(Gina Montaner | Miami) Es una historia donde sólo hay cabida para el punto y seguido. En un principio pareció razonable clausurar el terrible episodio de las dictaduras militares en Suramérica con leyes de punto final, encaminadas a cerrar la inmensa herida que dejó el reguero de desaparecidos. Pero no ha podido ser.
Han pasado 26 años desde el fin de la tenebrosa Junta Militar en Argentina y todavía se están celebrando los juicios a la barbarie, en los que unos ancianos con aspecto venerable se sientan en el banquillo de los acusados. Por sus semblantes, hoy frágiles y desorientados, resulta difícil creer que en otra vida no tan remota fueron los responsables directos de crímenes contra la humanidad. Estamos hablando de unas 9.000 víctimas que murieron en circunstancias aterradoras.
Qué más quisiera uno que salirse del atolladero de las pesadillas. Pero hay memorias históricas que no pueden sedarse cuando todavía hay abuelas clamando por los hijos de sus hijos. Es imposible seguir adelante cuando aparecen niños que ya no lo son, y en su día nacieron en oscuras mazmorras antes de que sus madres fuesen arrojadas al mar en la fatídica Operación Cóndor. Qué más quisiera uno, porque vivir con el alma arrugada y con la frente marchita de tanto llorar es morir penando. Pero es que estos chiquillos que ya son adultos son demasiada carga en la conciencia colectiva de gente que quiso apartar la vista.
Las abuelas de la Plaza de Mayo siempre tuvieron la mirada extraviada por el dolor. Pero en el vagar de su tristeza nunca perdieron el norte de una obsesión: hallar los restos de sus seres queridos en las fosas comunes y juntar el rompecabezas que explicara la evaporación de aquellos muchachos en las madrugadas bonarenses. Chicos y chicas que no llegaron a narrar las torturas que padecieron. Militantes de la izquierda o simples opositores. Sin trámites ni juicios se los tragaba el agujero negro de la muerte y las abuelas, esas supervivientes de las familias deshechas, los invocaron día y noche hasta resucitarlos.
No puede haber punto final con una retahíla de hijos desperdigados. Son los pequeños que acabaron en hogares adoptivos bajo nombres falsos y la complicidad de una sociedad que callaba y no hacía preguntas. Ahora, con la identidad trastocada, aquellos huérfanos tiran del ovillo que sus padres asesinados dejaron atrás. Sus abuelas, tercas como sólo pueden serlo las lobas sin sus crías, los ayudan a cruzar el puente para devolverles su verdadera historia, y no la oficial que un día les contaron.
Verdugos que van misa y comulgan cada día
Los verdugos que hoy relatan su estudiado plan de exterminio van a misa y comulgan cada día. En nombre de Dios habilitaron hangares con sofisticadas técnicas de torturas que el Informe Sábato recopiló con doliente meticulosidad. Y luego vino la lluvia de testimonios de los que lograron sobrevivir al horror. Los síndromes de Estocolmo con el torturador de turno, porque hay quien no escapa a su portero de noche. Y los niños. Siempre los niños. Hijos de los hijos que se desvanecieron. Más que el punto final, los militares se enfrentan a su propia capitulación frente al triunfo de unas mujeres cuya única arma ha sido la bandera de sus desconsolados pañuelos (aunque a veces, alguna de ellas, como Hebe Bonafini, han preferido sumarse a los verdugos en otras latitudes). Miles de puntos seguidos hasta rescatar a sus descendientes de una desmemoria inventada para enterrar a los fantasmas. Todo ha sido inútil y no hay un ser providencial que salve de su estupor crepuscular a los generales ensangrentados.
El caso del poeta Juan Gelman y su nieta Macarena
De todas las historias de desaparecidos y sus hijos reencontrados, la del poeta Juan Gelman y su nieta Macarena es de las más sobrecogedoras. El hijo de Gelman y su esposa fueron detenidos en Buenos Aires el verano de 1976. María Claudia, que así se llamaba la nuera del escritor, estaba embarazada de siete meses y en noviembre dio a luz a su hija en un hospital militar. Poco después, la joven fue asesinada y su cuerpo fue arrojado al mar en uno de los llamados vuelos de la muerte. Recién nacida, Macarena fue entregada en Uruguay a un matrimonio. Su abuelo finalmente dio con ella en el año 2000.
Cuando Juan Gelman recibió el Premio Cervantes Macarena lo acompañó. Las palabras del poeta argentino nunca fueron más certeras al afirmar que las heridas de la dictadura “aún no están cerradas” porque “el olvido por decreto es imposible”. Osvaldo Soriano, su compatriota, le habría dado la razón: puede que no haya más penas. Ni tampoco olvido.
Argentina: toman muestras ADN a hijos de dueña de diario Clarín
BUENOS AIRES (AP) – La policía retiró el miércoles objetos de los domicilios de los hijos adoptivos de la empresaria Ernestina Herrera de Noble para obtener muestras de ADN, en el marco de la causa que investiga la supuesta apropiación de ambos en la última dictadura militar.
El procedimiento en el que se retiraron cepillos de dientes y cabellos de los hijos de la dueña del Grupo Clarín, Felipe y Marcela Noble, se llevó a cabo por orden del juez federal Conrado Bergesio, dijeron fuentes judiciales citadas por la agencia oficial Télam.
El abogado defensor Jorge Anzorreguy confirmó a Télam los procedimientos que calificó como “visitas domiciliarias”, las cuales se produjeron un día después de que Felipe y Marcela se sometieran a extracciones de sangre en el Cuerpo Médico Forense en la misma causa para determinar si hay compatibilidad sanguínea con dos familias de desaparecidos.
El abogado subrayó que en dichas visitas “se entregó espontáneamente” el material para la obtención de nuevas muestras de ADN.
Estas últimas serán cotejadas con las muestras de sangre del martes, dijeron fuentes judiciales a Télam y la agencia Noticias Argentinas.
Felipe y Marcela Noble aceptaron extraerse sangre en el Cuerpo Médico Forense y no así en el Banco Nacional de Datos Genéticos dependiente del Estado, tal como exige la organización de derechos humanos Abuelas de Plaza de Mayo, que cree que ambos son hijos de desaparecidos durante la última dictadura (1976-1983).
Las Abuelas consideraron ilegal las muestras de sangre y advirtieron que tomarán medidas legales para que la investigación sobre la identidad de ambos se realice de forma independiente.
Desde 1977, la entidad busca a unos 500 niños hijos de desaparecidos nacidos en cautiverio o secuestrados junto a sus padres y cedidos en adopción ilegal, muchas veces a personas afines a los militares.
Los Noble habían ofrecido hace más de seis años la realización de un análisis para ser confrontado con dos familias de desaparecidos (Lanoscou y Gualdero) que consideran que podrían ser sus familiares biológicos, pero no acceden a contrastar su ADN con el del resto de parientes de los desaparecidos de los que se tienen muestras en el Banco Nacional de Datos Genéticos.
En noviembre, el Senado aprobó una ley que autoriza a la justicia a ordenar la toma compulsiva de muestras biológicas para determinar la identidad de presuntos hijos de desaparecidos.
nuestras charlas nocturnas
En los años 80 se extendió por el mundo la creencia de que la energía nuclear debía desaparecer de la faz de la tierra, tanto en sus manifestaciones bélicas como en las correspondientes a la generación de electricidad. La bandera antinuclear fue enarbolada fundamentalmente por los sectores denominados progresistas, pertenecientes fundamentalmente a los movimientos de izquierdas, que al margen de las razones, en aquellos tiempos objetivas, derivadas de graves accidentes, como los de Three Mile Island y Chernobil, veían en la energía nuclear una nueva forma de dominio por parte de las grandes potencias. Por otro lado, la idea de que los residuos radiactivos de alta actividad se mantuvieran activos durante miles de años, generaba una sensación de vértigo a la sociedad, que intuía que no podíamos dejar ese problema a las generaciones venideras.
ABC.es | MADRID
RAFAEL PÉREZ YBARRA – Madrid
Un estudio que acaba de culminar el Instituto de la Lengua de Castilla y León (ILCYL) confirma que los Cartularios de Valpuesta contienen las palabras más antiguas escritas en español, más de un siglo anteriores a las registradas en las Glosas Silenses o Emilianenses.
dpa | Madrid (EDUARDO DEL CAMPO) Es un tipo bonachón pero esta mañana se le ve muy indignado. Es una irritación que no oculta y que le dura ya cinco años: el tiempo que lleva en vigor la Ley Orgánica de Protección Integral contra la Violencia de Género. Sin miedo al qué dirán, culpa de la «estigmatización» de miles de hombres detenidos en aplicación de la ley a la «dictadura» del «feminismo radical». O del «feminazismo». Lo dice desde el otro lado de la mesa de su despacho, donde destacan la foto de su mujer y sus dos hijas y unos dibujos infantiles en la pared. Se los han regalado los niños, rehenes a menudo de traumáticas separaciones, a los que atiende aquí.
(Télam).- El estrés laboral registró un fuerte incremento a nivel mundial en los últimos dos años, al punto que muchas aseguradoras la califican como la “epidemia del siglo XXI”.
¿Será que el complejo de Edipo acompaña a los hombres durante toda la vida? Una investigación de la Universidad de Pécs, en Hungría, concluyó que, cuando se trata de buscar pareja, los hombres buscan mujeres con una estructura facial similar a la de sus madres.