Archivo para la Rock “clasico” categoría

Subastan grabación de primer éxito de Elvis

Publicado en Actualidad, Rock "clasico" con etiquetas , , , , , el marzo 25, 2013 por mediosiglo1955

f71fc5874d58c5704212bf74b85e157fDUBLIN, (ANSA) – Una grabación original del primer éxito radial de Elvis Presley, “That’s All Right Mama”, fue vendido por 85.000 dólares en una subasta en Dublín, en Irlanda, según se informó hoy.

Se trata de la única copia promocional que se cree sobrevive de su primera grabación comercial del tema.

Presley grabó la canción en 1954 y la envió a una estación de radio local en Tennessee, Estados Unidos.

De acuerdo a la BBC, el locutor que acordó transmitirla se vio inundado de llamadas de oyentes y tuvo que repetir la canción 14 veces durante su programa.

Elvis Aaron Presley (1935-1977) fue uno de los cantantes estadounidenses más populares del siglo XX, considerado como un icono cultural y conocido como “el Rey del rock and roll” o simplemente “el Rey”.

Además de haber sido el solista con más ventas en la historia de la música popular, fue nominado a 14 premios Grammy, ganó tres y recibió uno en la categoría a la carrera artística a la edad de 36 años. (ANSA).

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Histórico aniversario de Pink Floyd

Publicado en Actualidad, Opinion, Rock "clasico", Videos con etiquetas , , , , , el marzo 24, 2013 por mediosiglo1955

LONDRES, (ANSA) – El icónico disco “El lado oscuro de la luna” (The Dark Side of the Moon) de la banda Pink Floyd cumple hoy 40 años.

El álbum, uno de los más vendidos en la historia y considerado por varios críticos musicales cómo el mejor de todos los tiempos, celebra este domingo su 40 aniversario.

Grabado entre 1972 y 1973 en los estudios Abbey Road de Londres, alcanzó la cima de las listas de popularidad en Estados Unidos y se mantuvo en los primeros lugares durante 741 semanas, hasta 1988, siendo así el álbum que más tiempo ha permanecido en listas de la historia.

En el Reino Unido ha estado en ranking de discos más vendidos durante 30 años.

Con una estimación de ventas de 50 millones de copias, es el álbum más exitoso de Pink Floyd y uno de los más vendidos a nivel mundial de la historia.

La banda usó algunas de las técnicas de grabación más avanzadas de la época, incluyendo grabaciones multipista y loops. En varias de las pistas se usaron sintetizadores analógicos, mientras que una serie de entrevistas con la banda y el equipo técnico aparecen a lo largo del álbum en forma de citas filosóficas. Alan Parsons fue el responsable de algunos de los aspectos sónicos más innovadores del álbum, incluyendo la interpretación no léxica de Clare Torry.

Como parte de los festejos, la banda desarrolló un contenido interactivo en su sitio web que oscurecerá un lado de la luna con los tuits que sus fans envíen con sus recuerdos, fotos o comentarios usando el hashtag #DarkSide40.

La herramienta está disponible desde las 00:01 del domingo 24, hora de Londres.(ANSA).

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Murió Peter Banks, fundador y guitarrista de Yes

Publicado en Actualidad, Rock "clasico" con etiquetas , , , , , el marzo 13, 2013 por mediosiglo1955

int-517867Peter Banks tenía sólo 65 años. Con su partida quedó un espacio difícil de llenar en el mundo del rock progresivo. El músico fue uno de los miembros fundadores y el guitarrista del grupo Yes. Ante su partida, sus compañeros manifestaron su tristeza y aclararon que se marchó “una pieza enorme del tejido que convirtió a la banda en lo que es”.

Banks nació en Londres el 15 de julio de 1947. Participó en los dos primeros discos de la banda, formó el grupo llamado Blodwyn Pig y luego la agrupación Flash con la que grabó tres álbumes más. Cuando esta banda cerró sus puertas, Banks se embarcó en un nuevo proyecto llamado Empire.

El la última década fue miembro del grupo Harmony In Diversity, una banda psicodélica. Además fue parte de un proyecto de jazz fusión llamado “Self-Contained”.

Su fama llegó sin dudas con la banda Yes, atrás, en los años 70.

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La doble vida de John Lennon

Publicado en Opinion, Rock "clasico", Un poco de historia con etiquetas , , , , , el febrero 14, 2013 por mediosiglo1955

446276_JhonLennonelpais.com/comunidad/escrito por fbf10462 – Los problemas que afronta todo biógrafo de un personaje célebre se pueden ilustrar perfectamente pensando en los que han encontrado los que han querido escribir la vida de John Lennon, pues se choca aquí con un tipo de figura pública que lleva hasta el extremo estas dificultades. Mucho más que cuando se trata de políticos, hombres de negocios o artistas de la alta cultura, estas celebridades están unidas a sus partidarios por un vínculo afectivo que sólo puede compararse al de los líderes religiosos –como subraya a la perfección el anglicismo fan– y, por lo tanto, se encuentran en un estado de fetichización tan avanzado y mineral que es casi imposible salirse del cliché de la hagiografía, pues éste recubre la práctica totalidad de la vida del «santo» en cuestión (en este caso, el «genio incomprendido» que es en realidad un héroe que sacrifica su vida por la paz mundial), y tal parece que sólo es factible añadir anécdotas triviales a favor o en contra de esa imagen ya elevada a los altares; e independientemente de cuál sea la intención del biógrafo–más «desmitificadora» en el caso de Albert Goldman, más «simpatizante» en el caso de Philip Norman–, resulta imposible evitar que ese ejército de fanáticos sea el principal destinatario de estos libros y, al mismo tiempo, que dicho ejército o sus generales consideren invariablemente que la biografía «no está a la altura» del personaje y es «ignorante y ridícula» (como dice Norman de la biografía de Goldman), o bien que lo ha tratado con «mezquindad» (como dijo Yoko Ono de John Lennon de Philip Norman).

La raíz de todas estas dificultades no reside, sin embargo, en ningún defecto de los biógrafos –dos periodistas solventes en esta ocasión, aunque Norman sintonice más que Goldman con la cultura pop–, sino en un problema que afecta a la propia vida que se pretende narrar. Si la vida de John Lennon, en lo personal, parece una sucesión de hechos absurdos, increíbles, insustanciales y deshilachados a partir de los veintitrés años, y si da la impresión de que, en lo artístico, estaba ya acabada en 1969, convirtiendo los respectivos relatos a partir de esas fechas en algo inverosímil, no es porque los autores de estos textos no hayan encontrado el registro adecuado para su historia, sino porque es objetivamente un disparate que un muchacho de veintitrés años haya conseguido ya a esa edad, sin haber hecho otra cosa que seguir sus inclinaciones más irreflexivas, los logros suficientes como para vivir de ellos como un rey no solamente durante el resto de su vida (aunque hubiera sido muy larga), sino durante varias vidas, igual que es del todo inverosímil que un artista, por grande que sea su genialidad, se encuentre ya consagrado como un dios antes de los treinta años, convertido en un niño mimado a quien no se le niega ni el más extravagante de sus caprichos, y completamente enterrado por sus propios éxitos: así nos lo muestra Robert Hilburn en su cálido Desayuno con John Lennon, confesándose paralizado a la hora de escribir una canción nueva por una especie de superego que le recordaba a cada paso: «Eh, a ver lo que vas a hacer, no te olvides de que eres John Lennon, el autor de A day in the life».

La lógica narrativa que gobierna la vida de los grandes héroes, como supo percibir Hegel a propósito de los personajes de la historia universal, parece exigir que su relato termine precisamente en el punto en que realizan su hazaña, y lo que resulta narrativamente incongruente, irrelevante y contradictorio es que sigan viviendo después de ese momento, que sobrevivan a su propio e incontestable triunfo.

Por este motivo, el retrato psicológico de la personalidad de Lennon no puede adquirir en la narración mayor madurez de la que tenía en 1963 y, a pesar de sus simpatías o antipatías, tanto Goldman como Norman se las arreglan para que emerja de entre sus páginas el alma de un adolescente herido desde niño por el«abandono» de sus padres, que ocultaba su vulnerabilidad sentimental tras una mezcla de agresividad, arrogancia, agudeza verbal y franqueza negligente y que, como podemos observar fácilmente en quien no ha tenido otra materia que su vida psíquica para componer canciones al frenético y despiadado ritmo exigido por la industria discográfica, dibuja en temas como You Can’t Do that, Run for Your Life, Hide Your Love Away o I’ll Cry Instead la «escena originaria» de su bestia negra: el miedo cerval a fracasar en su relación con las mujeres y ser ridiculizado por ello por sus compinches varones.

Lo demás, es decir, las «aventuras» de Lennon con las faldas, con los gurús o con las drogas a partir de ese momento, hasta llegar al descabellado circo montado con Yoko en el edificio Dakota, así como la explotación póstuma de su falsa imagen de militante pacifista, es solamente la consecuencia de un carácter prematuramente destruido por la gloria.

Mucho más interesante habría sido, sin duda, una biografía musical de Lennon–aunque, desde luego, no era eso lo que los lectores ávidos de carnaza demandaban de los biógrafos para luego caer sobre ellos acusándoles de vileza–, porque lo único públicamente interesante de la vida de Lennon es el modo en que supo convertir sus miserias y sus alegrías, junto con otros muchos elementos de su cultura ambiente, en unas canciones excepcionales cuyo carácter inaugural hace que aún hoy resulten definitivas en su género.

Resulta engañoso hacerle portavoz o estandarte de tal o cual idea, credo o movimiento: no fue su afiliación ideológica lo que reunió en Liverpool a estos cuatro músicos, que no son la referencia de los hippies (no pueden compararse en este punto con algunos grupos y solistas estadounidenses), ni del pacifismo (la ambigua Revolution, de1968, nos permite escuchar las vacilaciones de Lennon ante la idea de apoyar o no el uso político de la violencia) ni de la contracultura (las «espirituales» melodías de George Harrison basadas en el sitar tienen su contrapeso en la vitriólica Sexy Sadie, auténtica revancha contra la superchería del Guru Maharishi, de cuya escuela fueron huéspedes en la India).

Todos esos elementos formaban parte de su entorno vital, y a estos cuatro muchachos les confundían tanto como a los demás. Pero los Beatles no sólo pusieron música a su tiempo hasta el punto de que no habría hoy una manera más precisa y a la vez más general de comprender la década de 1960 que escucharlos, sino que al hacerlo lo volvieron audible para cientos de miles de personas en el mundo que no eran conscientes de lo que tenían en común, hicieron posible sentir, expresar, desahogar y volver cantabile algo que antes no había manera de formular, de experimentar o de hacer público: pusieron al descubierto el corazón de su época, que aún se oye latir. Precisamente por ello hay un detalle en todos los relatos aquí comentados que sí resulta un poco «mezquino» con respecto a esa biografía artística o musical de Lennon, y es, si no la omisión (pues es imposible omitirlo), sí el no haber subrayado con el énfasis necesario el gigantesco papel desempeñado en ella por Paul McCartney, amparándose en el hecho fortuito de que, por suerte para él, no ha encarnado con la misma fatalidad que Lennon la figura del héroe mítico. Esto es algo que, probablemente, tampoco encajaría bien en el cuadro fetichista que tanto agrada a los fanáticos del personaje o a los guardianes de su supuesta herencia ideológica, pero es rigurosamente cierto: a los efectos de lo que verdaderamente importa, que es su música, es imposible escribir una biografía de John Lennon, la única biografía posible es la de Lennon & McCartney, y los intentos de deshacer el enredo son miserables y, a la larga, inútiles.

La alianza implícita establecida entre ellos a partir de aquel 6 de julio de 1957 en Liverpool fue tan estrecha, y tan decisiva para la música popular contemporánea que se volvieron musicalmente inseparables para siempre.

En la última línea de su canción de homenaje a John, Here today, McCartney escribió en 1981 algo que, como tantas otras veces en sus temas, parece que podría ser una cursilería, pero que acaba no siéndolo en absoluto: que Lennon está presente en todas las canciones de Paul.

La inversa es igualmente cierta. Suele decirse que una de las funciones de Lennon en esta maquinaria «dual» era la de reducir la tendencia de McCartney a lo cursi y la de corregir su relativo desdén hacia las letras (como cuando le preguntó«Estás de coña, ¿no?», después de escuchar la primera rima original de I Saw Her Standing There, que decía: «She was just seventeen /She was a beauty queen» [Sólo tenía diecisiete años / era una reina de la belleza], y no paró hasta que Paul cambió el segundo verso por «You know what I mean» [Ya sabes]), así como McCartney se encargaba a menudo de pulir los engranajes melódicos de John –que, sin embargo, era infalible como letrista–, suavizando tosquedades como las que inicialmente afectaban a Nowhere Man.

Pero estas funciones pronto se independizaron de sus portadores y tanto en el grupo como en sus carreras posteriores a los Beatles (aunque en ellas nunca produjeron nada de una calidad comparable) puede percibirse claramente que hay un McCartney interno en las melodías de John, y un Lennon incluido en las de McCartney, y probablemente ello se remonta a las largas horas (muchas de ellas hurtadas a la escuela) que pasaron inventando juntos en casa de Paul unas canciones que al principio no podían presentar en público en sus actuaciones en Liverpool o en Hamburgo, porque la audiencia sólo quería oír los«grandes éxitos» del momento, pero que gracias al celo de McCartney fueron cuidadosamente conservadas en un cuaderno bajo el prematuro título de «Originales de Lennon & McCartney».

El productor George Martin, «descubridor» de su talento y luego artífice durante años de todas las audacias del sonido Beatles, los convocó en 1962 a una sesión de prueba para que sus ayudantes pudieran decidir quién de los dos iba a ser el «líder» de aquella formación de cara a la grabación de su primer disco, cosa que ya entonces resultó imposible de dirimir.

A pesar de ello, Lennon nunca olvidó que había sido él quien, tiempo atrás, había «admitido» a Paul en el grupo (¡un «grupo» en el que aún no estaban ni George ni Ringo!), y siempre pensó que aquella era su banda.Y más debido a esto que a la influencia de Yoko, tan maltratada por los biógrafos, cuando John atravesó una crisis creativa y personal en 1968, tras regresar de la India y romper con su primera esposa, no pudo soportar el hecho de que McCartney estuviese dirigiendo artísticamente el trabajo tras la muerte de su mánager, Brian Epstein, y anunció el20 de septiembre de 1969 que abandonaba el grupo, lo que de hecho suponía la disolución (también Ringo y Harrison habían intentado abandonar unos meses antes, pero en el primer caso McCartney no tuvo problema alguno en hacerse cargo de la batería, y en el segundo John y él habían discutido la posibilidad de ofrecer el puesto a Eric Clapton; Lennon, sin embargo, era claramente tan imprescindible como Paul).

Vinieron entonces los años locos de la Plastic Ono Band, la terapia del «grito primario» con Arthur Janov para curarse de sus muchas adicciones, con un gran número de actuaciones en directo pero muy pocas horas de ensayo, y aquellos discos en los que aborrecía la nostalgia del pasado, descreía de los Beatles y decía cosas horribles de Paul haciendo sarcasmo de la vieja«leyenda urbana» de su muerte secreta («Aquellos fans acertaron cuando dijeron que estabas muerto / Fuiste tú quien se equivocó», How do You Sleep?).

De los ocho discos grabados por Lennon después de los Beatles, uno de ellos, Shaved Fish, es poco más que una recopilación de temas ya grabados, y otro, Rock ‘n’ roll, es una colección de clásicos de los años cincuenta y sesenta no demasiado memorable.A pesar de lo muy sobrevaloradas que están –siempre por razones extramusicales–, algunas canciones de los otros seis, como las algo pasteleras Imagine (convertida en una especie de lamentable himno pacifista) o Just Like Starting Over (lanzada como single casi al tiempo que se producía su asesinato en Nueva York), es manifiesto cómo la inspiración va abandonando a Lennon a medida que el tiempo lo separa de sus ingleses años dorados, y se diría, si se trata de nuevo de buscar una coherencia forzada a la historia del héroe, que la chispa fue apagándose al mismo tiempo que se extinguía el espíritu del tiempo que la había dado vida, el de lo que los sociólogos llaman «décadas doradas» del Estado del bienestar.

En el terreno de lo personal, las biografías sugieren que Lennon había alcanzado en 1980 una cierta tregua interior tras vencer algunas de sus pesadillas y reconciliarse con Paul, como si hubiera dejado de querer ocultar su vulnerabilidad.Así parece indicarlo al menos esa fotografía en la que aparece completamente desnudo abrazado a Yoko, tomada por Annie Leibovitz sólo unas horas antes de su muerte.

(JOSÉ LUIS PARDO CATEDRÁTICO DE FILOSOFÍA EN LA UNIVERSIDAD COMPLUTENSE)

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¿Le suenan? Estas son las canciones más ricas del mundo

Publicado en Opinion, Rock "clasico", Videos con etiquetas , , el enero 13, 2013 por mediosiglo1955

130110090633_canciones_singles_624BBC Mundo – Desde que la música popular se convirtió en una industria global, un puñado de canciones se destaca del resto.

Estos temas vendieron más copias, fueron interpretados en más versiones y sonaron más veces, durante más tiempo y en más lugares que todos las demás.

Un documental de la BBC presentado por célebre locutor de radio británico Mark Radcliffe consultó con expertos de la industria musical y después de un análisis minucioso de toda la información disponible, elaboró una lista con las diez canciones que generaron más beneficios para sus autores.

Detrás de las historias peculiares de cómo fueron creadas, se revela cómo distribuye la industria musical las regalías: algunos escritores de canciones se convierten en multimillonarios, otros deben pelear por su parte.

Siga leyendo, le prometemos las historias fascinantes de cómo fueron creados algunos de los más grandes éxitos de la historia y alguna que otra sorpresa.

10 – The Christmas Song

En un caluroso día de julio de 1942 en California, el compositor Mel Tormé visitó a su colega y socio Bob Wells.

Cuando entró a su casa, encontró un cuaderno sobre el piano con estas palabras escritas:

“Chestnuts roasting on an open fire/Jack Frost nipping on your nose/Yuletide carols being sung by a choir/And folks dressed up like Eskimos”.

(Castañas asándose en el fuego/Jack Frost mordiéndote la nariz/un coro cantando villancicos navideños/y gente disfrazada de esquimal).

Wells le explicó a Tormé que hacía tanto calor que escribió esos versos como una manera de “refrescarse mentalmente”, según el relato de James Tormé, hijo del compositor.

A Tormé le pareció que estas palabras había algo más, cuenta su hijo, y “literalmente 24 minutos después habían escrito la canción completa”.

Además de letrista, Mel Tormé era un exitoso cantante, y él mismo grabó cuatro versiones de esta canción entre 1954 y 1992.

Pero fue otro célebre intérprete, Nat King Cole –que la grabó en 1946– quien la transformó en un clásico.

Entre 1945 y 1947 las tropas estadounidenses desmovilizadas comenzaban a volver a casa después de la Segunda Guerra Mundial, y la canción se convirtió en la banda de sonido de la Navidad en tiempos de paz.

Para un autor, un éxito de temporada es un regalo anual: cada año suena en la radio, en los centros comerciales, en las compilaciones navideñas y vende más copias.

De acuerdo a los cálculos del programa The Richest songs of the world de la BBC, The Christmas Song ha generado unos U$20.100.000.

9 – Pretty Woman

Roy Orbison estaba escribiendo junto a su socio Bill Dees en su casa, cuando Claudette, la esposa de Orbison, apareció y anunció que iba a salir de compras.

Orbison le preguntó si necesitaba dinero y Dees añadió una ocurrencia “pretty woman never needs any money” (mujer bonita nunca necesita dinero).

Inspirado, Orbison comenzó a cantar: “Pretty woman, walking down the street (mujer bonita caminando por la calle). Y así nació la canción.

Los derechos se dividieron entre Orbison, Dees y el sello discográfico Acuff-Rose Music.

Orbison grabó esta canción en 1964.

Tuvo mucho éxito, y Bill Dees cuenta que hasta los años 90 sus regalías representaron la mayor parte de sus ganancias anuales.

Pero la fama del tema tuvo su costado trágico: Claudette, la musa de Orbison, falleció en 1966 en un accidente de motocicleta, algo que destrozó al cantante.

En 1990 Pretty Woman comenzó una nueva vida: la que le insufló el estreno mundial de la película con el mismo nombre, protagonizada por Julia Roberts y Richard Gere.

Las tarifas por sincronización (término legal que define el uso de una canción para acompañar imágenes) son confidenciales, pero se estima que por una canción que musicaliza y da título a un filme, puede representar cualquier cifra entre U$240 mil y U$800 mil.

Según los cálculos de esta investigación, Pretty Woman ha recaudado cerca de U$20.900.000.

8 – Every breath you take

La canción escrita por Sting en 1983 y popularizada por el grupo británico The Police ocupó los primeros puestos de las listas de éxitos en todo el mundo y ha sonado millones de veces en la radio.

Apoyada por imágenes en los inicios del videoclip, la canción tuvo un gran impacto global y el video ganó un premio en la primera edición de los premios de MTV en 1984.

Según cuenta el presentador Mark Radcliffe, Sting escribió esta canción cuando se estaba separando de su primera esposa. Sin embargo, es uno de los temas preferidos en infinidad de bodas.

David Hepworth, compositor, periodista y locutor consultado por la BBC, explica que las ganancias de Everey breath you take representan entre una cuarta parte y un tercio de los beneficios del total del catálogo de canciones de The Police.

La versión que hizo Puff Daddy en 1997, I´ll be missing you, mantuvo los derechos originales de autoría para Sting y siguió generando dinero, a pesar de que Daddy sólo utilizó los inconfundibles acordes de guitarra que Andy Summers había creado para la canción.

“Nosotros teníamos nuestro acuerdo particular en The Police, pero en este caso, Sting creó la canción, así que se acredita como el autor, en cambio, yo, como ‘arreglista’ si se quiere, no tengo ningún crédito. Igual tenemos un acuerdo, no voy a entrar en él. Ya sabes, el vil metal”, dijo Andy Summers a la BBC.

Every breath you take, se estima, ha recaudado hasta el momento unos U$21.700.000.

7 – Santa Claus is coming to town

La versión en vivo de Bruce Springsteen de 1991 aún aparece en las compilaciones navideñas, pero la historia de esta canción comenzó casi medio siglo antes en un tren de Nueva York.

A Haven Gillespie, un letrista profesional, le habían encargado una canción de Navidad y se inspiró en los anuncios navideños del metro de la ciudad.

Recordó palabras de su madre cuando era niño “Si no te lavas detrás de las orejas, Santa no vendrá, más vale que seas bueno”, escribió la canción en un corto trayecto de subterráneo y la finalizó con la ayuda de su colega John Frederick Coots.

En sus inicios fue un éxito de ventas de partituras (lo que se vendía antes de que se popularizaran los discos), y fue grabada más de doscientas veces por artistas como Dolly Parton o The Jackson Five. Cada una de esas versiones es como un regalo para el autor, porque los beneficios van para quien escribió la canción.

Sus ganancias alcanzan alrededor de U$26.500.000. Asumiendo que el sello se queda con 50% y el resto se reparte entre los dos autores, John Frederick Coots y Haven Gillespie han obtenido más de U$6 millones por esta canción.

6 – Stand by me

“Estaba en casa un día y comencé a rasguear mi guitarra barata, con mi mujer, estábamos recién casados, viviendo en un pequeño apartamento, y la canción cobró vida”, cuenta Ben E. King a la BBC.

Corría el año 1960 y King contactó al célebre dúo de compositores Jerry Leiber y Mike Stoller.

Stoller creó la distintiva secuencia de bajo, y entre los tres completaron los arreglos de un éxito que llegó en el momento justo.

En la época del nacimiento de la lucha por los derechos civiles, un negro y dos judíos hipster crearon un himno a la tolerancia y la solidaridad con influencias del góspel, que se volvió intemporal.

Ese espíritu positivo también se reflejó en la manera en que Ben King manejó el tema de las regalías, que se repartieron amigablemente entre él (50%)Jerry Leiber(25%) y Mike Stoller(25%).

Fue todo un éxito en 1961. Pero en 1986 fue utilizada en una película con el mismo nombre, protagonizada por un joven River Phoenix, y se convirtió, 25 años después, en un éxito aún más grande.

Tal como cuenta Mike Stoller a la BBC, era “exactamente la misma grabación, nada había cambiado”.

“Apostaría a que estos discos, revividos en los años 80, se vendieron mucho más que cuando fueron lanzados en los 60. Porque el mercado discográfico en los 60 era bastante pequeño, comprar discos era algo de especialistas, no todo el mundo tenía un tocadiscos. En los 80 todos tenían reproductores de CD o de casete, así que los ingresos por algo así serían enormes como consecuencia”, dice el compositor y periodista David Hepworth.

Stand by me ganó más de U$28.200.000.

“Si no fuera por Stand by me, yo estaría probablemente manejando un taxi, y no sería tan feliz como soy, con mi familia, mis nietos y mis hijos”, reflexiona Ben E. King, que también invirtió parte de este dinero en una fundación llamada como la canción que ofrece becas para estudiar música a niños sin recursos.

Sigue……

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Los rockeros tienen más riesgo de muerte prematura

Publicado en Opinion, Rock "clasico" con etiquetas , , , , , el diciembre 20, 2012 por mediosiglo1955

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Estilo – El rock and roll nunca morirá, aunque sí es una ocupación peligrosa. Un nuevo estudio confirmó que los músicos de rock y pop mueren de manera prematura con más frecuencia que la población general y que esta probabilidad llega a duplicarse entre los solistas, comparados con los miembros de bandas.

Investigadores de la Universidad John Moores de Liverpool estudiaron a 1.489 estrellas de rock y pop que se volvieron famosos entre 1956 y 2009, y hallaron que sufrían de “mayores niveles de mortandad que los individuos demográficamente semejantes en la población general”.

También es más probable que las estrellas estadounidenses mueran antes que las británicas. Mark Bellis, el investigador que encabezó el estudio, cree que eso se debe a que las bandas brindan apoyo en momentos estresantes. La investigación se publicó el jueves en la gaceta en internet BMJ Open.

Los casos de muertes en este entorno abundan. Hace poco falleció Jenni Rivera, cantante grupera quien perdió su vida en un accidente aéreo. Otra de las muertes que aún llena a todos de incógnitas fue la de Amy Winehouse. Las causas de la muerte de Amy aún están en la mira de los expertos.

Cerca, en Argentina, Luis Alberto Spinetta dejó la vida producto de un cáncer. Y tiempo atrás Gustavo Cerati sufrió un ACV que lo afectó, en parte, por el estrés.

Otros casos: Mitch Lucker, vocalista de la banda de Metal Suicide Silence, falleció víctima de un accidente en moto. Algo parecido a lo que le pasó al gran Pappo.

Michael Jackson también falleció antes de tiempo debido a un exceso en su medicación. Y Whitney Houston fue encontrada sin vida en la habitación de su hotel. La lista es extensa: Jim Morrinson, Kurt Cobain, Michael Hutchense, John Lennon, Adam Yauch, cantante de los Beastie Boys y más.

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The Beatles (subtitulado)

Publicado en Opinion, Rock "clasico", Videos con etiquetas el julio 12, 2012 por mediosiglo1955

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A 50 años del “Bésame mucho” de los Beatles

Publicado en Opinion, Rock "clasico", Un poco de historia, Videos con etiquetas , , el junio 9, 2012 por mediosiglo1955

Julio García-BBC Mundo – El 6 de junio de 1962 fue la primera sesión de los Beatles en los estudios EMI en Abbey Road, concretamente en el estudio 2, en el que permanecieron desde las 7 hasta las 10 de la noche. El productor George Martin no estuvo presente: delegó la audición a Ron Richards y al ingeniero Norman Smith, para escuchar la grabación después.

Richards se quejó del desempeño del baterista, Pete Best, y sólo conservó dos canciones de aquella oportunidad: la original Love Me Do y la versión en fusión de rock’n'roll y cha-cha-chá de Bésame Mucho, composición de la mexicana Consuelo Velásquez popularizada en 1953 por el cantante chileno Lucho Gatica. La versión de los Beatles la cantaba Paul McCartney.

Ambas piezas están incluidas en el Volumen 1 de la Antología de los Beatles lanzada en noviembre de 1995. Una nueva grabación de Love Me Do se convirtió posteriormente en su primer éxito, mientras que las otras dos canciones grabadas en esa oportunidad, P.S. I Love You y Ask Me Why, fueron borradas esa misma noche.

Bésame Mucho, tema que formaba parte de su repertorio en Hamburgo, no fue incluida en ninguno de los discos oficiales de los Beatles, quizás por ser considerada una novedad sin posibilidades de éxito en el mundo angloparlante de aquella época (a pesar de La Bamba de Ritchie Valens, un gran éxito internacional en 1957). En 1969, cuando el grupo participaba en las sesiones de Let It Be, en plena desintegración, volvieron a tocar este bolero, incluido en la película pero no en el disco.

Otra conexión latina de los Beatles: los zapatos que empezaron a usar desde 1961, una combinación de botines de Chelsea con tacones cubanos, heredados de los botines flamencos. Parte de su indumentaria durante sus primeros años, contribuyeron a poner de moda los tacones altos en calzado para varones.

Fue hace medio siglo

En 2012 se cumplen los aniversarios más importantes de la historia de los Beatles. Fue hace 50 años que lograron el contrato que los mantuvo unidos hasta el final de la década, convirtiéndolos en el grupo más exitoso en la historia de la música popular.

Fue hace medio siglo que ocurrieron muchas cosas. Comenzando por el mismísimo día de Año Nuevo de 1962, cuando tuvieron una desastrosa grabación para el sello Decca, que los rechazó con la frase célebre de uno de sus directivos: “los grupos de tres guitarras y una batería tienen los días contados”.

Esa grabación, sin embargo, fue el arma de Brian Epstein, el manager de los Beatles, para convencer a George Martin, del sello Parlophone, su última carta bajo la manga tras haber fracasado con las demás disqueras importantes. El 13 de febrero estos dos hombres se entrevistaron por primera vez y escucharon juntos la cinta.

Tampoco es que Martin estuviera del todo convencido: la grabación de Decca no era muy prometedora, pero el oído de este productor de discos de comedia en un sello menor de la importante disquera EMI acertó al reconocer las virtudes de la armonía vocal entre John Lennon y Paul McCartney, los principales compositores del grupo.

El 9 de mayo fue la segunda reunión entre Epstein y Martin quien contagiado del entusiasmo del manager, le entregó un contrato en el que no tenía nada que perder: no lo firmaría hasta estar convencido del valor de los Beatles, después de la sesión de Love Me Do y Bésame mucho.

El 18 de agosto debutaba Ringo Starr como baterista de los Beatles, ante el descontento del grupo con Best, que fue despedido por Epstein. La siguiente sesión en Abbey Road fue el 4 de septiembre.

La presencia de Starr fue vista con desconfianza por George Martin, quien por las dudas había contratado al baterista de sesión Andy White, por lo cual se grabaron dos versiones de Love Me Do, una con cada músico. Una figura en el sencillo y la otra en el primer álbum del grupo, Please Please Me.

Adiós Hamburgo

Aquel 4 de septiembre fue el primer encuentro entre los Beatles y quien se convertiría en su productor y arreglista. Después de un largo discurso de Martin recibido por el cuarteto con un silencio inexpresivo, éste preguntó si había algo que no les gustaba.

Fue George Harrison quien rompió el hielo con otra célebre frase: “para empezar, no me gusta su corbata”. Con su típico humor liverpudliano, el tímido guitarrista conquistó al formal productor londinense.

A principios de octubre, Love Me Do fue lanzado como el primer sencillo de los Beatles, que llegó a ubicarse entre las 20 primeras canciones de la cartelera de éxitos británica. En noviembre, los Beatles grabaron Please Please Me, que se convirtió en su primer sencillo en llegar al número uno de la lista, tal como vaticinó Martin.

Y el 14 diciembre fue su última actuación en Hamburgo, la ciudad alemana donde se foguearon antes de ser mundialmente famosos.

Es triste terminar esta lista de celebración de aniversarios con la noticia de que Beatlemania, el museo de los Beatles en Hamburgo, cerrará sus puertas a fines de este mes, después de tres años de desigual concurrencia.

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Rolling Stones y/o Beatles

Publicado en Opinion, Rock "clasico", Un poco de historia el mayo 5, 2012 por mediosiglo1955

LaVanguardia.com-Andy Robinson | Liverpool – No es fácil hablar de los Rolling Stones en Liverpool. No porque no gustase su música, sino porque siendo uno de Liverpool, cuesta creerse aquel poderoso mito de que los Beatles eran cuatro chicos buenos y los Stones cinco chicos malos. El mito ha recorrido el mundo durante 50 años creando role models para adolescentes desde Delhi a Dallas, desde Tokio a Tarragona.

En España, ser de Jagger y Richards venía a ser una seña de identidad revolucionaria frente a los conformistas ye ye de la beatelmania. “Los Beatles cantaban I wanna hold your hand, (quiero sujetar tu mano) a nosotros, nos gustaban más los Stones porque querían sujetar otras partes del cuerpo”, afirmó Dick Waterman, manager de bluesmen diversos que viajó con los Rolling Stones en su gira europea de 1970.

Pero aquí, en Liverpool, la idea no cuadra. Ni tan siquiera en la nueva colección del merseybeat del vanguardista Museo de Liverpool abierto este año. Los chicos buenos brillan por su ausencia cuando recorres el viejo dockland, detrás del icónico Liver Building y los clubes nocturnos, donde John Lennon compraba sus discos de rhythm and blues y rock and roll a marineros norteamericanos antes de que estos se perdiesen en Lime Street entre prostitutas. Mujeres como Maggie May, la protagonista de la canción skiffle que John Lennon y los Quarrymen cantaron a los dieciseis años, cuando conocieron a Paul McCartney

Tampoco hay muchos chicos buenos cuando recorres la historia oscura de violencia urbana que siempre convive con la cultura bohemia de poetas como Adrian Henri, del teatro alternativo y de la música rompedora de Liverpool, una oscuridad ambiental que no era ajena a la compleja psicología de Lennon. Chicos graciosos, irónicos, eso sí; pero buenos…

Ese no es el recuerdo de quienes iban al Cavern Club en Matthew Street a ver a aquellos que, con peinado rockabilly y pantalones de cuero, tocaban de espaldas al público. “Liverpool era una mezcla de rock y violencia entre 1959 y 1963″, explica Gerry Marsden, de Gerry and the Pacemakers en una de las entrevistas concedidas con ocasión de la inauguración este año del nuevo museo. “Hubo 400 grupos de merseybeat y podías tocar en un club distinto cada noche durante un año entero”. El circuito del rhythm and blues londinense que recorrían los Rolling Stones parecía, en comparación, provinciano.

Sólo Hamburgo podía competir con Liverpool en aquellos años. Era justo cuando Keith Richards, con unos tiernos 19 años, iniciaba una relación “cariñosamente inocente” (según confiesa en su autobiografía Vida) con su primera novia, Lee Mohamed. Los Beatles estaban en otra honda: “¿Has visto el Satyricon de Fellini? Pues Hamburgo era así”, le dijo Lennon a Jay Wenner, de la revista Rolling Stone, en la famosa entrevista de 1971.

En realidad, la dicotomía chico bueno-chico malo, Beatles contra Rolling Stones, es una fabricación de mercadotecnia de dos brillantes relaciones públicas. El primero de ellos fue Brian Epstein, el vendedor de discos de vinilo de Merseyside, logró convertir a los Beatles en el grupo que enamoraba hasta a la abuela, salvando así la brecha generacional que el propio cuarteto había abierto (She’s leaving home). “Epstein nos enfundó dentro de trajes y nuestra música en directo murió”, llegó a decir Lennon.

Y luego llegó Andrew Loog Oldham -más maquiavélico que Epstein-, que buscaba, en 1962 y 1963, un grupo que cumpliera con sus planes de crear un alter ego nihilista y misántropo (quizás también misógino) que contrarrestara las acarameladas sonrisas de los fab four. Es decir, un conjunto ideado a partir de la novela La naranja mecánica, de Anthony Burgess, tal como Oldham admite en una entrevista telefónica concedida esta semana a La Vanguardia desde su residencia de Bogotá: “La naranja mecánica fue uno de los culpables, desde luego”, explica. “Para aquel cambio de imagen, me dejé influir por varias cosas, como la novela ¿Por qué corre Sammy?, de Budd Schulberg, que cuenta la historia de un joven que llega al éxito apuñalando a otros por la espalda”.

Oldham aun defiende lo que Epstein y él crearon: “Lo de los chicos buenos y los chicos malos es tan viejo como mi abuelo. Para cada Elvis hay un Pat Boone. Para cada Cliff Richard hay un Billy Fury… Eso explica tu identidad a tus padres, y a tus amigos. Si te gustaban los Beatles, eso explicaba quién eras”, dice, aún hoy dando por bueno su propio mito. “Y si te gustaban los Rolling Stones, estabas lanzando una advertencia al mundo…”

El problema para Oldham y los Stones era que -a diferencia de ellos- los Beatles jamás cumplían con su estereotipo de marketing. Cada vez más influido por el LSD, Lennon componía canciones que llevaban a los fab four a lugares oscuros que los Stones jamás alcanzarían. “Let me take you down where I’m going to…”, cantaba en Strawberry fields, en 1967. Todo un descenso psicodélico a lo desconocido.

Y cuando los Beatles crearon el extraordinario Sergeant Peppers en 1967, los Stones respondieron con su Satanic Majesties, una imitación tan mala que el propio Richards califica ahora de “un montón de mierda”. No era el único plagio mal hecho: “Todo lo que hacíamos nosotros entonces, lo hacían ellos (los Stones) dos meses después”, dijo Lennon en la misma entrevista.

Richards se jacta en su libro de haber tenido más aguante con la droga que Lennon. Pero los Stones jamás lograron trasladar sus viajes de conciencia a sus canciones, como sí hicieron los Beatles en Sergeant Peppers. Con ocasión de For the benefit of Mr. Kite, Lennon tomó LSD y escribió una letra surrealista que recuerda al Adrian Henri de Liverpool. Intentó explicar la experiencia al productor George Martin, describiendo imágenes de infancia en parques de atracciones. Los dos introdujeron la grabación de un órgano de feria, y, luego, trocearon la cinta, recomponiéndola al azar dadaísta para dar el sonido onírico al tema. En comparación con esto, los Stones parecían un grupo del montón con un rock cada vez más previsible…

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Bad to the bone – George Thorogood (subtitulado español)

Publicado en Actualidad, Opinion, Rock "clasico", Videos el marzo 3, 2012 por mediosiglo1955

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