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Locales “chic” esconden a clientes feos


Restaurante1Por Paolo Levi/ PARIS,(ANSA) – El grupo Costes, propietario de restaurantes de lujo en Francia, impartió severas reglas sobre la ubicación de sus clientes en función de su fealdad o belleza, según trascendidos publicados por el semanario satírico Le Canard Enchainé, que desencadenaron una ola de polémicas en París.

La capital francesa ya se había acostumbrado a los impiadosos “physio”, los fisonomistas que tienen el poder de arruinar una velada, decidiendo según el aspecto físico si se puede o no entrar en una discoteca.

Pero que hubiera una selección semejante para también la asignación de lugares en el restaurante era algo difícilmente imaginable.

Y sin embargo, según contaron al Canard dos ex empleados de “Georges” -un restaurante de ultralujo en el último piso del Centro Georges Pompidou, con una vista asombrosa sobre París- al parecer la dirección indicó a los gerentes que dividieran a los clientes en dos categorías según su aspecto.

Los “bellos” debían ser ubicados en las mesas más a la vista. Y los “no bellos” -es decir los feos- debían ser enviados a la retaguardia, en los lugares más ocultos de las miradas.

Una distinción fundamental, que las camareras -también ellas seleccionadas con criterios muy rígidos, con físicos de modelos y nunca más allá de los 30 años o menores a 1,70 metros- deben poder captar a la primera mirada.

A menudo, agregó el diario, es el mismo propietario del grupo, Gilbert Costes, quien desembarca personalmente en los restaurantes para enseñar el arte de “gestionar” la clientela.

“Nos imparte los principios de la casa, de los que está muy orgulloso, ya que fue él quien los inventó: ‘Están las personas bellas, que se ponen aquí. Están las personas no bellas, que se ubican allá’. No es nada complicado”, contó una de las ex camareras citadas por el Canard.

Naturalmente, la distinción no vale para personajes VIP y celebridades, que -feos o lindos- siempre son ubicados “en primera fila”.

En este contexto, las reservas por teléfono se convierten en un auténtico dolor de cabeza para los gerentes de los restaurantes Costes, ya que en este caso no es posible distinguir la llamada de un “bello” y un “no bello”.

Por eso, a quien llama para pedir una buena mesa se le da la siguiente respuesta estándar: “Haremos lo posible, pero no podemos garantizar nada”. Luego será el camarero, una vez que el inocente comensal haya llegado al lugar, el encargado de evaluar si merece o no sentarse en la mejor mesa.

Contactadas por ANSA, fuentes del grupo Costes -que tiene también otros restaurantes de lujo como el Café Marly y el Matignon- desmintieron la noticia.

“No hay ninguna regla de este tipo. Sería horrible, no estamos en 1939”, afirmaron fuentes del grupo Costes, aludiendo a las políticas de eugenesia nazi durante la Segunda Guerra Mundial.

Para la dirección de Costes, se trata seguramente una “venganza de dos ex empleados, cargados de odio en contra de nosotros”.

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