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Dichos y gestos italianos fascinan al mundo


'Montoncito', un gesto tan fascinante como italiano (foto: Ansa)

‘Montoncito’, un gesto tan fascinante como italiano (foto: Ansa)

(ANSA) – ROMA – La gestualidad, ciertas palabras o frases, la moda y las pequeñas cosas conforman la “italianidad”, un estilo amado en todo el mundo y que se impone superando la barrera del idioma.

 
Así lo determinaron los desarrolladores de Babel, una aplicación para hablar distintas lenguas de inmediato, especialmente en ámbitos laborales o viajes de negocios donde, en general, se impone el inglés.

 

En Babel trabajan 450 personas provenientes de 39 países, por lo tanto, tiene autoridad para hablar de multiculturalismo. Si bien en el interior de la empresa se habla en inglés para facilitar la comunicación entre todos, no puede decirse que allí reine un ambiente neutro que descarte lo modos de expresión de personas que tienen otras lenguas maternas.

 

Los colaboradores de Babel hicieron una “lista de estilo” en la que los italianos tienen un puesto de honor: y no solo en el interior de la empresa, sino en todo el mundo. ¿Los motivos? En Argentina, Noruega, Africa o Japón no hace falta explicar el típico gesto italiano de “hacer montón con los dedos de la mano” para interrogar con cierto ímpetu a un interlocutor. Las manos y los gestos en general juegan un rol muy importante en el “ser italiano” o para ser reconocido como tal.

 
También el significado de ciertos dichos, acaso multiplicados a través del cine o la literatura, son reconocidos en cualquier parte del mundo globalizado. La frase “in bocca al lupo” (literalmente, “a la boca del lobo”) significa el deseo de buena suerte y es comprendido ya por cualquier persona, no importa que hable italiano. Ni hablar de la muy típica “Mamma mia!” (Madre mía!), que si va acompañada del gesto de tomarse la cabeza con ambas manos…es para alarmarse.

 
La moda y la italianidad van de la mano, sin duda. Muchas ciudades miran a Milán, una de las grandes capitales mundiales del diseño, a la hora de renovar el guardarropas.

 
Sin embargo, el estilo del “Bel Paese” se advierte también en las pequeñas cosas. Por ejemplo, en cómo preparar un buen café y, especialmente, cómo y cuándo beberlo: jamás se pide un cappuccino después del almuerzo!. La costumbre se ha extendido en toda Europa y también en otros continentes, donde las cafeterías italianas impusieron su impronta en la vida cotidiana.

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¿Quiénes son y qué hacen los doctores que ayudan a las mujeres a tener orgasmos?


El paladar cafetero está cambiando


epa04128997 A picture made available on 16 March 2014 shows clients in Cafe Restaurant La Romana in downtown Bogota, Colombia, 11 March 2014. Cafe bars in downtown Bogota, which were meeting places for artists, intellectuals and figures of political and economic elite in the 20th century, have become en vogue again after decades due to a revitalization program supported by the Mayor's office of Bogota called 'Bogota in a coffee'.  EPA/MAURICIO DUENAS CASTANEDA

EPA/MAURICIO DUENAS CASTANEDA

(ANSA) – BOGOTA – Hasta hace unos años, los colombianos bebían café en las mañanas como una suerte de energizante para soportar el día y poco les importaba su sabor y consistencia, pero eso cambió y ahora los paladares locales son más exigentes con la bebida nacional.

 
No hay fecha ni un hecho particular que dé cuenta del momento en que ese cambio se produjo, pero pasó y muestra de ello son la cantidad y variedad de tiendas de café que abundan en las grandes ciudades y en los pequeños pueblos.

 
Hay un relato en las zonas cafeteras que revela la contradicción entre el país elogiado por su café suave y la nación que bebía tazas del grano sin un atisbo de conciencia.

 
En ese relato, que es real, a las mujeres en las fincas cafeteras les regalaban los granos de baja calidad durante la selección y esta a su vez vendía ese producto a los procesadores locales que lo tostaban, molían, empaquetan y convertían en el café que se consumía en la mañanas.

 
Aquello lo llamaban “café pasilla” y varias generaciones crecieron tomando esa bebida, que solía ser enmascarada con cucharadas de azúcar.

 
“Los colombianos poco a poco han ido entendiendo el significado de la calidad y el valor de café”, le dijo a ANSA Rodrigo Alarcón, coordinador del Laboratorio Central de Almacafé, encargada de la logística para el almacenaje y exportación del grano de la Federación Nacional de Cafeteros (FNC).

 
Alarcón ha acumulado décadas de conocimiento sobre el grano, desde las distintas formas de producción, hasta las maneras de entender y definir las características sensoriales de la bebida.

 
En sus palabras, el café se compone de “acidez que son como las agujitas que pican en la lengua, cuerpo es tomarse un taza y diez minutos después tener vivo su sabor, suavidad es la ausencia de resequedad en la boca y dulzura es haberle echado azúcar al café sin habérsela puesto”.
Colombia ha experimentado varias etapas en su relación con el café: en los años 50 del siglo pasado la Federación se esforzó por diferenciar el grano local en el mercado internacional por su suavidad y a inicios de los 60 creó el personaje de Juan Valdez como vehículo publicitario.

 
Luego, en los años 80, emprendió una gran campaña en Estados Unidos para convencer a los consumidores de ese país de que se trataba de un producto sofisticado y a finales de los 90 apostó por los “café especiales”, con lo que amplió las variedades en sabor, textura y valor.

 
Fue en esa última etapa donde surgieron la tiendas de café, incluidas las de Juan Valdez, ahora esparcidas por varios lugares del mundo, y cuando los colombianos empezaron a entender en qué consistía la bebida que consumían.

 
“Los cafés se deben tomar preferiblemente sin azúcar; un buen café no necesita azúcar, se bebe como un buen vino, como un buen queso, como un buen whisky”, agregó Alarcón.

 
Eso lo entendieron los hermanos Gustavo y Juan Pablo Villota, la tercera generación de cultivadores del Café San Alberto, producido en una hacienda en Buena Vista, en el departamento cafetero del Quindío, un tipo de grano considerado “premium”.

 
Los hermanos Villota, a diferencia de su padre y abuelo, no producen café solo para exportar, se dedican a cosechar grano bajo los mismos conceptos con lo que se produce el vino.

 
“Nuestra obsesión no es ser el café más vendido de Colombia o fuera del país, sino ser el más lujoso del mundo. Que los grandes sibaritas, que la aristocracia vea en un café colombiano un vehículo de un especial placer, un lujo”, afirmó a ANSA Gustavo.

 
Los Villota, un par de dandis, venden su café a unos 17 dólares la libra en el mercado local y 40 dólares afuera, convirtieron su finca en un lugar de turismo y producción, y están convencidos que son “un secreto bien guardado”.

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Mujer más vieja del mundo cumplió 117 años


Emma Morano, 116, sits in her apartment in Verbania, north of Italy, 13 May 2016. A 116-year-old woman from the northern Italian region of Piedmont, Emma Morano, has become the world's oldest person following the death of the previous holder of the record - African American woman Susannah Mushatt Jones, who passed away in Brooklyn, New York. ANSA/ ANTONINO DI MARCO

Emma Morano, 116, sits in her apartment in Verbania, north of Italy, 13 May 2016. A 116-year-old woman from the northern Italian region of Piedmont, Emma Morano, has become the world’s oldest person following the death of the previous holder of the record – African American woman Susannah Mushatt Jones, who passed away in Brooklyn, New York.
ANSA/ ANTONINO DI MARCO

(ANSA) – VERBANIA (PIAMONTE) – La mujer más vieja del mundo, la italiana Emma Morano, cumplió 117 años de edad, con un apacible festejo en su casa de Verbania, Piamonte, en el extremo norte de Italia, rodeada de sus familiares, vecinos y autoridades del lugar.
Morano, registrada con su curioso récord desde el 12 de mayo de este año, se levantará como siempre a la mañana temprano, desayunará y luego recibirá la visita de sus parientes, que la rodean a diario.
Recibió la alcaldesa de su localidad, Silvia Marchionini, mientras los amigos le preparaban un festejo sorpresa.

Morano nació el 29 de noviembre de 1899 en Civiasco (Vercelli), también en el Piamonte y ahora vive en Pallanza una de las zonas más pobladas de Verbania, sobre el lago Maggiore.
Toda la ciudad deseaba agasajarla y le fué dedicado un espectáculo en el teatro “Il Maggiore”, titulado “Corría el año 1899”, un viaje histórico y musical a través de tres siglos, para una persona que vio pasar a tres reyes de Italia, una docena de presidentes de la República Italiana y a once papas.
Para su cumpleaños, el desayuno fué a base de huevos, luego durmió un poco antes de almorzar, para la fiesta de la tarde. Una vida normal que ella cuenta sin problemas, hablando de sus alegrías y dolores.
A quién le pregunta cómo está, responde serena: “Creo que bien, así lo dice también mi doctor”, aunque la semana pasada anduvo con algunos achaques que superó prestamente.

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¿Por qué algunas palabras suenan igual en todo el mundo?


 

 

 

_92626900_thinkstockphotos-508473137BBC MUNDO – En japonés, el nombre de esa protuberancia que tenemos en la mitad de la cara es hana. En Islandés, nev. En el sur de Chad, en África, los que hablan sar le dicen kon. Y mientras que en la mayoría de Estados Unidos le dicen nose, en el suroeste, la tribu Zuni la llama noli.

Aunque todas son diferentes, lo que tienen en común todas estas narices es la n.

De hecho, en 1.400 distintos lenguajes del mundo, la palabra para el órgano olfativo contiene el sonido de esa letra.

Ese es apenas uno de los ejemplos que encontró Morten Christiansen de Cornell University, Estados Unidos, en una investigación que lideró para responder la pregunta que se vienen haciendo científicos del lenguaje como él desde hace tiempo:

¿Hay puntos en común entre los sonidos de algunas palabras y sus significados en las lenguas del mundo?

No es casualidad

_92631090_thinkstockphotos-535848655-1Aunque una serie de estudios recientes dan a entender que los sonidos que escogemos para ciertos conceptos no son totalmente aleatorios, la teoría tradicional lo niega.

Desde hace un siglo el suizo Ferdinand de Saussure, uno de los padres de la semántica, dejó claro que los sonidos de las palabras no tienen relación con su significado; no son más que etiquetas arbitrarias.

Pero el megaestudio de Christiansen, que examinó palabras en 6.000 lenguas y dialectos de América, Asia, Europa y Australasia, reveló otra cosa.

Descubrieron que algunas palabras sí tienen sonidos en común en muchos idiomas, así estos no estén relacionados entre ellos.

El estudio es probabilístico, lo que significa que encontraron una cantidad más alta de casos que los que se encontrarían si fuera casualidad.

Los resultados llevan pensar que los sonidos que les damos a las palabras no son tan arbitrarios como creíamos.

La vie en rot

_92630975_thinkstockphotos-590138458Estudiamos un grupo de palabras que se consideran culturalmente importantes en todo el mundo“, le explicó a la BBC Christiansen.

“Palabras como las que se usan para las partes del cuerpo, pronombres -yo, tú, él-, así como algunos fenómenos celestiales como el Sol, la Luna, y así”.

“Una de las cosas que encontramos fue que si, por ejemplo, el lenguaje tienen una palabra para el color rojo, probablemente uno de sus sonidos será la r: red, en inglés; rouge, en francés; rot, en alemán; en danés, rød“.

Sin embargo, esos son ejemplos de lenguajes europeos, cuyo ancestro es relativamente reciente. Lo sorprendente sería que se pudiera extender a lenguas más remotas, como Mandarín o Swahili.

Para el estudio, explica el científico de lenguajes, los investigadores dividieron el mundo en seis áreas macrolingüísticas: América del Norte, América del Sur, Eurasia, Australia y Papúa Nueva Guinea con las islas del Pacífico.

“Para que una palabra contara como relevante en términos de la relación entre el sonido y el significado, tenía que aparecer en al menos tres de estas áreas“, puntualizó.

La m de mamá

_92630973_thinkstockphotos-cc000235Entre los sonidos más populares está la ‘l‘ para designar a la lengua, que encontraron en todas las áreas macrolingüísticas.

“Las palabras para los senos tienden a tener el sonido de la “m“, y lo interesante de esto es que a menudo la palabra para senos se usa también como término para la madre (mamá / mama)”.

Más fácil, por supuesto, debe ser encontrar estas semejanzas en las palabras onomatopéyicas, aquellas que imitan el sonido que hace lo que designan, como quiquiriquí… ¿o no?

“Algunas. Pero curiosamente, mientras que en inglés ‘oink oink‘ es un cerdo, en danés es ‘erf erf‘, en vietnamés, ‘ud id‘. De manera que a pesar de que se supone que corresponden a los sonidos que hacen los animales, son modeladas de acuerdo a las distintas lenguas”.

“En contraste, las señales que encontramos parecen más generalizadas y sugieren que quizás tiene que ver con nuestra naturaleza biológica“.

En la nariz

_92631092_thinkstockphotos-485795394¿Por qué existen estas coincidencias con la palabra nariz, sin importar dónde está esa nariz?

“Esa es la gran pregunta. Con esos patrones que se repiten en lenguas que no tienen un ancestro común, lo que nos queda es una hipótesis de que estas relaciones entre sonido y significado se deben a factores que son comunes para nuestra especie”.

El equipo también notó que hay algunos sonidos que se tienden a evitar para ciertos significados, especialmente cuando se trata de pronombres.

Las palabras para ‘yo’, por ejemplo, generalmente no incluyen los sonidos u, p, b, t, s, r ni l. Para ‘tú’ no se suelen utilizar u, o, p, t, d, q, s, r ni l.

“Puede tener que ver con la manera en la que percibimos y procesamos información, de manera que al asociar un sonido con un significado particular, esa asociación nos parece más natural para los seres humanos”.

“Una de las cosas que se pueden hacer, por ejemplo, es usar técnicas de neuroimagen en busca de relaciones posibles entre sonidos y aspectos específicos de significado, como el color rojo, en el cerebro”.

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Subastarán poema de Ana Frank que hasta hace poco se creía perdido


poema-ana-frank-subastan-cnn(CNN Español) – Un poema de Ana Frank que emergió hace poco, y que se creía que estaba perdido, está siendo subastado por la casa Bubb Kuyper, especializada en documentos, manuscritos y pinturas, entre otros.

El texto del puño y letra de la adolescente que escribió su lucha y la de su familia por sobrevivir durante el Holocausto nazi en su famoso diario, fue obtenido a través de Christiane van Maarsen, hermana mayor de Jacqueline van Maarsen, compañera de clase y mejor amiga de Ana Frank, afirma la casa de subastas en un comunicado.

Jacqueline van Maarsen dijo, según reporta Bubb Kuyper, que su hermana, que recibía el apodo de Cricri, arrancó esa página de su libro de poesías y se lo dio alrededor de 1970.

La casa de subasta señala que el objeto podría venderse por hasta 50.000 euros.

Frank tenía 13 años cuando ella y su familia empezaron a esconderse en un “anexo secreto” oscuro y húmedo de su casa para escapar de las redadas alemanas a los judíos en Holanda en julio de 1942. Nunca salió de la casa en dos años, pasando gran parte de su tiempo escribiendo en su diario hasta que ella y su familia fueron arrestados por los nazis en agosto de 1944.

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La adolescente murió en 1945, a la edad de 15 años, después de sufrir de tifus.

La casa de subastas describe el manuscrito como un poema “extremadamente inusual” que tiene la inscripción “Beste Cri-Cri” encabezando el poema, está firmado “Ter herinnering aan Anne Frank” y está fechado en 1942.

El poema escrito en un papel doblado en dos tiene 12 líneas en total y quien lo compre también recibirá una carta de un notario certificando su autenticidad.

El código de la Edad de Piedra que puede encerrar los secretos del origen de nuestra escritura


– Son 32 trazos que se repiten, una y otra vez, en las paredes de cuevas de toda Europa.

Registros simples, apenas líneas en zigzag, puntos, triángulos inacabados, cruces torcidas o lo que a simple vista podrían ser figuras geométricas desprolijas.

Pero no son un trabajo de apuro o la creación de un dibujante torpe: los científicos creen que, en conjunto, constituyen el código de escritura más antiguo del que se tenga registro.

Y son el desvelo de Genevieve von Petzinger, una paleoantropóloga de la Universidad de Victoria, en Canadá, que está detrás de un inédito estudio del arte rupestre del Paleolítico.

“Me interesan los grandes patrones, las posibles interconexiones entre dibujos y regiones, y eso sólo lo podemos estudiar a gran escala”, le dice a BBC Mundo.

El alcance geográfico del proyecto es ciertamente ambicioso: abarca más de 350 yacimientos arqueológicos, “lo cual no es tanto si se tiene en cuenta que son 30.000 años de historia”.

Pero además, implica posar la mirada en lo que muchos otros científicos han pasado por alto antes.

La paleoantropóloga canadiense no está interesada en esas figuras más atractivas -los bisontes, las escenas de caza, las representaciones claramente antropomórficas-, sino en escudriñar esos registros que han sido catalogados de “geométricos”, por falta de un término más apropiado.

“Son los dibujos descuidados, ignorados”, se ríe.

Mirar sin ver

Aquí, trazos en El Castillo

Aquí, trazos en El Castillo

Los “dibujos ignorados” están allí desde la Edad de Piedra, hace 10.000 a 40.000 años, y representan parte de uno de los legados artísticos más antiguos del mundo, en la fase final del último período glacial en Europa (por eso se lo llama también arte de la era del hielo).

Silenciosos e inexplorados, podrían estar hablándonos de “un cambio fundamental en las habilidades mentales de nuestros ancestros”, dice Von Petzinger: la capacidad de articular un código, la misma que se requiere para desarrollar una escritura como hizo luego el hombre moderno.

Y en muchos casos, su existencia no es ninguna novedad.

“Pero los inventarios (que arman los paleontólogos cuando llegan a estudiar una nueva cueva) ni siquiera decían qué tipo de signos son, los consideran secundarios y no había manera de compararlos”.

Así fue que, hace tres años, la científica se embarcó en un viaje por los fondos subterráneos, en compañía de su marido fotógrafo.

Allí pasan la mayor parte de sus días, hasta que “emergen de las cuevas” por la noche, según dice (y cuadrar la conversación con BBC Mundo no fue nada fácil, damos fe).

52 cuevas en total, en muchos casos de acceso dificilísimo por las condiciones geográficas o porque están en manos privadas.

Como El Portillo, Santián o Las Chimeneas, en España, y Niaux y Marsoulas en Francia, más otras en Italia y Portugal. La mayoría, sin la popularidad de las cuevas más “mediáticas”, como Chauvet o Altamira.

“Y en muchas cuevas incluso encontramos nuevo arte, que no había sido descubierto antes”, apunta Von Petzinger.

_92667331_32signsgraphic“Como no tienen el atractivo obvio de las figuraciones, nadie se encargó de registrar estos trazos. Cuando empezamos a hacerlo, vimos que se repiten, que hay un patrón”.

Los fueron catalogando meticulosamente hasta extraer una suerte de repertorio que se reitera sobre las piedras aquí y allá: 32 símbolos, en total.

“Lo que es realmente interesante es que son tan específicos que cada uno es muy diferente del otro. E incluso los más inusuales se repiten (en otras cuevas) de manera idéntica. Las posibilidades de que eso sea una coincidencia son bien pocas“, señala la experta.

Lo que esto significa, en otras palabras, es que estaríamos en presencia de un código, preestablecido y compartido por distintos grupos del Paleolítico.

También sugiere, dice la paleontóloga, que existían conexiones entre lugares remotos en esa era prehistórica.

“Sabemos que en Europa había una activa red de intercambio, y esto nos da una señal de cuán sofisticada era su estructura social”, dice la científica, que hace unos meses publicó un libro con sus hallazgos (“The First Signs: Unlocking the mysteries of the world’s oldest symbols”, en inglés.)

Un código, pero ¿qué significa?

_92656804_cudoncave-exploringComo cualquier científico curioso, a Von Petzinger le encantaría poder leer detrás de los trazos para encontrar sus significados.

Poder establecer con certeza, por ejemplo, que la figura claviforme es una lanza, o que los registros peniformes son hojas de árbol.

Pero es una misión imposible. “Por mucho que quisiera, nunca vamos a poder estar en la cabeza de gente vivió hace 30.000 años”, dice y se ríe.

“Incluso si no sabemos qué significan, sí sabemos que debían tener un sentido. Eso lo indica la repetición“.

Lo que importa, insiste Von Petzinger, es el patrón.

“No se trata de un código como el egipcio ni como la escritura cuneiforme, no es algo tan organizado. En ese sentido, nunca vamos a poder descifrarlo, no tenemos material de referencia para poder hacerlo”.

El primer sistema de escritura que conocemos, el cuneiforme, data de hace unos 5.000 años y su origen se establece en el actual Irak. Pero, al igual que los complejos jeroglíficos egipcios, no puede haber surgido de la nada.

Los trazos que ordenó Von Petzinger pueden ser un sistema más temprano de escritura: un “primer código humano” inscrito sobre las rocas de las cuevas.

Lo radical del descubrimiento, confirman los expertos, es que revela las habilidades básicas que se requieren para crear un sistema de escritura: la capacidad de abstracción, el registro de marcas gráficas, un sofisticado uso de símbolos.

“En un sentido general, se puede decir que los sistemas gráficos desarrollados en Europa en la Edad de Hielo son predecesores de los sistemas de escritura que vendrían después. No porque el símbolo tal de esa época luego esté relacionado con el símbolo cual en una etapa posterior, sino en el sentido de que son códigos”.

Emojis prehistóricos

_92656890_foto2La científica los compara con los emojis, los ubicuos íconos de la era de los teléfonos inteligentes que representan un concepto en una única imagen.

Así lo describió en una columna para la revista Wired:“bien pueden haber sido parte de uno de los sistemas gráficos más antiguos del mundo, además de precursores de esos simpáticos símbolos en tu celular”.

Y lo primero que hay que erradicar, señala la científica, es esa idea de que los trazos de las cuevas europeas constituyen figuras geométricas.

“Usamos esa comparación porque no tenemos una mejor. Pero eso condiciona la manera en que los miramos. Por ejemplo, deberíamos pensar que encontramos dibujos de animales y humanos, pero ¿qué falta? ¿Dónde está la naturaleza en todo lo que vemos pintado en las cuevas: es que nunca pintaron un árbol o un río, que son elementos muy importantes en la vida de una sociedad recolectora y cazadora?”

Así, la hipótesis es que estas figuras inexplicadas pueden referirse a cosas que no figuran en los dibujos de una manera obvia: una montaña, las estrellas, un arma…

No son formas abstractas, como sugiere un análisis perezoso, sino representaciones de ideas estandarizadas.

En su simpleza, los símbolos también se anotan otra cualidad: son democratizadores, dispara Von Petzinger.

“Dibujar un mamut o un caballo requiere de habilidades que pocos tienen, pero un cuadrado o un zigzag lo puede hacer cualquiera”.

Y al ser más accesibles, son mejores como herramienta de comunicación: una virtud a la que aspira cualquier lenguaje que se precie.

Pero la paleoantropóloga no se conforma con estas hipótesis.

¿Su próximo paso en busca de sentido para los misteriosos dibujos?

Incursionar, mediante robots submarinos, en las cuevas sumergidas e inexploradas de la costa de Cantabria, para buscar más signos, más trazos, que echen luz sobre cómo el hombre moderno aprendió a escribir.

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