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La fuerza de policía más antigua que el país al que sirve


140717225307_carabinieri_italy_624x351_gettyDany Mitzman/BBC – Este año el Arma de Carabineros de Italia cumple 200 años, más que el propio país. Dany Mitzman, de la BBC, se pregunta por qué Italia tiene dos fuerzas policiales y qué es lo que hace tan especial a ésta.

Siempre me ha intrigado el hecho de que Italia tenga dos fuerzas de policía, aunque a los italianos no les parece para extraño.

Si uno pregunta “¿por qué dos?” responden, a modo de explicación insatisfactoria, que la polizia es la policía regular estatal, mientras que los carabinieri son parte del ejército.

La verdadera razón es un capricho de la historia.

Los carabineros son realmente más antiguos que Italia. Su fuerza fue fundada por Víctor Manuel I, duque de Saboya y rey de Cerdeña, casi medio siglo antes de que existiera la Italia moderna.

Su nombre viene de la carabina, el rifle que llevaban tradicionalmente.

Entre la gente famosa que han arrestado a lo largo de los últimos dos siglos, pueden presumir de uno de los padres fundadores de Italia, Giuseppe Garibaldi, dos veces.

Cuando Italia fue unificada, el cuerpo real de carabineros mantuvo su presencia militar a nivel nacional, efectuando labores de orden público, funcionando en muchos sentidos como un duplicado de la fuerza policial.

Objeto de chistes

De hecho, es probable escuchar a un italiano amenazar con llamar a los carabineros como si fueran la policía.

Para uno, se marca el número de teléfono 112; para el otro, 113. Pero la mayoría de italianos que consulté no sabían cuál era cuál, a pesar de que en el costado de los autos de los carabineros dice 112.

Y al igual que la policía, son amados y odiados por igual: aclamados por sus actos de valentía o condenados por su violencia excesiva.

Pero si hay una cosa por la que son más conocidos es por ser el blanco nacional de chistes políticamente incorrectos: así como los ingleses toman el pelo a los irlandeses, los italianos lo hacen a los carabineros.

Satirizados con regularidad en el cine y la televisión, su archivo de regulaciones históricas no los ayuda a sacudirse la imagen cómica.

Por ejemplo, su estricto protocolo de bigote, barba y patillas pasó de no permitir que se usaran del todo, a un poco, hasta “un vello facial está bien siempre y cuando se recorte”.

En un momento dado, hubo al mismo tiempo una directiva que le permitía a los oficiales de más alto rango usar bigotes y otra que los prohibía por completo. Hay quienes llaman a eso “lógica de carabineros”.

Un cuerpo militar

Bromas aparte, históricamente ha sido una carrera solitaria por dos razones: a los carabineros no se les permitía servir en la región en que vivían y estaban sujetos a normas muy restrictivas en cuanto al matrimonio.

Hasta hoy en día quedan ecos de esas antiguas regulaciones. No pueden regresar a trabajar en su región natal hasta que hayan servido al menos ocho años.

Por eso es que en las rutas de trenes de larga distancia es tan común compartir un vagón con algún carabinero joven y fuera de servicio que va a casa o regresa de vacaciones.

En la somnolienta ciudad satélite de Pianoro, cerca de Bolonia, los carabineros locales son amigables.

Uno de ellos, que prefiere no dar su nombre, habla con entusiasmo sobre su trabajo.

Siempre quiso ser carabinero y muestra con orgullo las estrellitas en su charretera: “La policía no las tiene, porque son un servicio civil. Nosotros somos un cuerpo militar. Tenemos un entrenamiento muy diferente”.

Le pregunto qué es lo diferente y explica que todo está en su relación con los ciudadanos.

“Hasta en la montaña más pequeña y en comunidades rurales encontrarás una de nuestras estaciones”, se jacta.
Hay 4.605 de ellos en toda Italia y él afirma que su papel es ayudar a la gente local.

“Confían en nosotros. Cuando hay un terremoto, una inundación o cualquier clase de desastre, somos quienes brindan apoyo inmediato”, señala.

Del sur, como la mafia

Sé por su acento que no es del norte. Le digo que nunca conocí a un carabinero que no fuera del sur.

Asiente. “Es cierto, la mayoría lo somos. Yo diría que un 70% de toda la fuerza. No sólo del sur, sino de cuatro regiones en particular: Sicilia, Campania, Calabria y Puglia. En esta estación, todos menos uno somos de Campania”.

Él afirma que no es coincidencia que tantos carabineros provengan precisamente de las mismas cuatro regiones de Italia que las cuatro organizaciones mafiosas: la Cosa Nostra, la Camorra, la ‘Ndrangheta y la Sacra Corona Unita.

“Hay dos razones por las cuales uno se convierte en carabinero”, me cuenta. “La principal es un sentido de justicia y rivalsa (represalia o venganza)”.

Cuando uno crece en ese ambiente, explica, tiene que elegir un bando. “Hacerse carabinero es como declarar: ‘Escojo la legalidad'”.

La segunda razón es que simplemente es una profesión que brinda estabilidad laboral.

Lo más duro, admite, es estar tan lejos de tu familia y del terruño.

Pero agrega que vale la pena: “He estado 17 años en la fuerza y sí, me gustaría ser transferido algún día a mi tierra, aunque por ahora estoy contento aquí”.

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