe en el cuerpo y se elimina naturalmente.

“En realidad no es como Cenicienta, que todo termina de repente. Es gradual”, sonríe Rowe, de 46 años. De a poco, el pecho vuelve a ser como antes.
“Cuando venían al consultorio para hacerse un implante de mamas, a las mujeres se les hacía una simulación en la computadora o se les colocaba un relleno en el corpiño para que probaran qué tamaño les quedaba mejor.

Pero ellas siempre decían que no era lo mismo que sentir el volumen en el cuerpo”, cuenta Rowe. Al cirujano, que ya venía utilizando este líquido en el rostro, se le ocurrió hace dos años aplicarlo a las mamas y fue el pionero en este método, que ya es usado por otros especialistas en Manhattan.

“La belleza de esta técnica es que pone volumen real a la mama, le da una idea a la mujer de cómo se siente, cuál es el tamaño que quiere”, señala.
Pero en poco tiempo las mujeres comenzaron a darle otro uso.

“No lo diseñé para eso, pero muchas se hacen el procedimiento cuando tienen un evento esa noche. Van a fiestas, compromisos, cumpleaños, casamientos. Muchas mujeres lo hacen un día en especial. Los viernes a la tarde es el momento de mayor demanda”, afirma.

Es el caso de Amanda Sanders, de 41 años, madre de dos hijos, que trabaja en la serie “Housewives of New York” y es una importante asesora de imagen de Manhattan.

En un artículo publicado en The New York Times, cuenta que decidió hacerlo para viajar con su novio. “Valió la pena”, señaló. “Pude lucir pequeñas bikinis que me hacían sentir sexy”, contó.

El doctor Rowe busca ir más allá: está trabajando en un nuevo elemento que se pueda inyectar en las mamas pero que dure más de un día, entre dos y tres semanas.

“En ese caso, puede ser usado, por ejemplo, para salir de vacaciones”, señala. Esto es más complicado porque la solución salina no alcanza para ese efecto y cualquier otro compuesto que se utilice en el cuerpo debe pasar por la autorización de la Food and Drug Administration.

Rowe hace 30 “Instabreast” por mes, que demandan 20 minutos, sin anestesia. Cobra 2.500 dólares, pero a la paciente se le descuenta si luego decide hacerse el implante, que cuesta al menos U$S 7.000.

“La mitad quiere probar el método de las 24 horas. De los que lo hacen, un 75% quiere luego la cirugía; un 25% no quiere luego el implante porque dicen que no se sienten cómodas o que al marido no le gusta. Eso es muy importante porque evitan la operación”.

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