
elmundo.es-Ángeles López-Madrid – Ir siempre corriendo de un sitio a otro, vivir angustiados por llegar a final de mes, sufrir la enfermedad de un ser querido… Son situaciones que generan un estrés crónico y que cada vez más se reproducen en la sociedad actual. Son muchos los estudios que han relacionado este tipo de angustia con un mayor riesgo de sufrir una enfermedad cardiaca, autoinmune o una infección. Pero, ¿cuál es el proceso por el que el estrés merma la salud? Parece que la clave está en una alteración de la respuesta inflamatoria.
Se sabe que en una situación de estrés puntual, nuestro organismo responde generando una mayor producción de una hormona, el cortisol. Sin embargo, ¿ocurre lo mismo cuando se trata de una tensión prolongada? “La sencilla noción de que el estrés crónico actúe mediante el efecto directo de un aumento de cortisol en sangre es cada vez menos aceptada. Lo que más importa es cómo los tejidos responden al cortisol, más que los niveles de la hormona por sí mismos”, señalan un grupo de investigadores de la Universidad Carnegie Mellon (Pittsburgh, EEUU) en su trabajo, publicado en la revista ‘Proceeding of the National Academy of Sciences’ (PNAS).
Estudios previos de estos autores habían demostrado que el estrés crónico está asociado con un aumento de la susceptibilidad a tener un resfriado entre aquellas personas que han estado expuestas a un virus respiratorio. Sin embargo, en ellas, los niveles de cortisol no jugaron un papel determinante, pero hasta ahora no se había evaluado cómo la hormona influye en la respuesta inflamatoria, en concreto sobre los receptores de los glucocorticoides, encargados de regular los genes implicados en la respuesta inmune (el sistema defensivo del cuerpo humano).
Más propensos al resfriado
En un primer estudio, estos investigadores expusieron a 276 adultos a un virus responsable del resfriado común y los vigilaron a lo largo de cinco días para detectar signos de infección y enfermedad. Lo que comprobaron fue que en aquellos que habían estado sometidos a un estrés crónico sus células inmunes eran incapaces de responder a las señales hormonales que normalmente regulan la inflamación y, por lo tanto, fueron más propensos a sufrir un resfriado.
En un segundo estudio, se valoró la capacidad de 79 participantes sanos para regular la respuesta inflamatoria. De nuevo se utilizó la exposición a un virus del resfriado y se vigiló la producción de citocinas proinflamatorias, sustancias involucradas en la estimulación de la producción y liberación de otros mediadores proinflamatorios. Quienes fueron menos capaces de regular la respuesta inflamatoria, como se valoró antes de estar en contacto con el virus, produjeron más citocinas que inducen la inflamación, una vez que estas personas estuvieron expuestas al patógeno.
Incapaz de regular la inflamación
“La inflamación está en parte regulada por la hormona del cortisol y cuando ésta no desarrolla bien su función, la inflamación queda fuera de control [...] La capacidad del sistema inmunológico de regular la inflamación predijo [en este estudio] quién desarrollará un resfriado, pero lo más importante es que ofrece una explicación a cómo el estrés promueve una enfermedad”, explica Sheldon Cohen, profesor de Psicología de la Universidad Carnegie Mellon y principal investigador del estudio.
“En situaciones de estrés, las células del sistema inmune son incapaces de responder al control hormonal, y consecuentemente, producen niveles de inflamación que conducen a una enfermedad. Porque la inflamación juega un papel en muchas patologías como la cardiovascular, el asma y los trastornos autoinmunes. Este modelo sugiere por qué el estrés les impacta tanto”, señala Cohen.
UNA VIDA SOCIAL ACTIVA AYUDA A EVITAR EL ESTRES DE LAS LABORES COTIDIANAS:
Europa press
La doctora Laura López-Táppero, médico de familia del Hospital USP San Camilo de Madrid recomienda mantener una vida social activa en todas las franjas de edad con el objetivo de evitar problemas derivados de las labores cotidianas, como el estrés o el pánico al trabajo, con motivo del Día Mundial de Salud, que tiene lugar este sábado.
En declaraciones a Europa Press, esta experta considera “absolutamente” fundamental que los adultos mantengan una vida social activa para olvidar la carga de trabajo o las dificultades de tener que conciliar la vida familiar y laboral, que se traduce, en ocasiones, en estrés, ansiedad, pánico al trabajo o problemas de sueño.
Asimismo, señala que las personas mayores de 65 años, al no trabajar, si se encuentran en casa, tienen que “leer o llamar por teléfono”; salir a la calle o acudir a centros de día, puesto que, de lo contrario, “se desorientan o no acuden al médico”.
A parte de mantenerse activo socialmente, López-Táppero aconseja seguir una alimentación variada, que incluya abundante verdura y fruta –preferiblemente de temporada–, y distribuida cinco veces al día. En general, ha apostado por “disminuir las grasas, aumentar el consumo de proteína –mediante el consumo de carne de pollo y pescado”, y restringir la ingesta de carne roja a “no más de dos o tres veces a la semana”.
“Se ha demostrado que es mejor comer menos y más veces al día que solamente tres”, insiste esta profesional, a la vez que precisa que la persona tiene que realizar un desayuno “contundente” y que incluya, por ejemplo, un zumo de frutas, tostadas y lácteos. Después, en el almuerzo y la merienda aconseja una loncha de jamón de York y una pieza de fruta; y en la cena, apuesta por una comida ligera.
Esta experta considera que esta práctica también puede plantearse como una ‘conciliación comida-trabajo’ en el sentido de que si el aporte de nutrientes se mantiene constante durante el día, se mejora el rendimiento y se evita la fatiga y la somnolencia.
En relación a la combinación de diferentes fuentes alimenticias, considera que “no hace falta un conocimiento especial”, ya que “si visualizas un plato y lo divides en dos mitades: una corresponde a verdura y otra a hidratos y proteínas”.
Además, López-Táppero apuesta por la ingesta diaria de entre 1,5 y 2 litros de agua o zumos caseros y alerta del consumo de bebidas isotónicas, que no deben ser tomadas por niños, y que en general deben limitarse a la práctica deportiva.
Hacer deporte
Esta experta asegura que prácticar ejercicio físico es fundamental para tener un buen estado de salud y, en esta línea, aconseja que se realice ejercicio físico durante 45 minutos, tres o cuatro días a la semana. En este sentido, caminar o bailar están recomendados siempre que se supongan una frecuencia cardiaca alta, y teniendo en cuenta “la edad y el peso de la persona”.
Sobre los chequeos y las visitas al médico, López-Táppero señala que “una persona sana y sin antecedentes de enfermedades familiares” hasta los 35 años “no tiene porque preocuparse”. A partir de esa edad y hasta los 40 tiene que realizarse una analítica cada dos o tres años, precisa.
Otros consejos de esta experta pasan por no iniciarse en el hábito del tabaco y del consumo de alcohol o, de lo contrario, abandonarlos; evitar tener accidentes de tráfico o domésticos; mantener la higiene personal; y eliminar la automedicación.
“La Organización Mundial de la Salud (OMS) trata de mostrar este año con su campaña que gozar de buena salud durante toda la vida puede ayudarnos en la vejez a tener una vida plena y productiva, y a desempeñar un papel activo en nuestras familias y en la sociedad”, señala López-Táppero, quien concluye que “para vivir más años y mejor es fundamental prevenir y no remediar, con una educación ‘saludable’ desde la infancia”.
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