Archivos para julio 11, 2009

Los empleados de una agencia británica asisten desnudos un día a la oficina para mejorar las relaciones laborales

Publicado en ¡¡Ay Dios...!!! el julio 11, 2009 por mediosiglo1955

Todos desnudos a la oficina por un día para aumentar la productividad. Es la idea que ha tenido la empresa británica de marketing y diseño Onebestway, en crisis profunda desde que comenzó la recesión que afecta a las economías de medio mundo.

Así que los ejecutivos han aceptado la idea de un experto que aconsejó esta estrategia de asistir sin ropas al trabajo para mejorar el espíritu de equipo.

La información, publicada por el ‘Daily Mail’, explica que la agencia se encontraba al borde de la bancarrota cuando decidieron ponerse en manos de un psicólogo empresarial.

Seis empleados habían sido despedidos y el ambiente que reinaba en los pasillos no era el más apropiado para el rendimiento general. Por lo que el administrador delegado de Onebestway, Mike Owen, consultó a un especialista, que después de analizar bien la situación de la empresa presentó la bizarra iniciativa.

Todos desnudos, sin trampas ni cartón, para mejorar las relaciones entre compañeros y trabajar sin inhibiciones con el objetivo de mejorar las ganancias. La idea al inicio pareció algo absurda, pero tras discutirla decidieron llevarla a la práctica.

Durante la jornada establecida, responsables y empleados se presentaron como Dios los trajo al mundo, excepto un hombre que decidió cubrirse sus partes íntimas y otra mujer que prefirió quedarse en braguitas.

Pero en general, el resultado fue satisfactorio para todos: “Ha sido una iniciativa brillante”, “entre nosotros ya no existen barreras”, “desde ese día hemos comenzado a hablar y a discutir con honestidad”. Así han contado sus experiencias los empleados de Onebestway al tabloide británico.

Esta historia que los malpensados pueden sospechar que se trata de una estrategia publicitaria ha sido grabada para un documental que emitirá el próximo julio un canal británico.

El administrador delegado de la empresa, por su parte, se mostró muy orgulloso de su gente y sugirió a otras empresas hacer el experimento, porque las relaciones de trabajo se refuerzan con muy buenos resultados para la productividad.

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una presidenta se inventó una gripe A para operarse el busto

Publicado en ¡¡Ay Dios...!!! el julio 11, 2009 por mediosiglo1955

MANILA, Filipinas.- De ella se podría decir que le puso el pecho a las balas. O, más bien, a la pandemia de gripe A. La presidenta de Filipinas, Gloria Macapagal Arroyo, informó a su país que se sometería a una cuarentena voluntaria para evitar la expansión del virus pero, en realidad, se sometió a una operación de implantes mamarios.

La mentira comenzó cuando los voceros de la mandataria informaron que esta se recluiría durante unos días para luchar contra la enfermedad que, en ese país, contrajeron miles de personas. Incluso, la decisión fue imitada por otros políticos y festejada por simpatizantes del Gobierno. Hasta que aparecieron las patas cortas de la mentira.

“La cuarentena es una tapadera. La presidenta quería reparar una rotura en los implantes de silicona que se hizo en los años ochenta. Aprovechó también para quitarse un quiste de la ingle y practicarse la depilación con láser en esa zona”, denunció un diario local.

La reacción del Gobierno no fue fructífera: intentaron tapar el invento con otro peor. “Cuando una mujer se hace una cirugía plástica se nota. Las actrices se someten a ese tipo de operaciones; no podemos decir lo mismo de la presidenta”, la defendió una portavoz.

Fue en vano. A los pocos días, la misma vocera salió a desdecirse. Era verdad que la jefa de Estado había entrado al quirófano, pero no para implantarse siliconas sino para analizar si un bulto que se le detectó en el seno izquierdo era maligno. Las idas y vueltas del rumor hicieron disminuir considerablemente la credibilidad de Arroyo, cuyo “blooper” se publicó en los diarios de todo el mundo.
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Opinion: cinco letras y un funeral

Publicado en Actualidad el julio 11, 2009 por mediosiglo1955

Por Eduardo Fabregat

La broma viene circulando con intensidad desde hace días, casi desde que se conoció la noticia: la muerte de Michael Jackson pegó tanto que miles y miles de personas lo homenajean luciendo su clásico barbijo. Sí, claro, casi todos los chistes son crueles, pero la chanza viene al caso porque une dos temas que acaparan la atención de los últimos días, virus noticioso, charla cotidiana y pasto abundante para el último momento. Cinco letras y un funeral, el término gripe repetido hasta el hartazgo y las faraónicas exequias del Rey del Pop.

Hace poco, en el programa televisivo 6 en el 7 a las 8, se recordó que a comienzos del siglo pasado la gripe española mató a 70 millones de personas, y el mundo siguió andando. Pero es necesario recordar que entonces no existía la televisión ni Internet, potentes herramientas que convierten a la paranoia en la disciplina olímpica más extendida de estos días.

Corren tiempos de alta temperatura. A la abundante crispación pre y post electoral se agregó la fiebre que sube el mercurio de los que cayeron bajo el N1H1, y la que calienta el marote de empresarios teatrales, distribuidores cinematográficos, actores, técnicos, empleados de salas, comerciantes de shopping, dueños de peloteros y salones de festejo de cumpleaños, que no pueden creer tanta mala suerte, que las cinco letras malditas imperen en el peor momento posible. Demasiados artistas dedicados al género infantil saben que de este par de meses depende buena parte de la subsistencia anual. Demasiados padres, que creían que la noria de pasear a los niños en receso se traducía en unas vacaciones de infierno, descubren que había un círculo aún más abajo, el de tener a los diablillos obligatoriamente aislados en casa.

Los chupetes electrónicos arden. Cartoon Network empieza a tener la consistencia de las pesadillas.

(Pero también) Este aislamiento es una excelente oportunidad para ejercer otras formas de cultura, para acceder al milagro de volver a ver, volver a leer, volver a escuchar, reforzarle a los hijos la sensación de que un libro abierto es una puerta al universo, darle rienda suelta a uno de esos juegos de expresión artística que siempre quedan sepultados por las urgencias de la vida sin virus. La gripe puede subir la fiebre, pero también los niveles de creatividad.

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No se lo llevó la gripe, sino la eclosión de vaya a saberse cuántos factores médicos conocidos y desconocidos. La muerte de Michael Jackson pareció el inevitable colofón a un historial de rarezas y deformidades, y desde su último suspiro abundan las teorías, que van del cálculo de la infinidad de porquerías que llevaba en el cuerpo a la versión del asesinato, que volvía a incendiar los cables de ayer. Del asunto se hablará durante meses, y es pura lógica tratándose de quien se trataba. Pero si la muerte suele obrar milagros sobre las figuras públicas, en el caso de quien podía ser llamado alternativamente Rey del Pop o Wacko Jacko termina siendo su cirugía estética más efectiva.

El funeral celebrado el martes en Los Angeles –el término es adecuado en todas sus acepciones: por momentos todo pareció una celebración, empezando por el áureo ataúd digno de un Tutankamón– fue el acabóse de la limpieza de imagen. En las opiniones vertidas en todo el mundo, nada más cierto que las referencias a sus cualidades de gran cantante, bailarín y coreógrafo extraordinario, artista consumado, reinventor de la escena pop. Jackson fue todo eso, claro que sí. Donde las cosas empiezan a hacer ruido, a salirse de caja, es en las definiciones que se extienden a su supuesta excelencia en el ejercicio de la paternidad, la inenarrable belleza del ser humano, la magnificencia de su persona hecha de pura bondad. Todo el mundo decidió barrer bajo la suntuosa alfombra la enfermiza relación de Michael Jackson con los niños, y hasta se indignó cuando alguien osó opinar que una persona inocente, que no tiene nada que ocultar, no paga 20 millones de dólares para que se retire una demanda por abuso sexual. “Vuestro padre no tenía nada de raro”, alentó el reverendo Al Sharpton a los hijos de Jackson. Es una afirmación por lo menos discutible.

En un blog de Internet, allí donde reinan los chistes sin corset de corrección política, pudo leerse: “Grassi condenado, Jackson muerto. Felices los niños”.

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También cabe detenerse en otro de los argumentos esgrimidos en esta calenturienta, griposa ola de loas. “Michael, te vamos a extrañar”, se repite una y otra vez, y la frase suena más hueca que nunca. Sobre todo por el tiempo verbal: a Jackson, el Michael Jackson deslumbrante de Thriller, Bad, incluso al del Dangerous Tour, ya se lo extrañaba hace rato. En el campo estrictamente artístico, Michael llevaba muerto unos cuantos años. La afirmación, segura chispa de indignación del fan acérrimo, se sustenta en obvios datos de la realidad. Dangerous, su disco de 1991, supo brillar a pesar de la repetición de fórmulas, pero quedó avasallado por una ola tan potente como la que él había sabido generar en 1982: el grunge sintonizó con los más jóvenes de un modo que Jackson ya no podía recrear. Cuatro años después, el artista hizo otro de sus actos grandilocuentes, la erección de una gigantesca estatua de sí mismo que sirvió para un comercial de Pepsi y la tapa de un álbum titulado con la misma aparatosidad. HIStory: Past, present and future, Book 1 contenía un disco de hits y un segundo disco de material nuevo, que quedó sepultado por el peso del primero. En 1997, Blood on the dancefloor, HIStory in the mix presentó canciones remixadas y cinco temas nuevos, que no levantaron el más mínimo oleaje. Jackson ya era una marca de tiempos idos, y una mínima luz de esperanza de que su talento pudiera hacerlo resurgir.

No fue así. Su último disco de estudio, Invincible (2001), es apenas mediocre, fue un fracaso de ventas (al menos para sus estándares) y encima conjugó una apreciable ironía: en ese momento Jackson empezaba a ser muchas cosas, y ninguna podía asociarse a la invencibilidad. El juicio por abuso de menores lo terminaría declarando inocente, pero la exposición pública de sus miserias terminó de quebrantarlo. Prometió un single a beneficio de las víctimas del 11 de septiembre, pero esa canción nunca llegó. Se exilió en Bahrein, estafó a un jeque que puso plata para producir un disco que nunca grabó, se enfrentó al remate de objetos de memorabilia y su rancho-parque de diversiones-zoológico Neverland para hacer frente a las deudas causadas por un modo de vida excesivo. Cada aparición lo mostraba más raro que antes, más pálido, con agujeros en la nariz, con sus hijos enmascarados, en silla de ruedas. El anuncio de sus shows de regreso en el O2 Arena de Londres propició sus últimos actos resonantes, con un record de venta de entradas y el rumor de que entraría al escenario montado en un elefante. El título de ese show, This is it, sonaba a última apuesta, a no va más, suerte y verdad: la serie de 50 conciertos debía ser el tablón que salvara las finanzas. Muchos lo leyeron como su despedida del escenario. Al final tuvieron razón.

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No se lo llevó la gripe, sino una enfermedad con auténtico poder de devastación. Ironías del destino, Allen Klein murió sin saber que aún era el dueño de canciones medianamente conocidas como “Brown sugar”, “Jumpin’ Jack Flash” o “(I can’t get no) Satisfaction”. Murió, en rigor, sin saber ni recordar ya casi nada, no sólo su rol en la música contemporánea: el sábado pasado en Nueva York, el Mal de Alzheimer le dio el último empujón a un personaje del show business a quien más de uno hubiera querido tirar de un acantilado. Empezando por sus ex empleadores, gente de renombre como John Lennon y Mick Jagger, que fueron seducidos por el modo brutal en el que interpelaba a los capitostes de la industria, pero terminaron descubriendo que al cabo el tiburón de New Jersey sólo rendía cuentas a sí mismo. De algún modo, Klein (cinco letras, como la gripe) encarnó aquello que aún hoy sigue estando mal en la industria de la música, el poder de los intermediarios, la apropiación de la obra de los músicos por parte de quienes no saben –ni les interesa– siquiera rasguear una guitarra.

De su funeral no se supo nada.

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Compasión: un enfoque para hipercríticos

Publicado en Actualidad el julio 11, 2009 por mediosiglo1955

Un buen número de personas transita por la vida con pesadas mochilas emocionales. Es una ingrata receta que combina dos ingredientes igualmente negativos: una permanente sensación de vergüenza y el aguijón punzante de la autocrítica. El resultado es gente con enormes dificultades para ser amable consigo misma y que, en la dureza con la que se trata, encuentra serios problemas para tolerar el malestar e ingeniárselas, aun en momentos difíciles o de estrés, para encontrar sensaciones de tranquilidad, calma, reaseguro.

El drama suele beber de las aguas del abuso, maltrato, negligencia o falta de afecto en la infancia, que ocurren en familias de todo tipo y que no necesariamente deben producir mucho ruido para dejar consecuencias. Cuando el lugar y los seres en teoría más confiables han resultado más amenazantes que contenedores, tanto el mundo externo como el interno se procesan como hostiles.

Para aquellos que luchan contra su corrosivo crítico interior y tienen gran dificultad para reconocer que necesitan ayuda, envueltos como están en un círculo de vergüenza interna (por lo que piensan y sienten de sí mismos) y externa (por lo que piensan y sienten que los otros piensan y sienten acerca de ellos), el psicoterapeuta inglés Paul Gilbert, profesor de psicología clínica de la Universidad de Derby, Reino Unido, desarrolló la terapia centrada en la compasión, que incorpora elementos del budismo y de las neurociencias.

El concepto, según dice el psicoterapeuta inglés, nada tiene que ver con la tan mentada autoestima que ha venido de la mano de muchos manuales de autoayuda, ligada con una visión egocéntrica y narcisista, que tiende a establecer diferencias sociales o económicas con los otros. Tampoco se vincula con el sentir lástima por uno mismo. La compasión se refiere a la humanidad que tenemos en común con todos los seres del planeta. “El Dalai Lama dice que, si queremos que los demás sean felices y también ser felices nosotros, nos focalicemos en la compasión”, explica Paul Gilbert.

La compasión se vincula con algunos preceptos del budismo, en tanto supone una mirada de recogimiento y amabilidad sobre el propio sufrimiento y el sufrimiento ajeno, y ser compasivos ofrece la posibilidad de sentirse (y ya no meramente de “saberse”) parte del mundo y actuar en consecuencia, tanto hacia uno mismo como hacia los demás, con el objetivo de disminuir ese dolor.

Gilbert dirige la Compassion Mind Foundation ( http://www.compassionatemind.co.uk ) en Derby, con el objetivo de estudiar científicamente el poder de la compasión. A través de resonancias magnéticas, se ha verificado que durante la meditación es posible llegar a estados de “compasión pura” (ser algo así como “uno con el universo”) y que en esos trances se activan zonas del cerebro prefrontal izquierdo, que contiene redes neurales vinculadas con la empatía, el amor maternal y una mayor conexión entre pensamientos y sentimientos, al mismo tiempo que se aquieta la actividad del lóbulo prefrontal derecho, conectado con estados de ánimo más negativos.

“Un vez que la persona entendió que sus síntomas y dificultades no son otra cosa que estrategias adaptativas (por ejemplo, sufrir un trastorno alimentario buscando ilusoriamente confort emocional en momentos de gran angustia) -explica Gilbert-, y que puede dejar de criticarse y de culparse todo el tiempo por sus ideas y sentimientos, está más libre para comprender su situación real y manejarla.”

La compasión, así como la crueldad, dice Gilbert, son, más que sentimientos, formas de organización de nuestras mentes. La buena noticia es que es posible pasar de la crueldad a la compasión mediante técnicas de entrenamiento para trabajar la atención, el pensamiento, los sentimientos, la imaginación y el comportamiento desde una perspectiva compasiva y construir esas redes neurales vinculadas a la autoregulación de estados de tranquilidad, calma, seguridad, calidez.

El método propuesto por Gilbert se recomienda en cuadros que tengan como síntomas cardinales la vergüenza y la autocrítica: depresión, trastornos de ansiedad y alimentarios. También se ha probado en secuelas postraumáticas y en psicosis.

“Hay varios niveles de compasión -describe Gilbert-. Uno, la compasión que sentimos de parte de los demás hacia nosotros; otro, la compasión que tenemos hacia los otros y, finalmente, la compasión hacia nosotros mismos. Cada una puede desarrollarse con distintas prácticas. Por ejemplo, podemos imaginarnos a nosotros mismos como personas compasivas, pensando cómo somos cuando somos lo mejor que podemos ser. Aprendemos a prestar atención a esas cualidades interiores y a tratar de vivir según ellas cada día. Otra práctica que ayuda a sentir la compasión de parte de los otros es trabajar con imágenes. Aquí, las personas se concentran en una figura compasiva a la que dotan de sabiduría, fuerza, calidez, y que es capaz de confortarnos en los momentos de mayor crisis e inseguridad, pero sin juzgarnos.”
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Las campanadas del «Big Ben» cumplen hoy 150 años

Publicado en Se conmemora el dia de..... el julio 11, 2009 por mediosiglo1955

EFE I LONDRES 11-07-09
El “Big Ben”, uno de los símbolos más representativos de Londres y del Reino Unido, empezó a dar la hora con el tañido de su gran campana el 11 de julio de 1859, un cumpleaños que la ciudad celebra hoy por todo lo alto.
Los primeros 150 años de las campanadas del gran reloj de Westminster (sede del Parlamento británico) se conmemorarán esta noche con la proyección sobre la torre de una leyenda: “Feliz cumpleaños Big Ben, 150 años, 1859-2009″.
Las conmemoraciones de este aniversario comenzaron el pasado 31 de mayo, fecha en la que se puso en marcha por primera vez el reloj de la torre, y continuarán el 7 de septiembre, cuando se cumplirán 150 años desde que las campanas empezaron a marcar los cuartos con cuatro notas de un pasaje del Mesías de Handel.
“Big Ben” es el nombre con el que se conoce popularmente a la torre que hay en una de las esquinas del palacio de Westminster, aunque originalmente el nombre designaba a la mayor de las campanas que forman parte del reloj de la torre.
Testigo silencioso de la Historia, la controversia parece formar parte de su estructura, ya que los dos hombres que dirigieron su construcción, el arquitecto Charles Barry y el abogado y relojero aficionado Edmund Becket Denison, tuvieron una tormentosa relación.
No se soportaban y se culpaban de los retrasos y los gastos presupuestarios extra que supuso la puesta en marcha del reloj, que finalmente empezó a funcionar el 31 de mayo de 1859, aunque no fue hasta el 11 de julio cuando la gran campana, con un peso superior a las 10 toneladas, sonó por primera vez.
La polémica duró hasta que el político e ingeniero Benjamin Hall, cuyo nombre es el origen del término “Big Ben” según algunos historiadores, tomó el control sobre la reconstrucción del Parlamento británico, que se había quemado en 1834.
Mike McCann, el máximo responsable de mantener a punto el reloj, destacó en esta fecha que “después de 150 años el ‘Big Ben’ todavía tiene un lugar especial en los corazones de los londinenses y del resto del mundo por ser un magnífico ejemplo de la genialidad de ingenieros y constructores”.
Además de McCann, otras dos personas cuidan la exactitud del reloj de la torre de Westminster y se encargan de dar cuerda a la gigantesca maquinaria que lo mueve tres días por semana -lunes, miércoles y viernes-.
El fin de semana se queda vacío, lo que estuvo a punto de parar el reloj el pasado 2 de febrero -un lunes-, cuando Londres se paralizó a causa de la mayor nevada de las últimas dos décadas.
Aquel día, Paul Robertson, el relojero del “Big Ben”, tuvo que caminar varias horas con nieve hasta la rodilla hasta encontrar una parada de metro que le llevara hasta las inmediaciones de Westminster a tiempo de volver a darle cuerda.
El “Big Ben” tiene una altura de 96 metros y cada una de las cuatro esferas del reloj, compuestas por 312 piezas individuales de cristal, tienen un diámetro de 7 metros.
Las manecillas que marcan los minutos en cada una de las esferas fueron originalmente de hierro, pero resultaron ser demasiado pesadas y se cambiaron por otras de cobre. Tienen una longitud de 4,2 metros y recorren al año una distancia equivalente a 190 kilómetros.
Las manecillas que marcan las horas están hechas de bronce de cañón y miden 2,74 metros.

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La obesidad podría ser un factor de riesgo en la gripe A

Publicado en Actualidad, Salud el julio 11, 2009 por mediosiglo1955

EP/REUTERS I WASHINGTON 11-07-09
Las personas obesas podrían correr un riesgo especial de sufrir complicaciones graves o incluso la muerte debido al nuevo virus de la gripe A/H1N1, según han alertado investigadores estadounidenses.
Estos científicos han estudiado los casos de 10 pacientes en un hospital de Michigan que estaban tan enfermos que debieron recibir ventilación asistida, y tres de ellos murieron. Nueve de los diez eran obesos, siete de ellos eran severamente obesos, incluidos dos de los tres que murieron.
El estudio, publicado como un avance del reporte semanal del Centro de Control y Prevención de Enfermedades (CDC, por su sigla en inglés) sobre fallecimientos y contagios, también sugiere que los doctores pueden duplicar con seguridad la dosis usual de oseltamivir, comercializado por Roche como ‘Tamiflu’.
“Lo que esto sugiere es que puede haber severas complicaciones asociadas con la infección del virus, especialmente en los pacientes severamente obesos”, el experto en virus del CDC, médico Tim Uyeki.
“Y cinco de esos pacientes tenían (. . . ) evidencia de coágulos de sangre en los pulmones. Anteriormente no se sabía que esto ocurriera en pacientes con infecciones severas del virus de la gripe”, dijo Uyeki en una entrevista telefónica.
La doctora Lena Napolitano del Centro Médico de la Universidad de Michigan y colegas estudiaron los casos de 10 pacientes admitidos en la unidad de cuidados intensivos de la universidad con el síndrome de problemas respiratorios severo agudo provocado por la infección con el H1N1.
“De los 10 pacientes, nueve eran obesos (con un índice de masa corporal superior a 30), incluidos siete que eran extremadamente obesos (IMC superior a 40)”, señalaron en su informe.
Su estudio no fue diseñado para ver si la obesidad o algún otro factor representan un riesgo especial para la gripe A, pero los investigadores quedaron sorprendidos al ver que siete de los 10 pacientes eran extremadamente obesos.
Nueve de estos pacientes presentaron fallo multiorgánico, que puede presentarse en la gripe, pero cinco tenían coágulos de sangre en los pulmones y seis presentaron fallos renales. Ninguno se ha recuperado totalmente, dijeron los investigadores.
El virus de la gripe A/H1N1 surgió en marzo, primero en México, y se extendió fuera de control en Estados Unidos antes de que fuera identificada en abril. La Organización Mundial de la Salud la declaró una pandemia en junio. Si bien suelen provocar infecciones moderadas, todos los virus de la influenza pueden ser letales y este es no es la excepción. Ha dejado cerca de 500 personas muertas en todo el mundo, más de 200 sólo en Estados Unidos.
Sin embargo, el nuevo virus tiene un patrón levemente diferente a la gripe estacional –se propaga en los meses de verano–, ataca a adultos jóvenes y niños, y podría afectar al cuerpo de manera levemente diferente.
Como con el virus H5N1 de la gripe aviar, que sólo ataca raramente a las personas, los pacientes parecen reaccionar mejor si reciben ‘Tamiflu’ por más tiempo que el usual tratamiento de cinco días, dijo Uyeki. “No sabemos si es necesario dar una dosis mayor de la medicina a los pacientes que son obesos”, declaró.
Los comentarios del CDC que acompañan al estudio señalan que “la alta prevalencia de la obesidad en esta serie de casos es sorprendente”.
“No se sabe si la obesidad es un factor de riesgo independiente para las complicaciones graves en la infección del nuevo virus de la nueva gripe A/H1N1. La obesidad no ha sido identificada previamente como un factor de riesgo para complicaciones severas de la gripe estacional”, agregó.

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