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Los secretos que revelan los pergaminos de Herculano


131223171228_papyrus_good_king_infrared_624x351_bbcRobin Banerji/BBC – La exhibición de 2013 en el Museo Británico dedicada a las ciudades romanas de Pompeya y Herculano, enterradas bajo las cenizas durante una erupción del monte Vesubio, fue un éxito. ¿Habrá bajo tierra tesoros aún mayores, incluidas obras perdidas de la literatura clásica?

Durante siglos, los académicos han buscado trabajos perdidos de literatura antigua griega y latina. En el Renacimiento, se encontraron libros en bibliotecas monásticas. A fines del Siglo XIX se hallaron rollos de papiro en las arenas de Egipto. Pero únicamente en Herculano -sur de Italia- se ha descubierto una biblioteca entera del antiguo Mediterráneo.

Antes de la catástrofe ocurrida en el año 79 después de Cristo, Herculano era un elegante balneario en la Bahía de Nápoles, donde muchas familias importantes de Roma descansaban y se recuperaban durante el verano.

Allí también exhibían su superioridad cultural los romanos más ricos, como Lucio Calpurnio Pisón, suegro de Julio César.

Pisón construyó un palacio de más 220 metros de ancho. Cuando fue excavado a mediados del Siglo XVIII, tenía más de 80 estatuas de bronce y mármol de calidad óptima.

Cuando quiso hacer alarde cultural, Jean Paul Getty copió la villa de Pisón para su propio museo Getty en Malibú, California.

La gran villa de Pisón, conocida como la Villa de los Papiros, también contiene la única biblioteca sobreviviente del mundo clásico. Es una colección relativamente pequeña, de unos 2.000 rollos, que la erupción casi destruyó pero preservó simultáneamente.

Una explosión de gas del volcán a 400°C carbonizó los rollos de papiro, antes de que la ciudad quedase enterrada bajo una fina ceniza volcánica que después se enfrió y solidificó.

Desafortunados papiros

Cuando los excavadores y cazadores de tesoros exploraron la villa en el Siglo XVIII, confundieron los rollos con trozos de carbón y troncos quemados. Usaron algunos como antorchas.

Una vez que se dieron cuenta de lo que eran, el desafío fue ver cómo abrirlos.

Algunos fueron cortados con un cuchillo de carnicero, con resultados predecibles y lamentables. Un curador del Vaticano, Antonio Piaggio (1713-1796), inventó una máquina para abrirlos delicadamente. Pero era una labor lenta: tomó cuatro años desenrollar el primero. Y los rollos tendían a despedazarse.

Los fragmentos obtenidos con la máquina de Piaggio eran frágiles y difíciles de leer. “Son negros como un periódico quemado”, dice Dirk Obbink, catedrático en papirología en la Universidad de Oxford, en Reino Unido, que trabaja con los papiros de Herculano desde 1983.
Bajo la luz normal el papel chamuscado luce “negro brilloso”, relata, mientras que “la tinta es color negro opaco y tornasolado”.

Leerlo “no es muy agradable”, agrega. De hecho, cuando Obbink comenzó a trabajar con ellos, los fragmentos eran terriblemente difíciles de leer. En algunas piezas no se distingue nada.

En otras, se pueden identificar pocas letras con microscopios y movimientos continuos para darles luz.

Mientras, los fragmentos se destrozan. “Al final, había polvo negro sobre la mesa. No quería ni respirar”.

Se hizo la luz

Esto comenzó a cambiar hace 15 años.

En 1999, científicos de la Universidad Brigham Young, en Estados Unidos, examinaron los papiros con luz infrarroja. A una longitud de onda de 700-900 nanómetros, fue posible lograr un buen contraste entre papel y tinta. Empezaron a aparecer las letras. En lugar de tinta negra sobre papel negro, veían líneas negras en un fondo gris pálido.

La capacidad de los académicos de rearmar los textos mejoró notablemente. “La mayoría de nuestras lecturas previas eran erróneas”, señala Obbink. “No lo podíamos creer. Estábamos ‘cegados’ por las lecturas reales. El texto no era lo que pensábamos y ahora tenía sentido”.

En 2008, se logró otro avance por medio de imágenes multiespectrales. En vez de tomar una sola imagen de un fragmento de papiro con luz infrarroja (a 800 nanómetros), la nueva tecnología toma 16 imágenes diferentes de cada fragmento a distintos niveles de luz y crea una imagen compuesta.

Con esta técnica, Obbink no sólo busca aclarar las viejas imágenes infrarrojas, sino mirar nuevamente fragmentos previamente imposibles de leer. El detalle de las nuevas imágenes es tan bueno que se puede comparar fácilmente la escritura entre fragmentos, lo cual debería ayudar a reconstruir los textos perdidos de varios fragmentos huérfanos.

¿Qué han logrado descifrar? ¿Los poemas perdidos de Safo, más de 100 obras de Sófocles o los diálogos perdidos de Aristóteles? Bueno, no exactamente.

Pese a haber hallado material en Italia, casi todo lo recuperado está en griego. Tal vez el hallazgo más notable sea un tercio de “Sobre la Naturaleza”, obra perdida del filósofo Epicuro.

Pero muchos de los textos surgidos hasta ahora son de un seguidor de Epicuro: el filósofo y poeta Filodemo de Gadara, quien se cree murió en Herculano entre 40 y 35 a.C. Tantas de sus obras están presentes y duplicadas, que David Sider, profesor de la Universidad de Nueva York, Estados Unidos, cree que lo que se ha encontrado hasta ahora es la biblioteca de Filodemo, cuyo patrón era Pisón.

No se han desenrollado todos los rollos de la villa y, debido al daño que sufren en el proceso, el trabajo está suspendido. ¿Sería posible leerlos virtualmente, sin desenrollarlos?

En 2009, dos rollos de Herculano sin abrir, pertenecientes al Instituto de Francia en París, fueron escaneados en un tomógrafo computarizado, empleado normalmente en procedimientos médicos. La máquina, que puede distinguir tejidos corporales y producir una imagen detallada de los órganos internos, revelaría potencialmente la superficie interna del rollo.

Fue una tarea inmensamente difícil, porque estaba bien enrollado y arrugado.

“No pudimos desenvolver numerosas secciones del rollo y aplanarlas en imágenes bidimensionales; se ve claramente la estructura del papiro: fibras y arena”, comenta el doctor Brent Seales, profesor de informática de la Universidad de Kentucky, EE.UU., que encabezó el esfuerzo.

Pero la máquina no pudo distinguir “la química de la tinta de la del papel”, dice. Desafortunadamente la tinta antigua no contiene metal.

Seales continúa analizando datos producidos por la tomografía de 2009. También empezó a probar una nueva forma de leer los rollos, usando un haz de un acelerador de partículas.

Otros están más preocupados porque haya más rollos por descubrir en la villa.

Richard Janko, profesor de estudios clásicos en la Universidad de Michigan, está “bastante seguro de que hay más”.

Primero, la villa perteneció a los aristócratas romanos Lucio Calpurnio Pisón y su hijo homónimo, de modo que según Janko habría una biblioteca latina, así como la griega ya descubierta.

Segundo, afirma que la villa no era meramente una residencia vacacional, sino un mouseion, una especie de museo para mostrar una colección de espectaculares obras de arte y literatura. Si este mouseion tuvo literatura para comparar sus esculturas, deberíamos esperar algo más impresionante que las obras de un filósofo secundario como Filodemo. Incluso una edición temprana de la Eneida, ya que Virgilio y Filodemo se conocieron.

Tercero, los rollos aparecieron en varios lugares de la villa. Aunque algunos estaban en estantes y armarios, otros estaban apilados en el suelo y empacados en cilindros (capsae) en los que los transportaban. ¿Los llevarían de otra parte desconocida del edificio, donde hay más rollos?

Robert Fowler, profesor de la Universidad de Bristol, Reino Unido, puntualiza que cerca del cuarto donde encontraron muchos de los rollos -y en el mismo nivel- hay una sección sin excavar.

El ingeniero suizo Karl Weber, que encabezó la excavación de la villa en la década de 1750, “fue derrotado por la naturaleza del material en el sitio adyacente a los rollos encontrados”, dice.

La villa también tiene tres niveles. Sólo el superior ha sido sustancialmente explorado hasta ahora, pero en la década de 1990 quedaron parcialmente reveladas otras dos capas. En el piso medio, los arqueólogos descubrieron una gama de habitaciones bien amobladas con vista al mar, algunas de las cuales fueron abiertas. ¿Guardarían allí lo mejor?

Hasta ahora, tenemos conjeturas. Sólo la excavación dará pruebas. Pero Fowler aún espera que la villa contenga una “bonanza” literaria. Está seguro que algún día podremos releer los antiguos rollos.

Las autoridades italianas se resisten a permitir más excavaciones, argumentando que perjudican a los residentes de la moderna ciudad de Ercolano, construida literalmente sobre Herculano. También expresan que quedan sin leer entre 300 y 400 de los rollos originales.

Entretanto, Fowler intenta mantener la presión. Considera que quizás tengamos 10% de las grandes obras de la literatura clásica, así que cualquier probabilidad de recuperar el resto es preciosa.

“Imagínese que hubieran dos obras de Shakespeare que nunca hemos leído y que se creen bajo tierra en un lugar particular: ¿cree que cuestionaríamos la decisión de excavarla?

¿Dudaríamos?”.

Y si necesitáramos otra razón para apurarnos, siempre está el volcán. El Vesubio ha entrado en erupción varias veces en los últimos 200 años, la última en 1944. Como indica Janko, otra gran erupción podría acabar con nuestra oportunidad de recuperar esa antigua literatura para siempre.

Los rollos de la Villa de los Papiros

Unos 2.000 rollos han sido recuperados de la villa, de los cuales se han desenrollado entre 1.600 y 1.700.

Son mayormente obras filosóficas en griego, muchas de Filodemo de Gadara, identificado como el autor de 44 rollos y probable autor de otras 120 secciones.

Otras obras incluyen una comedia en latín por Cecilio Estacio, llamada “Faenerator” o “El Usurero”, sobre un joven que pide dinero prestado a un alto interés para recuperar a su novia de las manos de un proxeneta.

Bibliotecas perdidas

Durante el período helenístico (323 a 31 antes de Cristo) hubo varias bibliotecas importantes en el mundo Mediterráneo, siendo la mayor la de Alejandría, establecida alrededor del año 300 a.C., dañada en 48 a.C. y probablemente destruida en tiempos del emperador romano Aureliano (270 a 275 después de Cristo).

La más cercana rival de Alejandría fue la biblioteca de Pérgamo, en lo que hoy es Turquía.
La conquista romana del reino de Macedonia en 168 a.C. condujo a la incautación de su biblioteca imperial, que fue trasladada a Roma.

Durante el Imperio Romano, se construyeron grandes bibliotecas en Roma, generalmente con edificios separados para obras en latín y griego; un catálogo de edificios de Roma desde 350 d.C., 60 años antes de que la ciudad fuera incendiada y saqueada por los visigodos, enumera 29 bibliotecas públicas en la ciudad, todas perdidas ahora.

Obras perdidas

Tenemos quizás solamente un 10% de las principales obras de la literatura clásica, según Robert Fowler. La mayoría de los trabajos en casi todos los géneros se ha perdido. Las obras perdidas que sueña con hallar incluyen:

Esquilo: sólo sobreviven siete de sus 80 obras.

Aristófanes: sobreviven 11 de sus 40 obras.

Quinto Ennio: su poema épico “Annales”, está casi enteramente perdido.

Eurípides: 18 de sus 90 obras sobreviven.

Tito Livio: tres cuartas partes de su “Historia de Roma” están perdidas.

Safo de Lesbos: la mayor parte de sus nueve libros de poemas líricos está perdida.

Sófocles: sólo sobreviven siete obras enteras de las 120 que escribió.

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